
Es bien conocido el dicho de que hay que tener cabeza para algo más que para llevar sombrero. Pero por más conocida que sea, no siempre responde a la realidad. Así, en el cine encontramos desde películas sobre cabezas brillantes, como Una mente maravillosa, hasta Genios sin cerebro, Fuga de cerebros e incluso carencia total de cabezas como ocurre en La isla de las cabezas cortadas. Hasta aparecen personajes capaces de todo por tener un cerebro, como le ocurre al espantapájaros de El mago de Oz. A ello hay que añadir las que se dedican a eso que se lleva sobre la cabeza, como Sombreros de copa o Sombreros y hasta el personaje del sombrerero loco de Alicia en el país de las Maravillas.
En nuestro teatro, se supone que todos y todas tenemos un cerebro dentro de nuestra cabeza, aunque en algunos casos, sobre todo con alguna de nuestra clientela, una llegue a dudarlo.
Pero empecemos por la superficie que tiempo habrá de ir al interior. Por eso, hay que recordar una vez más que en nuestro escenario la judicatura no usa peluca como en oros país, por más que haya películas que induzcan a confusión. Lo que se llevaba en la cabeza cuando se vestía toga era el birrete, pero ya hace muchos años que entró en desuso y se quedó solo para el ámbito universitario. Pero aun podemos ver representaciones antiguas de juristas con toga y birrete
Y, si quienes formamos parte del elenco permanente de Toguilandia no llevamos nada en la cabeza -mal que les pese a algunos, que ya quisieran disimular su calvicie-, es obvio que nada deben de llevar quienes toman parte en alguna de nuestras funciones. Ni pamelas, ni sombreros ni gorras Y, aunque les extrañe a algunos, más de una vez nos hemos tenido que ver en el brete de decir a algún chaval, ciertamente maleducado, que se quite la gorra que llevarla del revés también es llevarla puesta.
Cuestión diferente es si se trata de un pañuelo en la cabeza especialmente de un velo islámico en cualquiera de sus versiones. En mi opinión, y salvo que se trate de prendas integrales que impiden la identificación, como sería el caso de un burka, nada impide que se lleven en juicio, se trate de profesionales, de investigadas o de testigos. Exactamente de la misma manera que actuaríamos con una monja que viviera con hábito a declarar en un juicio.
Recuerdo que durante una época era muy frecuente, en las salas de vistas y en las pantallas de televisión, de un abogado que siempre llevaba sombrero como parte de su atuendo, pro que nadie se lleve a engaño, con la toga hay que quitárselo, nos guste o no. Y, por más que sea cierto que hay personajes que no serían nadie sin su sombrero, como Indiana Jones o los cowboys en los westerns, si vinieran a declarar a un juzgado -ahora, un tribunal de instancia- tendrían que quitárselo. Acabáramos
Por lo que respecta a lo que hay en el interior de las cabezas, con sombrero o sin él, hay mucha tela que cortar. Por un lado, está la cuestión de cómo estén de bien amuebladas las cabezas que hay algunas que necesitarían una redecoración urgente, y por otro, lo que pasa por ellas, una cuestión con muchos matices en el Derecho penal y de la que ya hemos tratado alguna vez.
Recordemos, a modo de resumen que una de las causas de inimputabilidad -o sea, que dan lugar a que una persona no sea penada, sino que se le imponga una medida de seguridad- es la alteración psíquica, sea por cualquier tipo de enfermedad o trastorno mental, sea por el consumo de tóxicos o alcohol. Pero que nadie se quede con la idea muy manida, que basta decir que se estaba borracho para que no te castiguen por lo que has hecho. De eso, nada. Que, como dice el dicho, la policía no es tonta. Y jueces y fiscales, tampoco.
Con esto y un poco de cabeza, cierro el telón por hoy. Por supuesto, el aplauso en este caso es para quienes usan la cabeza para algo más que para llevar sombrero. Obviamente
Hoy he aprendido que un «juzgado» se llama ahora «tribunal de instancia», aunque según google hay alguna diferencia. Gracias.
Me gustaMe gusta