Modas: Derecho pret a porter


                Hoy en día, la moda lo impregna todo. No hay película que triunfe sin un diseño de vestuario que plasme la moda de la época en que desarrolla, ni hay estrella del celuloide que no siga, e incluso cree, tendencia. Hasta el punto que ha aparecido un nuevo género audiovisual, protagonizado por influencers y youtubers que no es que sigan los dictados de la moda, sino que más bien son quienes los dictan.  Y la propia moda ha sido protagonista de películas como Pret a porter o El diablo viste de Prada, o parte esencial de otras, como Sexo en Nueva York

               En nuestro teatro, podría parecer en principio que la moda no nos afecta. Llevamos las mismas togas  desde tiempo inmemorial y nuestro generalmente aburridos atuendo no suele crear tendencia. Ya hablamos de ello en  otros estrenos dedicados s la vestimenta o el maquillaje

                Pero hoy no me voy a referir tanto a la forma como al fondo. El Derecho como tema de moda para trtulias y magazines. O, más concretamente, algunas figuras del Derecho, de los que de repente conoce todo el mundo cuando antes no habían suscitado el mínimo interés.

                Uno de los ejemplos más claros es el de la llamada okupación, lo que en Derecho Penal se llama usurpación de inmuebles. De repente, sobre todo cuando se acerca la época estival, los programas de supuesta actualidad dedican minutos y minutos a hechos de este calibre. De modo que llegan a crear una alarma social que no responde a la realidad. No es en absoluto frecuente que una se marche un fin de semana y se encuentre a una familia en su vivienda señoreando como Pedro `por su casa. Es algo que más bien ocurre en inmuebles largo tiempo desocupados o que, por mor de la burbuja inmobiliaria, ni siquiera han llegado a tener moradores

             Y la verdad es que, viendo la tele, una llegaría a alarmarse si no fuera porque esas informaciones vienen acompañadas de anuncios de alarmas y seguridad sospechosamente conectados. O esa sensación tengo yo. Llamadme malpensada. Porque además, las informaciones son ambiguas y maniouladoras: mezclan el allanamiento de morada con la usurpación, el impago de la renta con las molestias vecinales, en un pastiche difícilmente defendible en Derecho.

                Pero no es el único tema. Recuerdo hace varios años que durante todo e verano no se hablaba de otra cosa que de los refugiados un problema de Derechos Humanos verdaderamente preocupante. La foto del pequeño Aylan fue la chispa que encendió la mecha y fueron muchos los días en que los informativos abrían con escalofriantes imágenes que pretendían combatir en impacto con del pequeño de la playa. No lo lograron. Y parece que, al no conseguirlo, dejó de interesar el tema. Hoy sigue siendo tan grave –o más- como entonces, pero ya poco importa. Dejó de estar de moda, por desgracia. Aunque cada día miles de personas sigan jugándose la vida con a esperanza de llegar a algún lugar donde empezar de nuevo.

                También tuvimos en su momento otro tema candente con lo que dio en llamarse “manadas”, referido a violaciones grupales, a partir de la que tuvo lugar en las fiestas de sanfermines de 2016. El asunto, desde la instrucción al juicio, incluidos recursos varios, estuvo en la picota mediática de principio a fin, hasta el punto de que, a partir de ese momento, se asignó el nombre de “manada” a cualquier delito sexual cometido por varios hombres contra una sola mujer, un sustantivo que va seguido del lugar de los hechos. A la manada de Pamplona siguieron otras como las de Manresa, Callosa o Sabadell, por poner varios ejemplos. Y en ese momento, asuntos que jamás habían levantado el mínimo interés mediático, se convierten en poco menos que el juicio del siglo. Lo he dicho varias veces: no es que antes no ocurrieran, sino que no se denunciaban y de hacerse, a la prensa le importaba un pimiento. Hablo por experiencia

                Otro tema que sufre los avatares de un interés mediático errabundo es la violencia de género. En este drama social el interés mediático ha sufrido distintos avatares, yendo y viniendo como meandros de un río. De la nada absoluta o el morbo del crimen pasional, se pasó al interés social a partir del asesinato de Ana Orantes, que sirvió para visibilizar y poner cara a este horror. A partir de ahí se vivió una etapa de concienciación y sensibilización importante hasta que la digitalización y la dictadura de las audiencias hicieron primar el morbo sobre la función social en varios medios. Había que dar más información que nadie, más morbosa que nadie y con detalles más escalofriantes que nadie. Y había que hacerlo, por supuesto, antes que nadie. Así que poco a poco se ha ido elevando el listón de lo noticiable. Ya apenas importa que un hombre mate a su mujer, para que haya repercusión ha de hacerlo en circunstancias especialmente llamativas o crueles. Como vimos, desgraciadamente, con los asesinatos de las pequeñas Anna y Olivia, que sacaron a la palestra el término “violencia vicaria “, sobre la que de repente todo el mundo tenía hecha una tesis.

                Y si un caso generó un interés tremendo y luego se abandonó a su suerte, fue el de Juana Rivas. Durante un verano, se dio cobertura a todos los detalles de un caso que, a día de hoy, habría perdido todo interés sino fuera porque la petición de indulto lo ha puesto nuevamente “de moda”.

                También relacionado con la violencia de género, se puso durante un tiempo el foco de atención en la violencia psicológica, algo que ha existido siempre pero que a nadie parecía interesar hasta que la hija de una conocida folklórica saliera a contarlo en televisión. Tal fue la repercusión que incluso una ministra entró en directo en el programa. Y me parecería bien, agarrándome a que el fin justifica los medios –la visibilización del maltrato psíquico- si no fuera porque el tiempo ha dado la razón a quienes temíamos que se tratara de una moda pasajera. Por desgracia, así parece haber sido. No hay más que ver la programación actual de la cadena que  lo emitía para comprobarlo.

                Estos son solo algunos ejemplos, pero seguro que se podían añadir muchos más. El Derecho está más de moda de lo que a quienes lo ejercemos nos gustaría. Sobre todo por la proliferación de todólogos y especialistas del todo a cien.

                Por eso, mi aplauso es hoy para quienes saben transmitir sin necesidad de retransmitir, para quienes informan y no deforman. Tan importante como  necesario.

Y la ovación extra, una vez más, para @madebycarol por prestarme la preciosa imagen que ilustra este estreno

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