Imposibles: ni cifras ni letras


                Ya hemos hablado otras veces de los juegos de palabras, o las palabras como juego, que dan mucho juego, valga la redundancia para títulos y titulares. Parafrasear al usar frases como No me chilles que no te veo o Gary Cooper que estás en los cielos o cambiar resultados lógicos por otros ilógicos, como en la sintonía de Los Serrano, 1+ 1 son 7 son algunos ejemplos. También se tiraba mucho de este recurso en aquel cine español de Esteso y Pajares, que daba a la vuelta a refranes para titular con frases como Los extremeños se tocan o La Lola nos lleva al huerto. Se trata, en definitiva, de usar el equívoco para despertar la hilaridad. Que se consiga o no, es otra historia. Y no La historia interminable, precisamente.

                En nuestro teatro los equívocos existen, como en cualquier otro ámbito. Ya hablamos de ello en algún estreno, como hablamos también de esos titulares que reproducen algunos de nuestros asuntos de un modo tan sui generis que es imposible no reírse. Por supuesto, tampoco me olvido de las erratas y de esos casos en que una letra puede cambiar tanto las cosas.

                Pero este tipo de cosas son una fuente inagotable, y siempre acaban apareciendo más y más que sería una pena no compartir. Y a eso dedicaremos hoy nuestra función. Una función que, por cierto, no podría existir sin todas esas aportaciones de amigos y amigas que, desde redes sociales, me han alegrado el día. Ya saben mi máxima: a los tacones, vas. Y, claro, lo prometido es deuda.

                Empezaré por el extraño caso del juzgado más grande del mundo. Y es extraño porque, cuando todo el mundo andamos reclamando más medios y más espacio, en este debe sobrarles. Debe ser por eso que en el escrito de demanda el suplico se dirige “Al Juzgadon”. Me encantaría saber donde está ese juzgado gigantesco. Seguro que no tienen problemas de limitación de aforo

                Por supuesto, no es el único juzgado peculiar. Leía no hace mucho que alguien se refería al Juzgado de Tercera Instancia. Que no sé por dónde andará porque, como es bien sabido, en nuestro derecho solo hay dos instancias, la que da nombre a los juzgados de entrada, y la que resuelve los recursos. Me dan ganas de cantarle, como la sevillana, lo de “mirala cara a cara que es la tercera” mientras taconeo y uso mi toga a modo de bata de cola. A falta de volantes, buenos son sus pliegues.

                Y, por si nos faltaba algo, ahí están los titulares de prensa, tan relacionados con Toguilandia que a veces son tan de letras como quienes aquí trabajamos. Será por eso que las cuentas no les salen, y nos encontramos con titulares como este: “seis de cada cuatro canarios creen que el Gobierno autónomo dedica pocos recursos a la lucha contra la delincuencia”. Y. la verdad, lo que no sé es cómo el gobierno en cuestión no llama rápidamente a Iker Jiménez para que localice a los canarios perdidos en algún agujero negro de las cuentas de este periodista, porque salir, no salen.

                Como tampoco salen las cuentas de los bebés que dio simultáneamente a luz una buena mujer. Según el diario parió 9 bebés de una vez. Hasta ahí todo correcto. Pero luego explica que 5 eran niños y 5 niñas, así que algo falla. Quizá ahí se encuentren los dos canarios que habían desaparecido de la noticia anterior. Habrá que averiguarlo.

                Y habrá que averiguar, también, qué cosas tan curiosas pasan en Cantabria donde, según un titular de prensa cuentan con 131,73 reclusos por habitante. No sabía yo que la delincuencia estuviera tan extendida por aquellos lares, pero de verdad compadezco a mis pobres compañeros, que no darán abasto

                Si es así, seguro que necesitan algún tratamiento médico para aguantarlo. Lo que sí que les recomendaría es que miraran bien qué médico les trata. Y que no sea ese forense cuyo dictamen circula por ahí y que queda a la espera de la santidad, porque eso es mucho esperar, sin duda, y el que espera desespera. Siempre y cuando, claro está, que no tenga que resolver una magistrado de lo contagioso administrativo, que es como rotularon a una señoría en televisión. Espero que ya le hayan vacunado, por el bien del justiciable.

De cualquier modo, cuidado, que por menos de nada se organizan unas guerras intestinales y eso tiene muy mal pronóstico. Igual tienen algo que ver con el señor que se declaró disolvente, porque no tenía bienes con qué pagar.

                Así que ahí queda eso. El aplauso se lo dedicaré hoy una vez más a quienes desde sus cuentas en redes, en persona o por cualquier otro medio, me hacen llegar estas cosas. Como veréis, lo de “a los tacones vas” era mucho más que una amenaza.

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