Literalidad: al pie de la letra


                Entender las cosas en su completa literalidad ha dado más de una vez lugar a situaciones hilarantes, incluso si esa forma de entender las cosas viene de una enfermedad o trastorno como el caso de Rain man o de Forrest Gump, dos películas muy celebradas, y con razón. Y es que interpretar las cosas Al pie de la letra tiene su aquel.

                Nuestro teatro es campo abonado para equívocos y malentendidos, dada nuestra afición a utilizar una argot que solo entendemos en Toguilandia, y ni siquiera todos. Hay que tener una integración absoluta en la secta toguitaconada para no haber caído nunca en un equívoco . Pero quienes realmente lo deben pasar fatal son las personas que visitan nuestro escenario y nos oyen hablar sin saber muy bien de qué va la cosa.

                Hay una anécdota que contaba mi preparador y siempre me hizo gracia. No sé si es una leyenda urbana o responde a la realidad, pero contaba que en los tiempos de Maricastaña iban en un coche el fiscal jefe de la audiencia territorial (así se llamaba entonces) y el teniente fiscal cuando les paró la Guardia Civil por saltarse un semáforo. El Fiscal Jefe trató de identificarse y explicar quién era, pero le ignoraron. Pero en cuanto el copiloto dijo que era el Teniente fiscal se cuadraron al grito de “a sus órdenes mi teniente”, Y es que ellos no sabían, como no sabe mucha gente, que nuestra terminología tiene unas reminiscencias militares de lo más curioso.

                Otra anécdota que me gusta contar respecto a esto es una que me sucedió a mí siendo mi hija pequeña. Le dije que no podía ir al parque porque tenía que calificar .hacer escritos de calificación o acusación, para los legos-. Mi hija me dijo muy tranquila: pues ponles un 10 a todos y vamos a jugar. Tonta de mí, que no le hice caso.

                También suceden situaciones pintorescas cuando, antes de entrar en Toguilandia y siendo opositores , decimos que vamos a cantar. A todo el mundo nos han preguntado a continuación si estábamos en un coro o estudiábamos solfeo. Y bien que nos hubiera gustado entonces, que reducir la vida al tiempo que media entre cante y cante al preparador de temas era bien triste,

                Estos no son, sin embargo, más que ejemplos de situaciones a las que da lugar nuestra ambigua nomenclatura. Pero qué se puede esperar, si a hacer algo tan feo como algunos juicios lo llamamos “celebrar”. Y eso no es nada, si tenemos en cuenta que los verbos “ejecutar” y “liquidar” están a la orden del día en nuestro vocabulario, y relacionados, además, con el cumplimiento de las penas. Yo confieso que he visto más de un reo palidecer al decir que había que esperar a la ejecución o a que se liquidase la condena. Y todo eso, por haber perdido el juicio. Con razón se entiende como un sinónimo en “enloquecer” en el lenguaje popular.

                Por otro lado, parece que alguien tenía un especial empeño en utilizar vocablos escatológicos y entre “evacuar” el trámite y “deponer” los testigos parece un chiste marrón de los que les gustan a los niños pequeños en vez de un acto judicial. Por no hablar de eso de “excitar el celo” de Ministerio Fiscal o hacer las famosas preguntas sugestivas, que siempre se lían con las “sugerentes”

                Pero ¿quién nos va a entender, si hablamos de “levantar un cadáver” y lo primero que te dicen es que no toquen nada y lo dejen como está, que ni que fuera Lázaro? Y cuando a la muerte se le llama en los partes “exitus” cuando en realidad es un “fracasus” como la copa de un pino.

                ¿Cómo le voy a explicar a mi madre, que me decía que señalar estaba mal, que aquí lo que está mal es no señalar? ¿Cómo le digo que pronunciar la palabra “impertinente” no es insultar sino denegar una pregunta, o que un mandamiento es un papel para ir al banco y no una orden?

                Y eso no es nada, si nos ponemos con el tema de las resoluciones judiciales. Que auto no es un vehículo automóvil era lo primero que nos decía mi preparador al empezar a preparar el caso práctico –lo había entonces- y no era ninguna tontería. Lo siguiente era saber que las diligencias no eran coches de caballos, aunque a veces se anduviera con tanta lentitud como en ellos, y que la providencia no bajaba de cielo sino que se escribía por el juez.

                También hay que hacer entender a la gente que estar en sala no es encontrarse tomando un café a casa de un amigo, sin duda como guardar sala no es permanecer allí como un vigilante. Pero tal vez una de las cosas que más cuesta explicar es que la gente sepa que interponer una demanda te convierte en actor, aunque jamás hayas tocado el método Stanislawsky, pero si eres mujer no eres actriz sino actora. Aunque te dediques a la albañilería, al macramé o a los bailes regionales.

                Para acabar, mi expresión literal favorita en Toguilandia: firmará el juez con las partes. Ahí lo dejo.

               Y, hasta aquí, el estreno de hoy. El aplauso, para todos aquellos que, con sus malentendidos, nos hacen asomar una sonrisa, con lo caras que son en Toguilandia

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