Olvidos: ¡Andá, la mascarilla!


                El olvido y la desmemoria son temas recurrentes en el mundo del arte, sobre todo cuando va unido al dolor y melancolía que forman ingredientes esenciales de cualquier buen melodrama. La dificultad de continuar Más allá del olvido, la de tratar de pensar en El olvido que seremos o componer Los versos del olvido son algunos ejemplos, como lo es la petición de que No me olvides.

                En nuestro teatro los olvidos son tan frecuentes como en cualquier otro ámbito, aunque hay que andarse con cuidado porque los efectos pueden ser mucho más graves. Hay olvidos grandes y pequeños, importantes o intrascendentes, y hay olvidos inevitables en estos tiempos de pandemia.

                Más de una vez en estos días me he acordado del anuncio de Donuts de mi más tierna infancia, donde un niño –en blanco y negro todavía- olvidaba su almuerzo y, como quiera que regresaba a remediar el despiste, cometía uno mayor. Su frase de “Anda la cartera” ha seguido repitiéndose como paradigma del despiste, aunque, desde luego, revela la edad de quienes lo recordamos.

                Como decía, más de una vez me he sentido ahora como el niño de los Donuts cuando he salido de casa. Y es que, no sé por qué, nos olvidamos de la mascarilla, obligatoria en estos tiempos pandémicos que nos ha tocado vivir. No sé si es mi subconsciente, que quiere hacerse la ilusión de que nada de esto ha pasado, o mi esperanza, que quiere mirar a un futuro en que volvamos a vernos la cara completa. Pero, sea uno u otra, confieso que he tenido que andar alguna vez sobre mis pasos para coger la mascarilla.

                Algo así debió pasarle el otro día a un abogado, que entró en una declaración tapando su nariz y su boca con una braga de motorista que agarraba con la mano para que no se le bajara. Estoy segura que olvidó el tapabocas –como dicen, tan bonito, en Hispanoamérica-, algo que se intuía no solo por el sucedáneo que utilizaba sino por la expresión de apuro que se adivinaba en su cara.

                Y, aunque no sea exactamente un olvido, no puedo dejar de recordar al hilo de esto una anécdota que me pasó en mis primeros tiempos en la fiscalía, relacionada, precisamente, con la prenda de ropa en cuestión. Resulta que me encontré con un atestado por el robo en una gasolinera donde los acusados “cubrían su cara con bragas”. Me quedé impactada imaginando a los acusados de semejante guisa porque, por aquel entonces, yo desconocía que existieran más bragas que las que forman parte de la ropa interior femenina, y me preguntaba por qué habían elegido aquello como disfraz. El entuerto se deshizo cuando cometí la ingenuidad de preguntarle a un compañero cómo colocarían los agujeros para las piernas. Mi compañero debe estar riéndose de mí todavía, y yo aún me sonrojo solo de pensarlo. Eso sí, aquí no hay olvido que valga, nunca dejaré de recordar que existen más bragas que las de lencería.

                Por supuesto, hay olvidos más relacionados con nuestro trabajo. Yo, que el día que repartieron la cualidad del orden estaba haciendo pellas, suelo tener olvidos y despistes día sí día también, que trato de suplir con alarmas, notas y pósits que a mí misma me cuestan de entender . Sin ir más lejos, confieso que tengo un grupo de whatsapp conmigo misma donde me digo todas las cosas pendientes, pero aún así he llegado a ir a coger un tren un día antes del curso que iba a hacer, o he olvidado la hora en que salía y he llegado por los pelos al siguiente, como me ocurrió para la celebración de las bodas de plata de mi promoción de fiscales.

                También me sucede de vez en cuando con juicios y carpetillas, y aunque nunca ha llegado la sangre al río, el mal rato no me lo quita nadie. Recuerdo una vez que pasé una hora entera sentada en la sala de vistas, indignada porque no había llegado ni jueza, ni letrados ni partes. Indignada, llamé al juzgado para pedir explicaciones y aún están carcajeándose con la fiscal que llegó con un día de antelación a sala. Si eso no es puntualidad, ya me dirán qué es.

                Otro de los olvidos horribles es el de las carpetillas, nuestro instrumento para conocer los pormenores del juicio al que vamos, que muchas veces no hemos calificado ni instruido.  Sabiendo eso, no es difícil imaginar cómo se queda una al saber que se ha olvidado la carpetilla en casa, en el coche, o donde sea. O que a ha confundido con otra. Y, aunque siempre se encuentra una solución –volver a por ella, mirar los autos in situ o pedir un receso, el mal trago no nos lo quita nadie.

                Supongo que, mutatis mutandi –toma latinajo- lo mismo se podría decir de las carpetas donde los letrados y letradas llevan sus copias o del expediente que maneja Su Señoría. Aunque en su caso no suele darse la circunstancia tan habitual en los fiscales de no haber visto ese asunto hasta la fase de juicio, salvo casos como sustituciones entre compañeros o la llegada a un nuevo juzgado con asuntos antiguos. Quien se haya visto en este caso seguro que sabe de lo que estoy hablando.

                Otro de los útiles cuyo olvido es relativamente frecuente es la toga, pero hoy ya no tiene trascendencia. Entre las muchas cosas que se ha llevado el coronavirus por delante está la obligatoriedad de la toga en estrados. Ahora la uniformidad y solemnidad del negro se ha visto sustituida por una variedad de colores que a veces hasta se agradece, porque, como le dijo una vez a su madre la hija de una compañera, hay quien se pregunta por qué hemos de ir vestidos de cucarachas. Sea como sea, ya dedicamos a la toga epi un estreno, así que ahí lo dejo.

                Y ahora solo queda el aplauso, que de eso no me olvido. Y lo daré esta vez a todas aquellas personas que, como yo, sufren con sus despistes. Al final, todo tiene remedio .Aunque siempre queda el bochorno, claro

Y hablando de olvidos, casi se me olvida citar la fuente de la viñeta de Idígoras y Pachi exclusiva de jupsin’. https://jupsin.com/la-vineta/vuelta-al-cole-del-donut-a-la-mascarilla-y-el-gel/… Gracias por traducir a imágenes nuestros pensamientos

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