Normalizar: querido señor Relator


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A veces, ser normal es lo menos normal del mundo. En el mundo del espectáculo, poblado de gente que daría ambos brazos y ambas piernas por llamar la atención, lo ordinario es lo extraordinario, y viceversa. Hay estrellas rutilantes que se matan por ser Gente corriente y pasar desapercibidas por la calle, y aspirantes que no llamarían la atención ni aunque se pusieran un cartel luminoso en la cara.

En nuestro teatro somos mucho más normales de lo que la gente piensa. O, al menos, deberíamos serlo. Atrás quedaron los tiempos de torres de marfil y de sentirse semidioses intocables en un universo de cortinajes de terciopelo rojo al que solo se podía acceder con la venia. Ya hace tiempo que debemos haber asumido que servir a la justicia es una de las maneras de cumplir con un servicio público y no un sacerdocio sacrosanto.

Eso es, al menos, lo que muchos y muchas creíamos y para lo que llevamos tiempo esforzándonos.  Jueces fiscales somos personas normales que vivimos y sentimos como el resto de los mortales. Es más, no es que seamos jueces o fiscales, sino más bien trabajamos como tales. Ser, somos otras muchas cosas. Madre, hermano, tía, amiga, violinista, miembro de un club de macramé, jugadora de parchís, cinéfila, tiradora de tiro con arco, criadora de gusanos de seda o cualquier otra cosa que se quiera ser, además de miembro de la carrera judicial o fiscal, en su caso.

Eso era, a menos, lo que pensábamos, hasta que llego el  Relator de la ONU a tocarnos las narices. Porque hete aquí que un buen día llego ese señor Relator Especial de la ONU a hacer un informe sobre independencia de los magistrados y abogados (sic) y visto lo visto, cualquiera diría que alguna vez una o Uno de los nuestros le dio calabazas y ha querido vengarse. O es posible que, como a Dinio, la noche le confunda, se haya armado un lío con las togas y las sotanas, y haya creído que esto es un sacedorcio, con su voto de silencio y de pobreza y, por descontado, con su secreto de confesión en vez de secreto de sumario.

Veamos qué dice el relator de marras. Además de empezar tratándonos con condescendencia, como si fuéramos chiquillos traviesos, tras decirnos que seamos cuidadosos con lo que colgamos en medios sociales, nos recuerda que aunque lo hagamos de modo anónimo, hay medios para descubrirnos. Vaya sorpresa, señor Relator. Le juro que ninguno de los afectados, que nos dedicamos profesionalmente a la investigación, nos hubiéramos imaginado semejante cosa. Es más, pensábamos que si nos abríamos un perfil como Peter Pan, no nos encontrarían porque buscarían en el país de Nuncajamás.

Pero si alguien pensaba que el señor Relator se quedaba ahí, la cosa no había hecho mas que empezar, y el buen hombre se vino arriba. Y si no, que me expliquen esto: “cualquier información o biografía compartida en los medios sociales debe ser discreta y decorosa” ¿Eing? ¿Decorosa? Igual me he puesto yo muy pejiguera, pero eso suena como las páginas del Hola en blanco y negro del año de Maricastaña, que decía que “la sra Pérez de las Flores, de soltera Purita Mendez de Pimpanpúm, ha recibido al Sr de Miravalles que ha pedido la mano de su hija primogénita- vestida con todo decoro, faltaría más- Así que ya sabemos. Nada de ponerse a tomar el sol en público si una -o uno- no va tapada hasta el cuello, que el decoro es el decoro.

Pero ojito, que la cosa no acaba aquí, que va. Todavía quedaba lo mejor, ahí va : “Los jueces y fiscales deben abstenerse siempre de hacer comentarios políticos partidistas y no publicar nada nunca que pueda ser contrario a la dignidad de su cargo o que afecte de alguna otra manera a la judicatura o al ministerio público como institución”. Toma ya. El señor Relator, de una parte, nos toma por ignorantes, porque ya sabemos perfectamente lo que dice la Ley Orgánica del Poder Judicial en cuanto a las limitaciones que tenemos, que no son pocas. Además de no poder sindicarnos ni pertenecer a partidos políticos, no podemos dirigir a los poderes, autoridades y funcionarios públicos o Corporaciones oficiales felicitaciones o censuras por sus actos, ni concurrir a actos salvo en representación de la institución ni tomar en las elecciones más parte que la de emitir nuestro voto. De otra parte, sigue empeñado en asustarnos diciéndonos que de lo que hagamos depende el devenir del planeta, o poco menos. Y eso da mucha fatiga.

Y me guardaba lo mejor para el final, que hay que ver como son los señores relatores cuando se les pilla inspirados. Pues bien, dice el susodicho informe: “Los jueces y fiscales pueden utilizar twitter; no obstante, dado que en las cuentas de twitter figuran como jueces o fiscales , tales cuentas solo deben utilizarse con fines informativos y educativos y para actividades relacionadas con su trabajo”

Ojo al dato, como decía un locutor, que si me pinchan no sangro. Ahora va a resultar que un señor que viene de un organismo dedicado a salvaguardar los derechos humanos, se va a dedicar a cercenar los míos, empezando por la libertad de expresión. Y eso sí que no. Tengo cuenta de twitter porque me da la gana, no porque el señor Relator me lo permita, y puedo hablar en ella de lo que me apetezca, dentro de los límites que la ley me impone y que no hacía maldita la falta que viniera ningún relator a recordarme. Y tampoco tengo por qué dedicarme, si no me apetece, a hacer pedagogía a no ser que me contraten para ello. Que sí, que ya sé que yo,como otros y otras twitteros, tratamos de hacerlo, pero porque queremos y no porque este señor lo mande.

Así  que igual tenemos que hacer como en aquella escena de High School Musical en que los protagonistas deciden saltar por encima de los estereotipos y dedicarse a hacer lo que nadie espera de ellos, comenzando por el as del baloncesto empeñado en cocinar crème brûlée. Os invito al reino del pajarito azul a hacer, como algunos colegas, fotos de la luna, hablar de macramé, de esoterismo, de ballet, de cine o de la cría del calamar salvaje. Y a ver si se atreve, señor Relator, a venir a decirle a alguien, por más juez o fiscal que sea, que no puede hablar de fútbol o del último partido de tenis de Nadal. ¿A que no hay? Pues eso.

Y esto es todo por hoy. El aplauso se lo dedico hoy a todos y todas mis compis tuiteros que hacen pedagogía porque les da la gana y a los que no la hacen y se hacen fotos en la playa porque también les da la gana. Señor Relator, ¿qué le parecería a usted si limitaran su libertad de expresión y le dejaran sin relatar? ¿A que no le gustaría? Pues a nosotros, tampoco.

Por supuesto, no me olvido de la ovación extra, una vez más, para @madebycarol2, autora de la deliciosa imagen que ilustra este estreno -ya quisiera el relator tener una ilustradora así para sus informes-

 

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