Ignorancia: lo que hay


ignorancia

Hay un dicho popular según el cual la ignorancia es muy osada. Y no le falta razón. El mundo del espectáculo está lleno de fracasos gloriosos de quienes pensaron que cualquiera podía dirigir cine o teatro aunque no estuviera preparado para ello. Lo mismo que ocurre con esos famosillos que por el hecho de tener cierta repercusión mediática se deciden a escribir un libro como si eso fuera coser y cantar. Aunque, a veces, las colas para que esos famosillos firmen tales libros nos demuestren que no todo el mundo conoce el refrán. No hace falta ser La tonta del bote para saberlo.

Que nadie se me asuste. No voy a decir que Toguilandia esté llena de ignorantes, ni mucho menos. Ni siquiera que existan, aunque  como en cualquier sitio, pueda haber de todo. Pero hoy me voy a centrar más en las afueras de Toguilandia, en sus barrios periféricos reales o virtuales.

No sé que tiene el Derecho, que todo el mundo se cree que sabe, aunque jamás haya pisado una Facultad de Derecho ni haya visto un juicio más que en la tele o el cine. Pasa algo parecido con la Medicina, que hay que ver la cantidad de catedráticos que andan sueltos recomendándote un remedio infalible contra el dolor de muelas, la indigestión o la depresión sin bata blanca  que les avale ni visos de tenerla. Y, por supuesto, como en el fútbol, que es bien sabido que todo el mundo tiene un seleccionador nacional en su interior.

Ya dedicamos otros estrenos a cuñadismo, y al cuñadismo on line, su versión digital y a todo lo que aprenden muchas personas en Twitter University. Pero, de un tiempo a esta parte, parece que han proliferado los opinadores jurídicos sin toga, sea en la variante de tertulias de café o redes sociales, o sea en la de todólogos o tontulianos -cojo prestado el término que alguien me pasó- en medios de comunicación del más diverso pelaje. Dicho sea, por supuesto, con todo el  respeto para quienes colaboran en los medios con conocimiento de causa y aportando saber, que es lo que más necesitamos en los tiempos que corren.

Y es que, de pronto, todo el mundo sabe de presunción de inocencia, carga de la prueba, medidas cautelares, tipificación de delitos, procedimiento penal o reglas de determinación de la pena, por poner un ejemplo. Tanto es así que he llegado a pensar que quienes somos tontos somos quienes hemos invertido años de nuestra vida y seguimos invirtiéndolo en saber de eso llamado Derecho. Me compadezco de los estudiantes de la carrera y de quienes se encierran estudiando una oposición para luego ver que todo el mundo parece saber de eso que tanto les está costando aprender. No desfallezcáis, os necesitamos.

La frase “no soy jurista pero…” parece haberse convertido en un mantra, especialmente en las redes sociales. Estoy segura que si me dieran un euro por cada cuenta que replica a algo que haya dicho usando esta frase, sacaría un capitalito. Y así se leen las cosas que se leen. Hoy mismo, sin ir más lejos me decía alguien que el habeas corpus no prospera en violencia de género contra la detención porque es una medida cautelar. Imposible explicar que precisamente ese procedimiento solo es aplicable a la detención, medida cautelar por excelencia.

Por no hablar de la empanada mental que tiene mucha gente con el concepto de “prueba” y sus consecuencias. Que el testimonio de la víctima no es una prueba, que si la palabra de uno contra la de otro, que si inversión de la carga de la prueba. No deja de sorprenderme que sin tener ni idea de cuáles son las pruebas en nuestro Derecho -incluida la testifical, por supuesto-, en qué consiste la carga de la misma y dónde se regula, se pueda hablar alegremente de inversión de la carga de la prueba. Como si yo dijera que estoy en contra de la fisión nuclear de los átomos y a favor de la de los protones, sin tener ni la más repajolera idea de los que son unos y otros

Los ejemplos son muchos. La orden de protección, sin ir más lejos. Cuánta gente hay por ahí hablando de órdenes de alejamiento, que jurídicamente no existen, sino que son órdenes de protección, que pueden incluir el alejamiento y otras medidas, y autos de alejamiento, y que pueden imponerse, la primera, en todo el ámbito de la violencia doméstica además de la de género y la segunda, en cualquier ámbito, exista relación familiar o no. Más veces de las que quisiera, incluso en publicaciones aparentemente serias, se habla de que en una sentencia se impuso una orden de alejamiento, cuando eso es jurídicamente imposible. Las sentencias imponen penas, las órdenes de alejamiento son medidas cautelares, aunque puedan tener el mismo contenido material.

Y otra cuestión que me tiene hablando sola es la invención de un término nuevo: anticonstitucional. Como quiera que el Tribunal Constitucional dice que determinada norma no es inconstitucional, y a quien sea no le gusta como ha resuelto, pues dice de la norma que no es inconstitucional sino anticonstitucional, y se queda tan pichi. O sea, que usted no tiene un constipado sino un resfriado, porque lo digo yo.

Estas  cosas vienen la mayoría de  veces de perfiles anónimos, así que te dicen eso de “yo no soy jurista, pero…” y comentan sobre tu trabajo dejándote en franca desigualdad. Porque como no sé si se trata de albañiles, físicos nucleares o torneros fresadores, nunca les podré contestar si en su oficio se aprenden estas cosas mejor que en el mío.

Pero la que más me alucina es la que hace referencia a un supuesto reproche moral. Una condena una crimen -la violencia de género, en otros no pasa- y siempre hay alguien que le espeta de modo agrio que no condene la violencia a menores, la siniestralidad laboral o cualquier otra cosa, como si fuera incompatible. Y ojo, sin cortarse un pelo, te dicen que eres cómplice del asesinato de esos menores -en un caso en que me lo dijeron, fui yo misma quien calificó el asunto y logró la condena, por cierto-.Algo que voy a comparar con un ejemplo de la medicina, para que se entienda mejor.

-Fulanito es un oncólogo premiado por haber logrado un método para curar muchos casos de leucemia

-Así que Fulanito no cura el SIDA. ¡¡¡¡Es cómplice de las muertes causadas por el SIDA!!!!

Ridículo,¿no?. Pues eso.

Ya sé que puede parecer predicar en el desierto, pero siempre albergo la esperanza de que en el desierto haya alguien más. Por eso hoy el aplauso es, sin duda, no solo para quienes opinan con conocimiento de causa sino para la prudencia de quienes no lo hacen si es que no lo tienen.

 

 

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