Gestos: más que una buena causa


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El mundo del espectáculo es muy amigo de la solidaridad. El hecho de tener en sus manos un instrumento tan bello y poderoso como el talento posibilita que se puedan montar funciones benéficas para cualquier loable fin, hacer donaciones de sus ganancias o servir de reclamo a iniciativas solidarias. Querer es poder.

Y por supuesto, en nuestra Toguilandia, en la medida de nuestras posibilidades, también podemos aportar nuestro granito de arena. Pero que nadie se me asuste. No se me ha pasado por la mente representar un juicio o hacer una disquisición acerca del tercero hipotecario, el delito imposible o la preterintencionalidad heterógenea. Ni vendría nadie ni tendría tirón. Acabáramos. Salvo que recogiéramos el dinero que la gente pagara por no aguantarlo.

Y aunque confieso que más de una vez me apetecería montar una Operación Triunfo toguitaconada o un Justipasión al estilo de los que hacen las cadenas de televisión por Navidad, temo que nuestro talento para cantar y bailar no esté a la altura. Como dijo Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco, Nadie es perfecto.

Así que nuestras posibilidades de contribuir a una buena causa van por otro camino. Y hoy traigo una  útil y de la que me llena de orgullo formar parte. Se trata de la Lotería del Fondo de Becas Soledad Cazorla, para huérfanos y huérfanas de la violencia de género. Y, aunque ya hablé de ello, no esta de más recordar quién fue Soledad y cuáles son los fines de la fundación con la que ha seguido luchando contra la violencia machista más allá de su muerte.

Y, aunque solo eso ya sería razón más que sobrada para animar a comprar un decimito, o más, voy a dar alguna extra. Que, como decimos en Derecho, lo que abunda no daña. Así que os propongo un ejercicio de imaginación al estilo de Con Mi Toga y Mis Tacones.

Imaginemos, por un momento, que nos subimos en La Máquina del Tiempo y que, a los mandos del coche de Regreso al Futuro, aparecemos en 2037, por ejemplo. Y sigamos imaginando que allí se nos aparece Clarence Jr, el nieto del ángel de Qué bello es vivir que, como su cinematográfico abuelo, también necesita de una buena acción para ganar sus alas.

Como de tal palo tal astilla, Clarence jr. nos enseña cómo sería el mundo si en el 2017 no hubiéramos comprado el décimo en cuestión, no se hubieran sacado beneficios ni podido dar las becas a los hijos e hijas de esas madres asesinadas.

En ese paseo imaginario por el mundo, lo primero que nos muestra nuestro ángel sin alas es la cifra de niños y niñas que han muerto por causa del cáncer infantil, una de las primeras causas de muertes tempranas. Algo que no habría pasado si, unos años antes antes, una científica brillante  hubiera descubierto una cura definitiva para ese mal. Pero esa científica no pudo estudiar Biomedicina, porque, después de que su madre fuera asesinada por su ex pareja, no tuvo medios suficientes para cursar una carrera. Pidió una beca pero no alcanzaba los estudios universitarios y la fundación que podía ayudarla se había quedado sin fondos porque nadie compró la lotería solidaria que pusieron en marcha.

Lo siguiente que nos enseñaría Clarence Jr. Sería la hambruna que seguía asolando varias regiones de África. Una hambruna que  se habría paliado si una pareja de hermanos mellizos  geniales hubieran conseguido, valiéndose de su fama como cineastas, filmar una película cuyos beneficios fueron destinados a un programa para dar solución a este problema. Un programa que en 2037 no existía ya que los chicos no pudieron estudiar nunca cinematografía, ocupados en sobrevivir junto a sus otros hermanos tras la terrible muerte de su madre a manos de su padre, que luego se suicidó, dejándoles en una precaria situación económica.

También nos enseñaría los efectos del cambio climático, que no pudieron detenerse porque el investigador que hubiera dado con la fórmula para detener sus efectos no terminó el bachillerato. No le quedó más remedio que ponerse a trabajar para sobrevivir junto con sus hermanos, porque la pensión de orfandad que cobraban después de perder de un modo tan traumático a su madre no alcanzaba para más.

En el 2037 de Clarence, además, un terrible atentado tiñó de luto una de las más grandes ciudades de nuestro país, que podría ser cualquiera. Algo que se habría evitado si una verdadera heroína hubiera logrado desarticular la banda que la organizó. Pero claro, aquella muchacha nunca llegó a estudiar, ni a preparar una oposición, porque no tuvo en su día recursos para hacerlo. Tras la desgracia que asoló su vida cuando apenas tenía 14 años, en que su madre murió víctima de la violencia de género, tuvo que dejar los estudios y olvidar su sueño para poder sobrevivir.

Y, quizás lo peor de todo es que en el 2037 de nuestro ángel la Violencia de Género seguía siendo un problema como lo era cuando mataron a la madre de aquella niña que estaba llamada a ser la primera presidenta de Gobierno de nuestro país. Con ella, con su sensibilidad y su tremenda experiencia, se habría dado por fin con la clave para acabar con esta pandemia, y habría puesto en marcha medidas en la educación que erradicarían el machismo. Pero tampoco ella pudo estudiar por falta de recursos, así que nunca llegaría a ser presidenta.

Pero por suerte, Clarence Jr nos devuelve a nuestra época a tiempo de evitarlo. Con el simple gesto de contribuir con la compra de un décimo –o más- a la financiación de estas becas, podemos hacer que esos niños y niñas llamados a hacer mejor el mundo no frustren sus futuros. Ni los nuestros. Porque cualquiera podría ser víctima de cualquiera de estas tragedias que contribuirán a evitar. Así que, si no lo hacen por ellos y por ellas, háganlo por sí mismos.

Y, si por si ni hubiera bastantes argumentos para convencerles, ahí va uno extra. Miren a la niña del dibujo que ha hecho al efecto Lucía, mi hija -disculpas por el arrebato madrepantojil- y dejénse guiar. Para ella va el primer aplauso de este estreno.

     Otro aplauso, por supuesto, para la Fundación Soledad Cazorla y el espíritu que la guía. Mil gracias por estar ahí.

Y, como estoy generosa y son las fechas que son, ahí va un aplauso adicional. Pero eso sí, ése hay que ganárselo haciendo clic en el enlace y colaborando con esta lotería en la que todo el mundo gana. Y que nadie olvide que, si oye una campana al comprarlo, será porque Clarence JR., por fin, habrá ganado sus alas. ¿Le vamos a dejar sin ellas?

¿Cómo? Solo hacer clic aquí, que es el enlace al número que tengo el honor de amadrinar (Se puede dar a cualquier otro de los números, por supuesto, pero siempre hace ilusión que sea el de una)

https://www.playloterias.com/la-loteria-de-la-madrina-susana-gisbert

 

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2 pensamientos en “Gestos: más que una buena causa

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