Nacimiento: muchas togas y un biberón


cigueña

Pocas cosas dan en el mudo tanta alegría como el nacimiento de una criatura. Sea cual sea el entorno, el ambiente, o las circunstancias, la llegada al mundo de un nuevo habitante nos devuelve la ilusión y la fe en la vida, aunque sea por un momento. Cualquiera que haya sido madre, padre, tío, sobrina, hermano, abuela o cualquier otra cosa, sabrá que esas manitas que tienden los dedos al mundo enternecen hasta al más huraño. Y no es para menos.

Y en el mundo del espectáculo, cómo no, hay muchas obras dedicadas a ello, como protagonistas absolutos de ese Milagro de la Vida, que se plantean desde Qué esperar cuando se esta esperando durante Nueve meses hasta Mira quién habla, que cuentan que La cigüeña dijo sí o las andanzas de un Bebé a bordo, Arizona Baby o las cuitas de Tres solteros y un biberón. Y además, cientos de películas tienen su momento culminante en ese parto inesperado que tiene lugar en un ascensor, en un taxi, y hasta en un autobús, como Carne Trémula.

Pero también en Toguilandia tenemos nuestros propios momentos. Y, de pronto, entre reivindicaciones, juicios, agobios y otras cuitas, un bebé nos borra de la cara ese rictus de indignación casi permanente y nos pinta una enorme sonrisa. Y eso es lo que ha pasado esta semana. Una de mis queridas compinches , Ana, nos ha regalado ese momento. Y, por un instante, todos los que la apreciamos nos hemos olvidado de juicios, togas y puñetas para volver nuestra mirada a Jaime, esa pequeña maravilla que acaba de irrumpir de un modo u otro en nuestras vidas.

Nuestro pequeño compinche no era un desconocido, ni mucho menos. Tuvimos la suerte de compartir la alegría de la noticia de que estaba en camino, y la evolución de su desarrollo hasta que se ha hartado de estar a refugio y ha tenido la valentía de salir al mundo. Y, como no podía ser de otro modo, siempre hace recordar a quienes ya pasamos por ahí nuestro pequeño gran momento. Ya conté en otros estrenos la llegada de mis hijas, casi con la toga puesta. En sentido literal, ya que las primeras contracciones que anunciaban la llegada de una de ellas tenían lugar toga en ristre, camino de la Audiencia, y la otra apenas pudo esperar unos minutos a que bajara del avión que me traía de regreso a casa de una reunión del Consejo Fiscal.

A ellas, y a tantos otros, se une hoy Jaime. Otro bebé que crecerá entre togas, expedientes y lucha por una justicia mejor. Que hará que sus padres tengan que hacer encaje de bolillos, no para hacer puñetas, sino simplemente para lograr conciliar la vida personal y laboral de quienes habitamos Toguilandia. Que tomará su primer alimento tranquilo mientras su madre piensa la de cosas que le quedan por hacer. Un bebé cuyas primeras papillas a buen seguro que mancharán algún que otro expediente y que, si nadie lo remedia, en alguna ocasión tendrá que acompañar a su mami al juzgado porque todavía falta mucho por andar en ese camino para se #CadaVezMasIguales. Un bebé cuyos tiempos de lactancia se mezclarán con los plazos para hacer una calificación o interponer un recurso, pero cuya sonrisa, al acabar el día, borrará la amargura de la impotencia de esa víctima que no quiso denunciar a su maltratador.

Y seguirá creciendo, y habrá que ir combinando deberes con trabajo, en un equilibrio tan difícil como posible. Las matemáticas serán algo más que encajar los números de las cuentas de impuestos, el lenguaje alcanzará otros registros que poco tendrán que ver con el jurídico, y las prisas por llegar a los sitios incluirán en el trayecto el cole y las actividades extraescolares. Los días ya no se diferenciarán según sean hábiles o inhábiles, sino según las vacaciones escolares, y los minutos empezarán a cobrar una importancia desmedida, porque cada segundo arañado al trabajo se colocará en una recién estrenada cuenta de debe y haber para el nuevo miembro de la familia.

Pero lo mejor de todo es la certeza de que ese nuevo habitante del planeta llega dispuesto a mejorarlo. Que sabrá luchar por un mundo mejor, por un mundo donde la Justicia llegue a todos y donde la igualdad entre todas las personas sea una realidad, porque lleva viviéndolo desde mucho antes de abrir sus preciosos ojos y de empezar a mover sus manitas.

Bienvenido Jaime. El mundo te necesita. A tí, y a muchos como tú. Desde ya te ofrezco la pequeña toguita que mi madre hizo a mis hijas y que adorna la portada de este blog para que nos regales una preciosa foto.

Así que hoy el aplauso no podía ser más que para Jaime, para Ana Garnelo, esa mamá de la que puede estar bien orgulloso, para su papi y, con ellos, para todos y todas los que siguen empeñados en traer criaturas a este mundo que lo hagan mejor que lo hicimos nosotros. Bienvenido, mini compinche.

Y eso sí, antes de que nadie me lo diga, lo diré yo. #SoyCursi. Y a mucha honra.

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2 pensamientos en “Nacimiento: muchas togas y un biberón

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