Extensión:¿defecto o virtud?


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Hay un conocido dicho que reza eso de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Y Shakespeare ya dijo que “la brevedad es el alma del ingenio” –cita ésta que he tomado prestada del perfil en redes de na buena amiga-. Y tanto la sabiduría popular como el dramaturgo británico tienen buenas dosis de razón. Pero el problema no es tan sencillo. Y estriba en saber cuál es la justa medida. Ni quedarse corto ni pasarse. Esto es, ni calvo ni siete pelucas.

El mundo del espectáculo da buenas muestras de ello. No sé qué moda se ha impuesto hace tiempo de considerar que las películas son mejores, y tienen más posibilidades de ser oscarizadas si su metraje excede de lo común. Y reconozco que a mí me aburren cuando se pasan de contemplativas. Seguro que a alguien le parece una herejía pero Pasaje a la India o Titanic me parecieron un tostón. Y a Ben Hur le quitaría media horita, la verdad. Aunque también he de decir que otras películas como a La Lista de Schindler o La Misión no le sobra ni medio minuto. Pero claro, para gustos hay colores. Aunque no estaría de más reconocer el mérito de contar en hora y media lo que otros necesitan tres horas para contar. Talento.

Y todo esto es algo que se traslada a las mil maravillas a nuestro escenario. Máxime ahora, que alguien ha tenido la ocurrencia de pretender limitar la extensión de los recursos por razones más logísticas que intelectuales. Y eso sí que no.

Hay que admitir que desde que el imperio del teclado ha irrumpido en nuestra vida, las cosas han cambiado. La creación intelectual cede muchas veces en defecto de un uso y abuso del corta-y-pega  y del uso de plantillas. Justo es reconocerlo. A uno y otro lado de los estrados, con puñetas en la toga o sin ellas. Pero no se puede simplificar y echar el tijeretazo sin más. Y, al igual que no tiene la misma complejidad una conducción etílica que un blanqueo de capitales, tampoco se puede tratar de igual modo a los recursos interpuestos.

Es cierto que todos, en sentencias, resoluciones y dictámenes varios, echamos mano de esos recursos y que a veces se engordan innecesariamente los escritos. Larguísimas introducciones sobre la presunción de inocencia o sobre el valor de la jurisprudencia se repiten un escrito tras otro, hasta el punto de llegar a saltárnoslo porque ya lo conocemos, tipo de letra, interlineado y párrafo incluido. Pero el derecho a expresarse es libre, y más aún cuando se trata del sacrosanto derecho de defensa. Y no se puede limitar simplemente con el pretexto de agilizar, porque sería reconocer que la celeridad es preferible a la calidad. Y menos aún por una razón informática, porque acaba convirtiéndonos en siervos del un sistema que estaba ideado para servirnos a nosotros.

Pero hay más. Y es una enorme paradoja. En tiempos en que nos venden el papel 0 como si se tratara del elixir de la eterna juventud, se les ocurre limitar el número de folios. A ver, señores, el expediente electrónico se supone que no se escribe el folios. Y que una de sus ventajas es su capacidad de almacenamiento ilimitado. Por no hablar del tipo de letra y demás zarandajas, que nada tienen que ver con Justicia ni derechos, que es de lo que se trata.

Cuando yo hacía mis prácticas como fiscal, mi adorado y llorado tutor me dio un consejo que no olvidaría nunca: empezar a ver el expediente “por el trasero”. Esto es, ir al final, leer de que dan traslado, o lo que se pide, y con esa perspectiva A Vista de pájaro, empezar a examinar folio a folio desde el principio. Porque cualquiera que esté familiarizado con esos enormes expedientes judiciales sabrá que, por largos que sean los escritos de cualquiera de los que en él intervenimos, eso es siempre es una mínima parte de los legajos. El grueso del volumen está en las mil y una copias del mismo escrito cada vez que se hace na citación, los tropecientos documentos que se aportan para cada cosa, con todos sus sellos y membretes, los poderes para pleitos y un montón de cosas más. Lo que llamamos “morralla”, y entre los cuales a veces es más difícil encontrar la miga que una aguja en un pajar. Así que en todo este maremágnum, que los escritos tengan 12 o 100 folios es el chocolate del loro. Ni más ni menos.

Así que, señores, no intenten arreglar la justicia con esas mindundeces, Como lo de limitar el uso del latín, al que ya dedicamos un estreno  mucho antes de eso y que, aunque a veces puede resultar pedante, no deja de tener su punto. Y que por cierto, podría resultar útil ahora porque comprime más las palabras y frases. Alea jacta est.

Por eso hoy estoy por no dar aplauso ni abucheo .Porque igual uso más caracteres de la cuenta. Que cada cual lo haga a su gusto. Eso sí, en times new roman y a doble espacio, por favor.

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3 pensamientos en “Extensión:¿defecto o virtud?

  1. Pingback: Revocación: freno y marcha atrás | Con mi toga y mis tacones

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