Más anécdotas: remake


CLICKS SANITARIOS

Ya advertíamos algunos estrenos atrás, en el último que hablamos de la anecdotología tribunalera (más anécdotas) como dicen en los dibujos animados: no se vayan todavía, aún hay más… Y lo bien cierto es que, casi más que una advertencia, sonaba a amenaza. Y hete tú aquí que no tomaré mi toga y mis tacones en vano, y cumplo con lo dicho. Faltaría más.

Así que en nuestro teatro tampoco van a faltar los remakes, esas nuevas versiones de obras antológicas o muy taquilleras que alguien entiende que merece la pena versionar. Entre las primeras, King Kong o Sabrina tuvieron su clon al cabo de varias décadas. Entre las segundas, Tres solteros y un biberón o Bienvenidos al Norte tuvieron su réplica en versión americana. Así que aquí no seremos menos y tendremos nuestro remake del anecdotario judicial, que estamos que lo tiramos. Y muchos compañeros de los diversos ámbitos jurídicos me han dado material suficiente para que el mismísimo King Kong se dé un buen atracón. En versión original o remozada. Solo espero que el gigantesco simio no acabe con la chica de la toga y los tacones.

En las anteriores entregas ya decíamos que no solo de juicios vive el jurista. Pues bien, tampoco viven solo de juristas los tribunales, y alguna de las más sabrosas anécdotas vienen de la mano de esos personajes con bata blanca que habitan nuestro mundo llamados médicos forenses. De sus dictámenes se obtiene más zumo que de las mejores naranjas, y vale la pena exprimirlo.

En mi primera etapa profesional me contaba una juez la sorpresa mayúscula que se llevó al ver que el forense se dirigía a uno de los internos en una residencia de las que visitaban como “Majestad”. El interno en cuestión respondía sólo a ese tratamiento, así que el galeno decidió que la mejor manera de tratarlo era siguiéndole la corriente, y que la juez hizo lo propio. Y como quiera que no sabía bien qué hacer, se mantuvo silente hasta que el forense sacó unas monedas para preguntar al explorado. Cuando le preguntó por el valor de las mismas, se enfadó. Y la razón no era otra que porque no había salido nada favorecido en la moneda, que no le cogieron su perfil bueno. Una anécdota tierna que siempre recuerdo desde el respeto y el cariño.

Pero no siempre los dictámenes forenses nos presentan caras tan amables. Estupefacta está todavía una buena amiga magistrada ante el informe forense que determinaba que aquel hombre, con una azada clavada en mitad de la frente, estaba vivo porque tenía el cráneo inusualmente grueso. Es decir, lo que se dice la cabeza dura, como habría de explicar a un jurado. Porque claro, ante un tribunal lego las cosas han de explicarse en un lenguaje llano. Y eso hizo una forense amiga que, requerida una y otra vez por el magistrado presidente para que empleara un lenguaje coloquial para describir las lesiones, acabó diciendo que “le habían hecho pupa”.

Aunque a veces, el lenguaje coloquial es lo que tiene. Y el empleo por las partes de un lenguaje demasiado coloquial puede dar lugar a situaciones comprometidas. Como la que padeció un compañero que tuvo que aguantar la risa mientras el sujeto explicaban como metía la flauta en el bujero.

Pero menos mal que están los forenses en muchos casos. Porque ellos mejor que nadie pueden desvirtuar de un modo técnico afirmaciones tan peregrinas como algunas que hemos tenido que escuchar. Como la de un imputado por clavarle un puñal en la espalda a su pareja que se empeñaba en explicarnos que fue ella quien voluntariamente se arrojó sobre el cuchillo y se lo clavó, o la de otro que pretendía justificar las lesiones procedentes de un mordisco en la vagina de la víctima diciendo que en el momento se le desprendió la dentadura postiza. Por fortuna, una y otra víctima salieron con vida del trance y uno y otro imputado dieron con sus huesitos en prisión, pese a sus rocambolescos embustes. Como debe de ser.

Así que espero que el remake haya sido exitoso. Y que no haya errado la terminología, no vaya a ser que incurra en un cunnilingus, como llamó alguien en pleno juicio a un lapsus linguae ante el pasmo de los presentes. Que a punto estuvieron de que les diera un simposium, que es como una señora denominaba al síncope que sufrió tras los hechos.

Y hasta aquí llegó la riada, como dicen en mi tierra. Pero aún quedan balas en la recámara, así que estemos preparados, que el jinete cabalgará de nuevo y desenfundará una nueva entrega. Siempre, claro está que el respetable no se haya cansado y me niegue su aplauso.

Eso sí, no priven de él a todos los generosos compañeros que me proporcionaron material y siguen haciéndolo. De ellos es el mérito.

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2 pensamientos en “Más anécdotas: remake

  1. Muchisimas gracias!, sonreir como me ha sucedido, al leer estas anecdotas, es lo mejor al finalizar una mañana de juzgado sentada en el lateral de su señoría……

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  2. Pingback: Chascarrillos: chistes con toga | Con mi toga y mis tacones

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