Dia de Reyes: anécdotas de Magos toguitaconadas


              Aunque no tanto como Papá Noel, que gana por goleada a nuestros Reyes en cuanto a películas al respecto, también Melchor, Gaspar y Baltasar tienen sus metros de celuloide. Los Reyes Magos es una película de animación que fue en su día muy premiada, y no hay película navideña española donde nuestros magos no salgan a colación para espolear la ilusión de La gran familia. Y es que algunos de nuestros mejores recuerdos de infancia tienen relación con este día mágico.

              En nuestro teatro podríamos pensar que poca influencia tienen los Reyes, más allá de que su día sea festivo y, por tanto, inhábil -aunque a partir de 2022 todas las navidades serán inhábiles- y de que cada año pidamos cosas como medios personales y materiales para nuestra pobrecita Justicia. De hecho, en Toguilandia todos los años enviamos carta a los Reyes , aunque no siempre nos traen lo que pedimos. Pero por insistir que no sea.

              Hoy, no obstante, como los Reyes ya han pasado, vamos a contar alguna otra cosa. Porque la fiesta de Reyes también puede influir en nuestro mundo. Y más de lo creemos.

              Leía hace unos días un artículo donde se recopilaban algunos casos jurídicas curiosos relacionados con los Reyes Magos. Las anécdotas iban desde un tipo al que se denegó la nacionalidad española por no conocer a los Reyes Magos hasta los efectos jurídicos de un caramelazo desde la cabalgata de Reyes. Luego, la verdad es que la realidad no es tan pintoresca, y la razón por la que le denegaron la nacionalidad a aquel hombre no era exactamente por no conocer a los Reyes Magos sino por no tener ni repajolera idea de la cultura y costumbres españolas, entre las cuales había una pregunta referida a nuestros queridos Magos.

              Lo del caramelazo trajo más cola. Se trataba de una reclamación por los daños producidos al impactar un caramelo lanzado desde una de las carrozas de la cabalgata. No sé muy bien como acabó la cosa, pero parece que resolvió alrededor de la responsabilidad patrimonial de la Administración correspondiente. Solo faltaba que le hubieran imputado al paje real unas lesiones imprudentes.

              Otras cuestiones curiosas son las relativas a la contratación de quienes representan a los Reyes Magos, que, como sabemos, aunque tienen el don de la ubicuidad, siempre agradecen que les echen una manita. Pues bien, tanto los Reyes que cada año los representan como sus carteros, pajes y emisarios reales podrían reclamar un contrato fijo discontinuo. Y no andarían desencaminados. Ahí lo dejo.

              Más desencaminado resultaría, en cambio, quien intentara como alguna vez se ha insinuado, perseguir por racismo a quienes pintan a una persona de pie blanca con betún o similares para hacer de Baltasar. A pesar de que lo hemos visto toda la vida, podría ser inadecuado, incorrecto por eso que llaman “blackface” que hoy se rechaza, pero nada más. No saquemos las cosas de quicio. Y ya sabemos que no hace falta pintar la cara a nadie habiendo personas que pueden hacer ese papel sin maquillaje alguno.

              Y ahora llega el momento estelar de este estreno, en el que me voy a hacer eco de una historia que me contaron ayer mismo y que no podía dejar de relatar. Y hoy es el día, mientras abrimos regalos y comemos roscón.

              Resulta que tal día como el 5 de enero, un día de trabajo en Toguilandia por más que sea inhábil -recordemos que para la instrucción todos los días son hábiles- se cita a un hombre que está en prisión preventiva para que comparezca en el juzgado. Y cuál no será la sorpresa de Su Señoría cuando desde el centro penitenciario le suplican que no lo trasladen a ningún sitio ese día. La Juez, como no podía ser de otro modo, preguntó por qué, y le dijeron que tenía que hacer de Rey Mago para la fiesta que organizaban en la prisión y les desmontaban la función. Y ojo, que no solo era eso, era que le habían comprado un balón de regalo y no se lo podrían dar si se lo llevaban. Tal cual lo cuento.

              Al final, el preso no fue trasladado y la fiesta pudo realizarse. Aunque los medios tecnológicos permitieron que no hubiera de suspenderse el acto. Y que al final el muchacho tuviera su balón, no fuéramos a perder a un Pelé en potencia. Y es que, hasta en las peores circunstancias, los Reyes son Magos.

              Por eso hoy el aplauso lo dedico a quienes me han proporcionado esta jugosa anécdota, que quedan en el anonimato -aunque a mí siempre me gusta decir, con Gomaespuma, en el Economato-, pero ellas saben quiénes son. Que también les traigan muchas cosas los Reyes

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