Enfermedades : de la toga a la cama


            Son muchas las películas que tratan el tema de las enfermedades, desde uno u otro punto de vista. Un monstruo viene a verme, Camino, Cuarta planta, Mi vida sin mí, Maktub, Quédate a mi lado, entre otras muchas, como Philadelphia, que aborda la enfermedad en nuestro mundo de togas. Y, aunque no todas las enfermedades son graves, cuando lo son es cuando, sin duda, más juego dan al celuloide, por todos los sentimientos que despiertan

En nuestro teatro, como en todas partes, sufrimos enfermedades. Nadie se libra, ni la judicatura, fiscalía o abogacía ni encausados, testigos o peritos. Es la vida.

Hoy dedicaremos este estreno no a las enfermedades en sí mismas, sino a las consecuencias que producen en Toguilandia, no siempre fáciles de solucionar. Y recordemos que en nuestro mundo, pasa como con las fichas de dominó falla una y se caen todas. Sin remedio. O casi.

Durante estos últimos años hemos visto, entre la estupefacción y la adaptación, como un virus, el COVid, alteraba toda nuestra vida y dejaba sentir sus efectos más allá del tiempo del confinamiento y las restricciones. Primero fueron las suspensiones, y luego la acumulación de trabajo para recuperar el tiempo perdido pero aún ahora continuamos encontrándonos con más suspensiones y aplazamientos porque alguno de los intérpretes de nuestras funciones había cogido el dichoso bicho. Hoy, sin ir más lejos, ha sido una funcionaria de guardia la que ha tenido que ser sustituida a toda prisa por esa causa. Suma y sigue.

Pero no todas las enfermedades son pandémicas ni graves, Volvemos a ver, con más fuerza que nunca, el constipado nuestro de cada día, o la gripe nuestra de cada año que parece que no, pero puede dejar más incapacitada que si un camión de mudanzas te hubiera pasado por encima con toda su carga, piano incluido, Porque no hay mudanza que se precie sin piano, que si hay que ir, se va, que ir para nada es tontería.

Y es entonces, claro, cuando llega la pregunta del millón. ¿Qué se hace cuando, de repente, alguien de quienes estaban llamados a protagonizar la función del día no viene porque algo más que un moco ha ido a verle? Pues según depende, como todo.

Si se trata de un investigado, se suspende, por supuesto, siempre y cuando acredite la enfermedad de algún modo. Incluso si no la acreditara se suspendería en aquellos juicios que no se pueden celebrar en ausencia –penas mayores a dos años de prisión- aunque si no justifica esa ausencia de modo convincente, se ganará una busca y captura como la copa de un pino, y una comparecencia de prisión cuando la búsqueda dé frutos, con todo lo que ello puede suponer, que no es moco de pavo.

Si se trata de testigos, y también consta la imposibilidad por enfermedad, lo suyo es suspender, si la prueba fue admitida. Otra cuestión es si se trataba de un testigo que iba a proponerse como cuestión previa, porque en ese caso tiene que decidir su Señoría ponderando la certeza de la imposibilidad y la necesidad de su testimonio. Cosas de la tutela judicial efectiva, vaya.

Algo parecido ocurriría si se trata de un perito aunque, si es de los peritos “de la casa” –médicos forenses, psicólogos forenses- puede ser sustituido por un compañero o compañera que se come el marrón de estudiarse a toda prisa el informe para poder dar cuenta de él en la declaración o el juicio.

Si se trata de Su Señoría, las posibilidades son varias. Antes, cuando atábamos los perros con longanizas y teníamos siempre un sustituto a mano, la solución era sencilla, se les llamaba y punto pelota. Pero desde que nos cicatearon los medios personales, la cosa se pone más complicada y, aunque hay sustitutos y sustitutas para eventualidades, puede acabar siendo el juez de al lado quien se haga cargo de la sesión de juicios o de las declaraciones programadas, haciendo gala de un don de la ubicuidad que se nos presume a pesar de no ir en el programa de la oposición ni venderse con la toga y las puñetas.

Lo de la fiscalía todavía tiene más perendengues, porque siempre hay alguien que te espeta eso de que como el fiscal es único, pues que vaya cualquiera. Y ahí es dónde está el problema, que no siempre es fácil encontrar a cualquiera que esté libre, dada la multiplicidad de funciones con las que batallamos cada día. Y, además, aunque se encuentre el bombero para apagar el fuego, no siempre tenemos la información suficiente del asunto en cuestión para tirarnos así, a pecho descubierto. Pero más de una vez lo hemos hecho. No queda otra.

Y me he dejado para el final el caso de los Letrados y Letradas, con quienes nos encontramos cada día al otro lado de estrados. Sus dificultades son mayores, ya que al no ser un cuerpo público dotado de sustitutos, ni poder tirar de “cualquiera” como la fiscalía, se lo ponen chungo. En principio, la incomparecencia en juicio del abogado o abogada del investigado, da lugar a la suspensión, si bien las consecuencias para el profesional que no justifique su ausencia pueden ser lo más variadas, incluidas posibles sanciones. Por supuesto, se trataría de justificar, a priori si es posible o a posteriori si no lo es, la enfermedad padecida. Pero hay veces que las cosas no son tan claras y no se es tan receptivo a las peticiones de suspensión con un “que le venga a sustituir un compañero”. Sé de abogadas a las que les ha pasado algo así con relación a algo tan obvio como los embarazos y su desenlace forzoso en el parto. Y lo lamento profundamente. Hay que entender que, a pesar de que otro profesional pueda hacerse cargo del asunto, ello supone una pérdida económica y de clientes que no hay por qué soportar, cuando de un derecho tan esencial como la salud o la maternidad se trata. Pero sé que siguen peleando por ello. Y aquí dejo mi granito de arena para echar una mano, si es posible. Porque no podemos permitirnos, cuando de derechos se trata, eso de que en casa del herrero cuchillo de palo.

Por supuesto, cuando la enfermedad es lo suficientemente grave o prolongada en el tiempo, las medidas a tomar han de ser, por fuerza, distintas. En estos casos no se puede eternizar la duración de un proceso, y es cuando es necesario echar mano de los diferentes mecanismos de sustitución posibles. No hay más remedio.

Y hasta aquí, este estreno dedicado a eso que tanto ocurre por estas fechas de frío. Y que, por ocurrir con tanta frecuencia, deberíamos de tener previsto. Pero las cosas son así en Toguilandia. Y por eso el aplauso es hoy para quienes se ven en la obligación de aguantar el chaparrón con el paraguas agujerado. O sin siquiera paraguas.

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