Roscón de Reyes: que toque


         Es verdad que no hay demasiadas películas que se fijen en Los Reyes Magos. Más allá de la que lleva su propio nombre, y de algunas sobre la vida de Cristo, como Jesús de Nazaret, en que se dejan ver, la cultura audiovisual anglosajona nos ha abducido tanto que Santa Claus ha ganado por goleada en nuestra pantalas a nuestros magos de Oriente. Por lo que, de tradiciones anejas a ellos, como la del Roscón de Reyes, ni hablamos. Ellos se lo pierden

En nuestro teatro cada año escribimos nuestra carta a los reyes . Así lo hemos hecho desde este escenario sin que, en honor a la verdad, nos hayan hecho ningún caso. Ni varita mágica, ni bola de cristal, ni siquiera unos medios materiales decentes. Como mucho, unos cuantos bolis bic y unos posits de esos que se cotizan a precio de oro en Toguilandia., Y pare usted de contar.

Por eso este año he desistido. Ya no escribiré carta, sino que haré, como cuando era pequeña y me quería hacer pasar por la niña más buena del mundo, decir a Sus Majestades que me traigan lo que quieran, que ya saben lo que me gusta. Por algo son Magos ¿O no?

Sin embargo, voy a rescatar una tradición que no vivimos en Toguilandia, salvo en las casas particulares de cada cual, el Roscón de Reyes. Para quien no lo sepa, es un dulce típico con forma redonda donde la gracias está en que hay un regalo escondido, que toca por azar, y, además una especie de contrarregalo, que también toca por azar. Como el amigo y el enemigo invisible, vaya. El primero, además de su coste, te asegura suerte el año venidero y el otro te obliga, entre otras cosas, a financiar el roscón siguiente.

Hay diferentes variedades, como la Casca de reyes valenciana o la francesa Galette de Rois, pero la esencia es la misma, aunque no lo sean los ingredientes del dulce. En mi casa, incluso, hace mucho tiempo cambiamos el dulce por algún tipo de pastel sorpresa salado, por respeto a mi padre, que era diabético, y que luego hemos mantenido como tradición familiar. Y no sigo por ahí, que me pongo tonta y me conozco.

La cuestión es que voy a montar mi roscón imaginario y a asignar la suerte. Que, aunque en el original sea anónima, en este es como yo decida, que para eso es mi propia función, vaya.

El haba –esto es, el contrapremio- sin duda tiene que corresponder al Consejo General del Poder Judicial y, en concreto, a quienes entorpecen hasta impedir su renovación. Los responsables de semejante despropósito deberían arrostrar con el coste del roscón de los años venideros, es decir, asumir la responsabilidad por todas las decisiones que no se hayan tomados o las que se hayan tomado y serían diferentes de haberse renovado el órgano. Es sonrojante que sigamos en este bucle.

El premio bueno, el que augura buena suerte, se lo voy a asignar, de momento, a quienes han seguido al pie del cañón, inasequibles al desaliento, a la falta de medios y a la de medidas de protección en los tiempos más duros de la pandemia. Y como quiera que el roscón es mí, la sorpresa es que van a haber varias figuritas premiadas. Que para eso me erigido en pastelera real por un día.

La primera será para Sus Señorías jueces y juezas, magistrados y magistradas. Especialmente, para quienes han seguido acudiendo al juzgado de guardia cuando el mundo estaba parado, a pesar de que nadie les aplaudía desde los balcones. Y para quienes se veían constreñidas, en tiempo record, a tomar decisiones sobre asuntos que nunca hubieran pensado que verían, como estados de alarma o medidas de restricción por pandemia. En este caso, además, también me sacaré una haba extra, para ese Tribunal Constitucional de nuestros desvelos. Y no por decidir que el estado de alarma no era constitucional, porque tienen potestad para ello, sino por hacerlo un año más tarde, cuando de nada sirve. Y eso, en un caso teóricamente urgente, que ya sabemos que hay otros que duermen el sueño de los injustos y llevan camino de convertirse en La bella durmiente.

Por supuesto, no me olvido de la fiscalía, a la que hubiera puesto en primer lugar por razones obvias, por las mismas que me contengo, no vaya a pensar alguien que peco de subjetiva. Y si lo piensan, qué vamos a hacerle. Pero me vale lo mismo. Premio extra para quienes estuvieron, están y estarán al pie del cañón. Y ánimo

Ánimo y premio también para otros cuasi desconocidos, los LAJs. Solo cabe recordar al mundo que no hay juzgado que pueda funcionar sin su presencia, como tampoco puede funcionar sin todos y cada uno de sus funcionarios y funcionarias. Ni de los médicos forenses, que si no lo digo mis genes me torturarán por las noches y no es plan.

Y, por supuesto, otro de los premios especiales de nuestro roscón lo reservo para letradas y letrados del turno de oficio que, contra viento y marea, a pesar de que cobran tarde y mal, sirven pronto y bien. Y tiene que saberse, por más que lo diga una fiscal y que haya quienes e empeñe en fomentar el frentismo en vez del compañerismo. Allá ellos.

Y hasta aquí, el estreno de hoy. Que los Reyes traigan a cada cual lo que se merezca, y hasta un poquito más. Yo les dejo en suspenso el aplauso, a ver si así se portan mejor que otros años para los habitantes de Toguilandia. Que ya hemos tenido carbón más que de sobra.

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