Legalidad: lo legal, lo ilegal y lo alegal


toy story

 

     La ley es, además de la norma que rige en cada caso el funcionamiento de una sociedad, el santo y seña de más de una película. Ese sheriff que luce su estrella como guardián de la ley, el delincuente que vive al margen de ella o el mandamás que hace la ley son algunas de las figuras que, de uno u otro modo, se repiten en cine, teatro, literatura y series de televisión una y otra vez. Son muchos los títulos que tiene la ley, o lo que se regula en ella, por bandera. Delitos y faltas, Crimen y castigo, Acción civil, Crimen perfecto,  La ley del más fuerte. La ley de Los Angeles. La sombra de la ley… Y podría seguir hasta terminar este estreno, pero tampoco es cuestión. De muestra vale un botón. O, mejor dicho, una película.

Como todo el mundo sabe, o debería saber, en la fiscalía nos regimos por el principio de legalidad por expresa disposición de la Constitución, al igual que el resto de intérpretes de nuestro teatro, aunque no se diga de esa manera tan tajante. Pero es una obviedad. Los juristas no nos podemos regir por otra cosa que no sea el imperio de la ley. Ya lo dice el brocardo: dura lex, sed lex. Algo que me trae a la memoria un chascarrillo basado en hechos reales que siempre contaba mi padre. Encargó a un herrero que le hiciera esa frase en hierro forjado para colocar en la pared, y cuál no sería su sorpresa al comprobar que el artesano había forjado la palabra “Duralex”, como si se tratase de aquellos platos de color vede o ámbar que todavía se conservan –son casi irrompibles- en algunas casas.

No obstante, compruebo que cada vez hay más confusión, intencionada o no entre lo que es legal y lo que es delito, lo que es ilegal y lo que es inmoral y lo que simplemente está mal. Y creo que es un buen momento para hablar de ello.

Delitos son solo aquellas conductas que están sancionadas como tales en el Código Penal y leyes especiales, en su caso. Lo cual puede parecer una perogrullada pero no lo es tanto. Hay cosa, como el asesinato que más que evidente que son delito,. Pero hay otras que no lo son. Seguro que cualquiera habrá oído la expresión “es de juzgado de guardia”, como equivalente a que es tremebundo, alucinante o cualquier otro adjetivo de este tipo. Pero no se puede tomar al pie de la letra. Que mi vecino haya decidido poner un toldo con un unicornio rosa con purpurina puede ser de juzgado de guardia –y yo diría que lo es- pero como vayas al juzgado de guardia a denunciarlo te van a mirar como si el unicornio rosa fueras tú. La que avisa no es traidora

Pero la cosa se pone más peliaguda cuando diferenciamos entre hechos delictivos e ilegales. Sin duda, cualquier delito es ilegal, por contrario a la ley. Pero cualquier hecho ilegal no es delictivo. El ejemplo más claro sería infringir una norma de tráfico. Aparcar en doble fila no es legal y además está sancionado en la vía administrativa, pero no es delito. Aunque a veces la multa duela más que algunas penas, como ocurría en su día con la conducción sin seguro, que fue falta hasta que alguien se dio cuenta que hacía más pupa la sanción económica en la vía administrativa que los pocos días de localización permanente o arresto de fin de semana.

En cualquier caso, algo que resulta especialmente difícil es diferenciar el dolo civil del penal. El dolo es la intención de causar el mal de que se trata, pero esa línea es complicada, especialmente en delito económicos. Las estafas y supuestas estafas tienen dedicadas paginas y páginas de jurisprudencia al respecto, y siempre el caso concreto acaba sorprendiéndonos. Es lo que hay.

Por otro lado, hay cosas que no son legales porque van en contra de la ley, pero no tienen prevista ninguna sanción, Esto es, son ilegales, pero ni son delictivas ni constituyen infracción de ningún otro tipo. Un verdadero problema, porque la ley sin sanción suele convertirse en un brindis al sol o papel mojado. Es algo que suelo contar en relación con la previsión de ley de violencia de género de que queda proscrito el machismo en emisiones e informaciones en medios de comunicación. Pero como no les castiga con nada si incumplen ahí siguen con granjeros que buscan esposa, madres que quieren casar a sus hijos, princesas buscando marido y viceversas varios. Y lo que te rondaré, morena. Y moreno, claro está.

Otro ejemplo claro es el de la prostitución. Obviamente, no es legal, pero a las prostitutas no se las castiga como autoras de delito, como sí se castiga a los proxenetas. Pero no se puede regular su actividad como un trabajo precisamente por eso, porque no es legal. Si quisiera hacerse habría que cambiar la ley. Así son las cosas, aunque nos queran hacer creer otra cosa.

También es muy ilustrativo el caso de los vientres de alquiler. Se suele repetir por parte de quienes quieren defenderlos, que se trata de algo alegal, porque no está regulado. Craso error. Está regulado en nuestra ley de reproducción asistida, y lo está en el sentido de prohibirlo. Otra cosa es que no sea delito, lo cual es, como hemos visto, bastante diferente. Como otra cosa es también es la relativa a cómo solucionar las situaciones de hecho, como la de los hijos que se traen a España concebidos mediante vientres de alquiler en países donde eso es legal. Pero que se proteja a esos menores, como se protege a cualquier menor que se encuentre en este país, no convierte el hecho en legal. Del mismo modo que venir en patera no es legal, aunque protejamos a los menores que así han llegado a nuestras costas

Por último, llega la moral para tocarnos las narices. Y nos las toca especialmente cuando es la ley la que apela a la moral, como hace en más de una ocasión nuestro Código Civil, cuando habla del objeto del contrato o de la costumbre. Ni que decir tiene que la moral en la que pensaba en legislador de entonces, en pleno siglo XIX, nada tiene que ver con la actual y que si los contemporáneos de Alonso Martínez levantaran la cabeza no darían crédito. Pero ahí sigue el concepto, que ha de interpretarse, según el propio Código Civil, conforme al tiempo en que debe aplicarse. Dejemos descansar en paz a nuestros toguiantepasados

En cualquier caso, hay muchas cosa que están mal y no son delito. Incluso no son nada, jurídicamente hablando. No nos dejemos liar. Precisamente, una de ellas sería no dar el aplauso de hoy, destinado a todas las personas que hacen cumplir la ley, como el protagonista de Toy Story, hasta el infinito y más allá

 

 

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