Desobediencia: delito estrella


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     La rebeldía a las órdenes a la autoridad siempre se ha teñido de un toque romántico. Héroes como Garibaldi, Ghandi o Mandela, de uno u otro modo, se plantaron ante un orden que consideraban injusto, y se convirtieron en leyendas que, por descontado, dieron lugar a su correspondiente película. También otros tipos de insumisión, como la de Rebeldes o Rebeldes del swim resultan muy atractivas al mundo del espectáculo. Pero, cuando las órdenes son justas y necesarias, hay que proceder como el título de aquella película, Haz lo que debas, si no queremos vernos en una situación en que No hay salida.

En momentos como los que vivimos a veces cuesta colocarse la sonrisa y ver El lado bueno de las cosas, pero hay que sobreponerse y hacerlo, porque no nos queda otra. Pero poner al mal tiempo buena cara no supone hacer la vista gorda ni reirles la gracia a los irresponsables que se saltan las órdenes en un momento tan delicado. Porque no tienen ni pizca de gracia.

Como decía, no tiene ni pizca de gracia que gran parte de nuestro trabajo en las guardias sea porque unos cuantos impresentables se han creído por encima del bien y del mal y han vulnerado el confinamiento que tanta gente está cumpliendo a rajatabla, por más que en muchos casos cueste. El delito de desobediencia a agentes de la autoridad, y su hermano el de resistencia, así como su primo de Zumosol, el de atentado, han aumentado hasta niveles estratosféricos. Y eso no es que suponga ponerse en riesgo ellos, que también, sino que supone poner a girar la maquinaria para un montón de gente -jueces, fiscales, LAJs, funcionario, Fuerzas y Cuerpos de seguridad, letrados y letradas, forense, etcétera etcétera- que por tanto, incrementan el riesgo para toda la población, incluidos los irresponsables.

No obstante, hay quien lo hace y además, se cree ocurrente y hasta se graba. Todo el mundo ha visto el vídeo de uno de estos estúpidos paseando vestido de dinosaurio, al igual que hemos visto o leído acerca de gente que ha paseado peluches y hasta electrodomésticos como si fueran perros. Incluso me cuenta un compañero de un paisano que llevaba como macota a una oveja y la llevaba por el Paseo Marítimo, Tal vez querían hacer una nueva versión del bolero llamada Balando al mar, pero que lo dejen para cuando las cosas vuelvan a su sitio y se limiten al Hogar, dulce hogar

Y, si de cosas extravagantes se trata, otra compañera me aporta esta joya. La de una muchacha que paseaba muy ufana a un conejo…en su jaula.

Y ojo, que hecha la ley hecha la trampa. Me comentaba otro compi sobre una chica con la que coincidía antes de esta hecatombe paseando su perro. La chica en cuestión sacaba a pasear a sus tres perros  a la vez, pasando en ocasiones muchos apuros para controlarlos. Sin embargo, ahora los paseaba de uno en uno y, preguntada al respecto, dijo que lo hacía para salir más veces. Y se quedó tan pichi, como si fuera más lista que nadie.

De otra parte, se comprende que los cuerpos tienen sus exigencias, y que es difícil que al confinamiento se sume la abstinencia, si no se tiene la suerte -o la desgracia, que también es posible- de compartir encierro con la pareja. Pero, como en los tiempos más duros, habremos de conformarnos, y eso vale para todo el mundo. Porque me cuenta un compañero que, a falta de hoteles bueno es un coche, y que pillaron a una pareja de esa guisa. Por descontado, no he podido evitar tararear eso de Que difícil es hacer el amor en un Simca mil, pero, también en este caso, lo dejamos para cuando esto termine.

Hay quien, en vez de coche, se lo hace un un cajero, pero tanto da. Apretar los dientes y aguantarse, como todo hijo de vecino. Por supuesto, salvo que el cajero sea su domicilio habitual por tratarse de sintecho, otro problema que nos está estallando en las narices. Si el sinhogarismo  era grave, hoy es insoportable.

La verdad es que somos un pueblo donde la picaresca está a la orden del día. En unas cosas, tiene su gracia, pero en otras no. O, al menos, ya no. Podemos pensar en el cambio de actitud que hemos ido teniendo, por ejemplo, respecto a Hacienda. Antes la gente presumía de hacer trampas para evadir impuestos, aunque fuera una cantidad mínima, pero ahora esos listillos encuentran cada vez más reproche. Quitado el caso de que sean futbolistas, en que todavía hay gente que les anima como héroes cuando van a un juicio por delito fiscal. Es lo que tiene pensar con los pies en vez de con la cabeza.

Ahora ese rechazo se hace más evidente, porque nos jugamos mucho. Nada menos que nuestra salud, y, en especial, la de las personas más vulnerables como pueden ser nuestras madres o nuestros padres, esa amiga enferma o ese primo que estaba superando un cáncer. Por eso, por ellos y ellas, nos enfadamos con esos individuos que todavía pretenden irse a sus segundas residencias o a hacer una escapada con cualquier excusa. Tolerancia cero. Y si los tenemos detenidos, leña al mono, que con la salud no se juega ni valen gracias ni gracietas.

Así que hoy el aplauso es para todas las personas que cumplen a pies juntillas el confinamiento y en especial para todas las que lo hacen cumplir. Y, sin duda, el abucheo y los tomates para los insolidarios que nos están dando tanta faena.

La ovación, una vez más, para mi ilustradora favorita, @madebycarol. Si algo tiene de bueno el confinamiento es que tiene tiempo de dibujar mucho más,

 

 

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