Bolsos: misterios insondables


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Es un hecho que las mujeres solemos llevar bolsos. Hoy, por suerte, los hombres pueden hacerlo -y de hecho, muchos lo hacen- sin tener que someterse a mofas y befas de gente de miras estrechas y alma intolerante. Pero no hace tanto tiempo que se polemizaba con el bolso de Tinky Winky, el muñeco morado de la inocente serie Los Teletubbies, y sus posibles significados. Y es que los bolsos tienen su punto inspirador, cono el bolso de piel marrón de la Penélope de Serrat, o el que hace juego con el vestido gris de la protagonista de “Y cómo es él” de Jose Luis Perales. En el cine, el bolso de Mary Poppins es un clásico, y, aunque siempre me gustó, mi favorito era el de una serie de televisión de mi infancia donde el protagonista, Sport Billy, tenía una bolsita de deporte donde cabía absolutamente todo.

También en Toguilandia llevamos nuestros bolsos, por supuesto. Y son mucho más que esos maletines o trollers  a los que ya dedicamos un estreno y que cargan con el peso de la ley en sentido literal. En un bolso se puede llevar la vida entera. Se puede, incluso, llevar bien plegadita la toga y también los tacones, que hay quien tiene la costumbre de ir en deportivas y toguitaconarse al llegar al juzgado, como hacían las protagonistas de Armas de mujer.

El estereotipo establece que en los bolsos de las mujeres hay de todo, pero nunca faltan cosas como algo de maquillaje, una lima de uñas o un espejito de mano. Pero, hoy en día y al menos en mi caso, eso es una leyenda urbana. No suelo llevar maquillaje en el bolso, no uso pintalabios y aunque a veces sí que llevo alga lima de uñas mona de esas que regalan en las bodas, acabo desalojándola del bolso en algún momento, aunque seguro que es justo ese día cuando la necesito. Sí que suelo llevar, en cambio, unos pendientes de repuesto, pero es una manía mía, que me siento desnuda sin ellos.

Otro clásico es que siempre haya alguien -generalmente,, un hombre- que, ante cualquier emergencia, suelte eso de que en los bolsos de las mujeres hay de todo, para pedir a continuación la cosa más absurda, desde una alcayata a una sierra mecánica, desde hilo y aguja a un rollo de cinta americana, desde una aspirina a una jeringuilla hipodérmica. Y no, no podemos llevar de todo, aunque a veces lo parezca.

Confieso que cuando mis hijas eran pequeñas, podía aparecer cualquier cosa del interior de mi bolso, que, además, tenía proporciones considerables, por si acaso. Allí podía haber desde cromos o juguetes a cualquier alimento en distintas fases de consumo -íntegro, mordisqueado, mordido o a punto de acabarse-. Y luego,claro,una se encuentra con lo que se encuentra, como me pasó en alguna ocasión en que al ir a sacar el Código Penal que solía llevar encima -antes de que Internet nos facilitara las cosas- apareció pringado con cualquier sustancia que, en algún momento anterior, estaba en un bollo, en un bocadillo o hasta en un brik de zumo. Y una pasa las páginas con cara de asquito y los dedos haciendo pinza, tratando de no mancharse más de lo imprescindible.

Hay cosas que son, o debieran, ser precisas en el bolso de cualquier jurista que se precie. Y voy a tratar de fijar un kit básico, sin perjuicio de posibles variaciones al gusto del consumidor y a tenor de las circunstancias.

El kit ha de tener un bolígrafo al menos. Ya sé que parece mentira, pero más de una vez se olvida tan esencial adminículo, y nos lo hemos de pasar unos a otras para firmar como si de la pipa de la paz se tratara. Yo ahora mismo llevo varios, uno de ellos con tinta morada, regalo de una abogada, que me encanta. Pero cuidado con los bolígrafos buenos, que por alguno motivo desaparecen y se van al agujero negro de los bolis buenos, un fenómeno que va a estudiar Iker Jiménez en cuanto dé solución al de los calcetines desparejados.

También es recomendable, aunque sea opcional, llevar posits. Nunca se sabe  dónde va a poderse pegar uno ni qué notas tomar en él, y siempre van bien. Junto a ellos, cualquier adminículo de papelería hace un papel, pero cuidado con que sean grapas o similares que siempre se enganchan con algo -especialmente con las puñetas-. Lo que sí es bueno llevar siempre es uno o varios pen driver, que siempre puede haber algo que copiar. Y los hay monísimos además, como mi fiscalita, mi abogadita y, últimamente, hasta mi fallerita.

Otras de las cosas que siempre pienso que debería llevar -pero no llevo muchas veces- son caramelos o similares. Igual te aclaran la voz o te ayudan a superar un golpe de tos que hacen su papel para acallar al estómago rugiente tras una sesión maratoniana de juicios sin probar bocado. Que cuando pasa, una no sabe dónde meterse,tal como si hubieran dado suelta al león de la Metro para expresarse a su antojo.

En cuanto a papeles, notas y apuntes, como ahora los móviles y el acceso a Internet lo facilitan todo, no hace falta llevar el Código en el bolso con riesgo de la mancha de Nocilla o mermelada -aunque haya quien siga prefiriendo el papel-. Pero una, que es una romántica, sigue gustando de llevar agenda o, mejor dicho agendita o libretita de notas, tanto para consultar como para anotar. Viene estupenda para cuando se suspende un juicio y se busca próximo día de señalamiento aunque, con la saturación que hay en ocasiones que hace señalar a años vista, o se tiene una agenda perpetua o mal vamos. Lo que nunca entiendo muy bien son esos letrados y letradas que, tras mirar móvil y libreta, acaban diciendo “espere que llame a mi secretaria”. Debe ser por pura envidia, que yo ni tengo secretario, ni secretaria, ni na.

Se me ocurren más cosas para llevar en el bolso,, pero lo dejo al tercio de libre disposición. Hay quien siempre lleva canicas porque le dan suerte, quien lleva una estampita, quien atesora chuches o rosquilletas para un apuro. Todo vale, siempre que pase el filtro del detector de metales de la puerta o del mecanismo de seguridad que haya -si lo hay, claro-

Solo me queda dar hoy el aplauso, que no me guardo en el bolso. Esta vez para quienes saben hacer de la previsión una norma, y tienen sus bolsos repletos de todo lo necesario Porque a quienes no somos tan previsoras, siempre nos viene de cine.

 

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