Vocación: llegada a Toguilandia


 

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La vocación es uno de los ingredientes necesarios para triunfar en el mundo del espectáculo, aunque no el único. Sin olvidar que siempre hay excepciones, si la vocación no va acompañada de talento y de mucho trabajo, puede quedarse en solo un sueño, y si se llega sin todo eso, encontrarnos con que Más dura será la caída. Sin duda es importante el momento en que Ha nacido una estrella, pero, como mucha gente recuerda, tanto o más difícil que llegar a la cima es mantenerse. Hay que recordar que, como en Eva al desnudo, siempre hay gente esperando para ocupar el sitio, y dispuesta a lo que sea por ello.

En nuestro teatro la vocación también existe, pero no aparece del mismo modo. Puede existir desde siempre, aparecer tarde o no aparecer nunca. Puede, incluso, que existan buenos profesionales sin pizca de vocación capaces de hacer un trabajo eficaz, pero sin ese plus nunca alcanzarán la excelencia que distingue lo correcto de lo extraordinario.

Todas las personas que conozco hemos tenido diferentes vocaciones a lo largo de nuestra vida. Que son, además, compatibles entre sí. Algunas quedan en un simple sueño, otras se confirman a lo largo de la vida y otras más persisten como una Asignatura pendiente. Ser cantante, actriz, bailarina o futbolista son los ejemplos típicos de lo que todos las niñas y niños hemos querido ser en algún momento, a lo que tal vez habría que añadir hoy en día lo de influencer o youtubber, que los tiempos cambian.

Yo confieso que colecciono un montón de vocaciones, algunas cumplidas, otras cumplidas a medias y otras esperando a realizarse. De ellas, la relacionada con el Derecho o con ser fiscal fue de las más tardías. Siempre quise -y sigo queriendo, por más imposible que sea- ser bailarina, pero hubo una época en que también quise ser peluquera y fantaseé con ser médica. También deseé desde siempre ser escritora, y eso sí, en ello estamos -nunca es tarde si la dicha es buena-. Pero, para vocaciones curiosas, la del hijo de una amiga, que contaba a quien quisiera oírle que quería ser reparador de ollas. Ante nuestra sorpresa, un día descubrimos la razón de esa curiosa vocación, que no era otra que haber escuchado un día a su madre, cuando llevaba a arreglar una olla, decir “a este precio con cuatro cacerolas que arreglen se hacen millonarios”. Y claro, el niño lo tomó al pie de la letra. Ignoro si a día de hoy sigue en las mismas o alguien le ha quitado eso de la cabeza y si algún día se hará millonario con las ollas, que nunca se sabe.

Yo llegué al Derecho por casualidad, o por inercia, como muchas personas. Hija y nieta de abogado, con un cerebro mucho más dotado para las letras que para los números y descartando a priori toda opción que desembocara en la docencia, pocas alternativas me quedaban. Si a eso le sumamos que la carrera que hubiera escogido -periodismo- no existía en mi ciudad y que mis amigas estaban en las mismas, la cosa estaba casi cantada. Porque, aunque quede poco profesional admitirlo, el hecho de ir con mis amigas a clase era otro factor determinante a mis diecisiete añitos.

Por fortuna, la carrera no me disgustó, se me dio bien y, en un momento dado, empezó a inocularme su veneno adictivo. Hacia la mitad, ya tenía claro que quería ser juez o fiscal y cuando descubrí lo que era ser fiscal, la vocación ya me había atrapado. Mejor tarde que nunca. Así que, una vez fijada la meta, ya no había más salida que empeñarse en recorrer el camino. Y tesón  no me faltó, a pesar de que las circunstancias se tornaron menos favorables de los que en principio cabía esperar. El resultado no me defraudó, y he decir que ni un solo día me he arrepentido de la decisión de ser fiscal ni del tiempo invertido en conseguirlo. Algo que repito mucho a quienes opositan o tienen la intención de hacerlo. Si queréis, poner toda vuestra vida en ello, aquí en el otro lado esperamos con ansia para recibiros.

Hasta aquí, mi pequeña historia. Aunque, mutatis mutandi -hablando de Derecho, algún latinajo habría que haber- otro tanto cabe decir respecto a la judicatura, notaría, Registro de la propiedad , Lajs o cualquier otra profesión, jurídica o no, de las que transitan por Toguilandia y sus aledaños. Conozco amigas que desde pequeñas querían ser abogadas y otras que lo descubrieron con el tiempo, pero sin ese extra que es la vocación, su trabajo no sería tan bueno.

Además, estas cosas tienen premio extra. Es posible -aunque sea difícil a veces por razón de tiempo- compaginar con otras vocaciones. Pintura, escultura, danza, escritura o corte y confección, por ejemplo. Y además, puede servir de vía para encauzar otras vocaciones, como, en mi caso, la inquietud que siempre tuve por los temas de igualdad y relacionados con la mujer. Y también la reivindicación, que ya en mi más tierna infancia apuntaba maneras cuando, con otras compañeras de colegio, montamos una manifestación en el patio porque no queríamos hacer la primera Comunión con hábito de monja. Y he de decir que nos salimos con la nuestra, y puedo demostrarlo con fotografías con mi flamante vestido de organdí.

Así que, quien tenga dudas, que sepa que es normal. A mí nunca se me apareció Ulpiano en sueños, y tampoco leía las Partidas sino el SuperPop -toma confesión,guardadme el secreto- y los libros de Los Cinco, que eran lo más en mi infancia, y aquí estoy.

Lo que nunca sabré es si al otro lado del banquillo de los acusados hay alguna clase de vocación, aunque siempre recuerdo con una sonrisa a un delincuente que me hablaba muy convencido de la tradición y el negocio familiar cuando era acusado de receptación por venta en establecimiento de objetos robados. Y era tal su firmeza, que casi nos convence, aunque al final no llegó la sangre al río, y cumplimos con nuestra vocación de hacer que se cumpliera la ley.

Por todo esto, hoy el aplauso es para todas las personas que luchan por convertir en profesión su vocación, para que persistan en ello, y también para quienes lo lograron,, porque nunca pierdan la ilusión del primer día. Aunque a veces cueste.

Y como siempre, una ovación extra para @madebycarol2 que, una vez más, ilustra con su vocación y su talento este estreno

 

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