Inocencia: ¿lo contrario a culpabilidad?


INOCENTE

 

    El binomio culpabIlidad/inocencia es algo que todo el mundo tiene claro. Tan claro y tan antinómico como bueno/malo o noche/día. Pero las cosas no son siempre lo que parecen. Y, aunque en las películas americanas los jurados tienen que decidir si el acusado es culpable o inocente, tras arduos debates como el de Doce hombres sin piedad, hay muchos títulos que dan buena fe de que no todo es blanco o negro.  Falso inocente, falso culpable, Presunto culpable o El inocente, sin ir más lejos. Y muchos más que hacen de la inocencia su leit motiv, desde La edad de la inocencia a El fin de la inocencia, pasando por Inocencia interrumpida o La inocencia sin ningún apellido.

Y si ni siquiera en el teatro las cosas son siempre como parecen, en nuestra función todavía más, y más aun cuando de culpabilidad e inocencia hablamos.

Lo primero que hay que dejar claro es que, en Derecho, ser inocente no es lo contrario a ser culpable. Lo contrario a ser culpable es ser no culpable, términos en los que precisamente se hace la pregunta del millón a los componentes del Tribunal del Jurado. Quien asista a un juicio de esta índole en nuestra Toguilandia, comprobará que jamás un jurado declara a alguien inocente, sino que dice, en caso de considerarlo así, que no es culpable de haber cometido tal o cual hecho. Un matiz que puede parecer una exquisitez, pero que es muy importante. Y ahora veremos por qué.

Podemos recordar, sin hacer un gran esfuerzo memorístico, casos que han terminado en una absolución por defectos formales o por nulidad de pruebas. Sería el supuesto en que se hubieran declarado nulas, por ejemplo, unas escuchas telefónicas de las que se desprendía con toda claridad que una persona había cometido tal o cual delito. Pues bien, si las escuchas fueron realizadas sin las garantías que contempla la ley, no puede ser tomada en cuenta esa prueba para fundamentar una condena. Ni tampoco valen, en aplicación de la doctrina de la fruta del árbol envenenado, las que se deriven de ésta, por ejemplo, la localización de un testigo o de algún vestigio del delito por lo que se desprende de esas conversaciones. De modo que la persona que, a todas luces, había cometido el delito pero no puede ser condenada por él, es absuelto y declarado, por tanto, no culpable del delito del que venía siendo acusado. Pero en modo alguno puede decirse que sea inocente. Entre otras cosas porque ese pronunciamiento no lo contempla la ley.

Esta misma argumentación sirve para explicar lo que muchos se empeñan en llamar denuncias falsas, y que no lo son. Partiendo de la base de que un acusado ha sido absuelto de un delito, o que se ha sobreseído el caso por falta de pruebas, concluyen que han sido declarados inocentes, y que, por tanto, la denuncia interpuesta era falsa. Obviando, de manera inconsciente o deliberada, la circunstancia de que nunca fueron declarados inocentes, sino que se trataba de una absolución por no existir prueba bastante para enervar la presunción de inocencia de la que gozamos todas las personas. Esto es especialmente usado respecto a la violencia de género, donde además la posibilidad que la víctima tiene de no declarar contra su pareja pone más difícil la prueba. Pero no es exclusivo de esta materia. Valdría para cualquier otra. Por ejemplo, las falsas denuncias de robo para cobrar del seguro, mucho más frecuentes y comprobadas y por las que nadie se lleva las manos a la cabeza.

Por eso mismo, no niego que las denuncias falsas existan, desde luego. Pero ni son tantas, ni lo son en los casos en los que tantas veces se pretende.

Pero que nadie concluya de todo esto que el legislador no emplea el término “inocencia”. Claro que lo hace, y precisamente para enunciar uno de los derechos fundamentales en toda sociedad democrática: la presunción de inocencia. Todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario, como también dicen en las películas, aunque esa frase no esté, que yo sepa, en ningún precepto legal de nuestro ordenamiento. Pero es una forma comprensible de enunciarla, aunque sea más técnico y conforme con nuestro sistema decir , simple y llananamente, que nadie podrá ser condenado sin pruebas.

La presunción de inocencia es una garantía insoslayable de nuestro sistema. Aunque, a veces cueste la vida explicar por qué fundamenta una absolución de alguien que estamos convencidos que es culpable. Reconozco que más de una vez me he sentido mal ante el divorcio entre mi convicción interna de que alguien era más culpable que Judas, y mi labor como fiscal y jurista, que me obligaba a no acusar porque sabía que no había pruebas suficientes. Y aseguro que, aunque pueda resultar más fácil dejarse arrastrar por la corriente y acusar “por si acaso”, no esa la misión que nos encomienda la Constitución. Como garantes de la legalidad, los miembros del Ministerio Fiscal, como dice mi compi @escar_gm, no solo acusamos. A veces, incluso pedimos la absolución. Y no porque recibamos órdenes ni todas esas cosas con las que muchos se llenan la boca, sino porque es lo que debemos hacer. Ni más ni menos.

Así que hoy el aplauso no puede ser otro que el dedicado a quienes aplican las garantías constitucionales sin dejarse llevar. Aunque cueste la vida, y muchas veces, la incomprensión.

Anuncios

3 pensamientos en “Inocencia: ¿lo contrario a culpabilidad?

  1. Pingback: Denuncia: se ha escrito un crimen | Con mi toga y mis tacones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s