Cansinismo: ay…


ovejas dormidas

Más de una vez nos han repetido eso de que el que la sigue, la consigue. Eso les pasa a los aspirantes a artistas, de un casting a otro, de un concurso a otro hasta que, por fin, alguien les da su oportunidad, como le ocurría a los protagonistas de La la land o de la más antigua Fama. Pero entre ser perseverante y ser terco como una mula hay un espacio muy fino. Y más de una vez, a base de insistir, nos podemos convertir en Don Erre que erre. O hasta en La mula Francis, si me apuran

Nuestro teatro no podía ser una excepción y, aunque para llegar hay que usar grandes dosis de perseverancia, para mantenerse también, tratando de no traspasar el límite. O de verlo de otro modo, que también. Como hacía mi madre que siempre me ha dicho, cuando me pongo en modo inasequible al desaliento, que no sufra porque me llamen pesada, que en realidad lo que soy es tenaz. Y la verdad es que suena bastante mejor.

Pero el otro día una compañera utilizó un término que me encantó y decidí hacer mío. Previo permiso, por supuesto, que la propiedad intelectual ya se sabe lo que tiene. Y ese término no es otro que cansinismo. Gracias Sofía por la cesión.

Y es que el cansinismo es mucho más que la terquedad, aunque sean primos hermanos. Y que la tenacidad, su hermana buena. Recuerdo en mis primeros días de fiscal que, necesitada de un permiso de mi fiscal jefe para residir en una provincia limítrofe, se lo pedí confiada. Me dijo que no podía ser, aunque comprendía mis razones. Y yo, inasequible al desaliento que soy, le dije que iba a pedírselo todos los días hasta que lo pensara mejor. Así lo hice, y cada día permanecía sentada en su despacho media hora antes de empezar la jornada, preguntándole con una sonrisa si había cambiado de opinión. Y, tras un mes de asedio –hoy igual sería stalking, pero menos mal que entonces no estaba penado y que en todo caso estaría prescrito-, capituló. Cuentan las crónicas que fui la única fiscal que logró tal autorización en todo el tiempo de su jefatura, pero tal vez sea una leyenda urbana. ¿Tenacidad o cansinismo? No me contesten ahora. Háganlo al final de este estreno.

Hay cosas que entran sin duda en la categoría de cansinas. Desde antes incluso, del principio de la vida toguitaconada. Que se lo digan si no a quienes opositan, que seguro que están hasta más arriba de las narices de que les pregunten por los años que llevan estudiando, por los temas que llevan cada vez, por las horas que estudian o por los años que tienen. Y por supuesto, eso de si no descansan nunca, que por una vez no pasa nada, que exageran y bla bla bla. Y más cansinos todavía quienes cuentan que conocen un primo de una vecina del cuñado de una amiga que aprobó en unos meses.

Y eso es solo el entrenamiento, por más que sea un entreno de alto rendimiento. Después las dosis de cansinismo vienen en tandas, y hasta a granel. Quienes nos dedicamos a ser fiscales, por ejemplo, estamos hasta el gorro de que nos digan, un día sí y otro también, lo de que recibimos órdenes del gobierno, venga o no venga a cuento. Y a Dios pongo por testigo que jamás me ha sonado Teléfono rojo alguno, aunque haya quien crea que nos dicen hasta que zapatos ponernos. Y eso sí que no. Mis tacones son sagrados.

Otro de los lugares comunes, que compartimos con la carrera hermana, es la referencia al supuesto dineral que ganamos, aunque más de uno se quedaría de pasta de boniato al conocer nuestros sueldos , sobre todo los de quienes empiezan. Y también es común a ellos y a otros funcionarios eso de que nos pegamos la vida padre, trabajando de 9 a 2, como si no hiciéramos guardias ni nos lleváramos deberes para casa.

Pero, como todo no va a ser común, también he de hablar de la hartura de  los fiscales cuando, desde la carrera hermana, o de alguna que otra prima, insisten en que somos inmortales porque no podemos pasar a mejor vida, echando mano del viejo chiste. Y, ahora más que nunca, es evidente que de eso, nada. A los hechos me remito.

Supongo que, de otra parte, los Letrados y Letradas estarán hartos de que les miremos con cara de cansancio y de oirse de sus Señorías eso de “sea breve, Letrado, que tenemos más juicios”. Como si fueran los culpables de que esta Justicia nuestra siga empeñada en estar colapsada por más que trabajemos.

Y, para tratar de no olvidarme de nadie, también me referiré a la hartura de los antiguos Secretarios –y sobre todo Secretarias- Judiciales-, hoy Lajs, de que les dijeran aquello de que eran las secretarias de los jueces. Y, aunque el cambio de denominación ha ayudado a desfacer el entuerto, todavía quedan quienes mantienen esa errónea creencia.

Pero, para cansinismo del bueno, el de tertulianos de pro, todólogos y opinadores varios, a través de medios de comunicación y redes sociales que, a base de insistir, acaban aburriendo a las ovejas. Esos que cogen un tema y lo exprimen hasta dejarlo seco, no sin antes dejar claro que hay quien tan pronto se convierte en especialista en derecho constitucional o procesal, en instrumentos internacionales y convenios varios como en la forma de redactar las sentencias o un escrito de calificación. Aunque no sepan reconocer uno ni aunque se lo pongan en la cara. Y ojo, los mejores son los discutidores. Que he visto y leído más de una vez que, ante la paciente explicación de alguien que sabe del tema, insisten en que las cosas son así porque lo ha dicho en televisión el enteradillo de turno. Y se quedan tan anchos.

Y ahora, sí pueden contestar. ¿Cansinismo o tenacidad? E ahí el dilema

Pero mientras se deciden, demos el aplauso de hoy a quienes aguantan estoicamente el chaparrón sin que mengüen ni su objetividad ni sus ganas. Que no es fácil, desde luego.

 

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4 pensamientos en “Cansinismo: ay…

  1. Un antiguo Catedrático, ya fallecido, utilizaba un término que se me quedó grabado y desde entonces, utilizo. A los tertulianos les llamaba TODOSABIOS, por evidentes razones que no es preciso detallar. Y qué razón tenía!!!!

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