Pasarelas: vía libre


Man crossing Hussaini bridge

         En el mundo del espectáculo las cosas no siempre son invariables. Los bailarines se convierten en actores, los actores en directores, los directores en productores y algunos, varias cosas a un tiempo. Clint Eatswood o Robert Redford, por ejemplo, cruzan la pasarela entre actor y director con soltura, como los propios Puentes de Madison que el primero dirigió. Que bien importantes son los puentes. Y si no, que se lo digan a los protagonistas del Puente sobre el río Kwuai, cuyo silbidito se nos ha quedado en la meninge para siempre.

         En nuestro teatro también hay pasarelas, puentes.. y hasta puertas giratorias. En varios sentidos. Unos buenos, y otros no tanto, como todo en la vida.

         Comentaba con una amiga letrada sobre las pasarelas imaginarias que existen entre las distintas especialidades del derecho. Esas veces en que, aún siendo una teróricamente especialista, después de mucha dedicación y muchos años, acaba cruzando el Rubicón y pasando a la otra orilla. Ella decía que desde el Derecho de familia, en el que se movía con relativa comodidad, hubo de cruzar a la parte del Derecho penal. En mi caso fue exactamente al contrario. Desde mi amado Derecho Penal, y por mor de esa tragedia llamada Violencia de género , me vi estudiando Derecho Civil, que casi no tocaba desde los tiempos de la oposición. Porque en Derecho no hay compartimentos estancos, sino más bien vasos comunicantes. Y hay que asumirlo. Y cruzar la pasarela con elegancia, sobre los tacones y con la toga puesta. Faltaría más.

         Pero hay otras pasarelas que no son tan pacíficas. Más bien se asemejan a aquel famoso Puente sobre Aguas turbulentas que tantas veces hemos tarareado. Son las famosas puertas giratorias. Esas por las que se pasean de la justicia a la política y viceversa, y que tan mala imagen dan en ocasiones. Y por las que se va de la actividad pública a la privada y de aquélla a ésta. Y ojo, no se trata de negar a nadie el derecho a cambiar de actividad por alguien que satisfaga más sus aspiraciones, no, sino hacerlo con todas las garantías para que esos paseos no resulten sospechosos.

         Y aquí no acaban los pasos fronterizos. Hay otro que aun no nos hemos atrevido a cruzar y que en el resto de nuestro entorno está tan paseado como la cola del metro en hora punta. Y que no debería tener más dificultad. Me refiero a la posibilidad de tener vía libre entre las carreras judicial y fiscal, y también, llegado el caso, con la de Letrados de la Administración de Justicia –otrora Secretarios judiciales, que aún no me acostumbro-. Si hacemos la misma oposición y tenemos la misma preparación, carece de sentido que no podamos pasar de uno a otro lado. Así ocurre, por ejemplo, en la jurisdicción militar en España, y en todas las jurisdicciones en la mayoría de países de Europa. Y no pasa nada. Y también viene ocurriendo con el llamado turno tercero –y antes ocurría con el turno cuarto- respecto de juristas de reconocido prestigio. Sólo es cuestión de una regulación transparente y con las debidas garantías.

         Así que no tengamos miedo. Hay fronteras que se pueden traspasar relajadamente. Aunque otras hayan de pasarse haciendo equilibrios, y algunas otras debieran estar valladas, o colocadas en una línea roja.

         Por eso, el aplauso para todos los transeúntes de las fronteras permitidas. La diversidad enriquece.

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