Sueños: togas off


SUEÑOS

                Dicen las estadísticas que las personas pasamos al menos una cuarta parte de nuestra vida durmiendo. Y así debiera ser, aunque a veces los avatares de nuestras funciones le roben a Morfeo más horas de las que debieran. Cualquier artista ha pasado horas de sus sueños elaborando discursos imaginarios para ese día que le entreguen el ansiado Oscar, o el Goya, aunque también ha vivido repentinas interrupciones de su descanso por ese guión que no recuerda o ese ensayo que nunca acaba de salir. Gajes del oficio. Los sueños son libres, y libres escapan a nuestro control, elaborando su propio mundo. A veces, Los Mundos de Yupi. Otras, al más puro estilo Pesadilla en Elm Street, y otras más, plácidas existencias paralelas como Mientras dormías.

                También ocurre, cómo no, en nuestro escenario, y quizás desde mucho antes de saber cuál es nuestro papel en la función. Porque, si hay algo que permanece para siempre, son esos sueños recurrentes que un día empezaron a aparecer en nuestras noches y nos siguen persiguiendo. Y todavía más, si cabe, a los que fuimos un día opositores. Una de las herencias que recibimos de esa época es precisamente ésa, la de esas manías que se incrustan y nos visitan cuando estamos más desprevenidos estamos.

                Son muchos, muchísimos, los que me han contado en diferentes versiones un sueño en el que no han acabado la carrera o no han aprobado la oposición por falta de una asignatura, sea el Derecho Romano, el Administrativo o la Filosofía del Derecho. Un compañero me contaba no hace mucho que, tras más de veinte años de fiscal, todavía se despierta de cuando en cuando pensando que no le vale el examen de oposición y que, curiosamente, lo único que le importaba era que tenía que volver a estudiarse la Ley de Procedimiento Laboral, vaya usted a saber por qué. Otra, me contaba que ayer mismo soñaba que tenía que volver a Barcelona, donde hizo su examen definitivo hace ya más de dos décadas. Y también son legión los que corren para llegar al examen y no llegan, o los que noche tras noche se caen a un precipicio que hay entre donde se encuentran y la sala donde hay que hacer las pruebas.

                También hay versiones variadas del día de la Marmota de Atrapado en el tiempo, en una suerte de remake jurídico que haría las delicias de algún guionista de Hollywood. Colegas que viven en sus sueños una y otra vez el día del examen, otros que ni siquiera llegan y ven repetirse en sus noches el momento angustioso en que no hay ningún taxi para llegar, o aquél en el que pierden el tren o el avión que les debería llevar.

                Hay gente que sueña que se le paralizan las manos y no puede coger las bolas del examen, o que pierde la voz y no puede cantar los temas, o que por alguna extraña razón no puede avanzar hasta la silla correspondiente. Temores que eludimos por el día y que nos visitan sin ninguna piedad por las noches. E incluso conocí un opositor que, en una de las escasas veces que salió y se excedió con las copas, cantaba a voz en grito el artículo 34 de la Ley Hipotecaria, ahí es nada.

                Pero ahí no se para la cosa. Otra compañera, enfrascada en un largo e importante juicio, me contaba hace poco que sueña noche tras noche que se encuentra en el mismo momento de cuestiones previas, y se despierta antes de que las hayan resuelto. Y eso una y otra vez.

                Yo también tengo mi experiencia, claro. Desde mis tiempos de opositora, el ordenamiento jurídico me persigue por las noches, y llega a alcanzarme, y a comenzar a aplastarme mientras yo lo evito angustiada contorsioniándome de un modo que para sí lo quisiera la mismísima Almudena Cid. Por suerte, siempre me despierto, entre sudores, cuando no ha logrado todavía su objetivo. Eso sí, puedo afirmar que tengo la suerte de ser una de las pocas personas que ha visto cómo es ese ordenamiento jurídico del que habla todo el mundo. Un auténtico privilegio.

                Y es que en ese tiempo en que abandonamos la toga y los tacones, nuestro inconsciente se apodera de nosotros. Así que aprovechémoslo para recibir ese aplauso que todos esperamos. Y que, por fin, se repita durante el día. Y que se prolongue y se vuelva ovación. Cuando ya hayamos subido a los tacones y nos pongamos la toga. Como debe ser.

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5 pensamientos en “Sueños: togas off

  1. Me he visto reflejada en cada línea de este post!! llegue a soñar tantas veces que no había acabado la carrera q me levantaba para mirar el título xq sino no me qdaba tranquila😊😊

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  2. Yo, como opositora todavía que soy, mi sueño recurrente es el de ir al preparador y que me pregunte un tema que no me sé. Que no sé ni cómo empezarlo porque en mi cabeza ni existe. Y cuando me despierto con los huevos de corbata, hablando mal y pronto, me doy cuenta de que ni existe en mi cabeza ni en el programa.

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  3. Jajaja, graciosisímo tu amigo el animado del artículo 34 LH.
    Yo antes del test siempre sueño que lo hago perfecto, pero que se me olvida pasar las respuestas a la hoja de respuestas, y claro, saco un cero.. cuando yo teniendo el examen delante veo que estan correctas! Un agobio..

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  4. Pingback: Cumpleaños: una año de toga y tacones | Con mi toga y mis tacones

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