Claves: sin llave maestra


claves informáticas

Todos los lugares tienen sus recovecos, y seguro que cualquier escenario tiene mil sitios a los que no todos pueden acceder, como los camerinos de las estrellas más exclusivas. Estoy también segura que, para acceder a los entresijos de la obra, del guión, de los decorados o del vestuario, hay que estar provisto de las claves de acceso al ordenador correspondiente. Pero estoy también segura de que no lo tienen tan complicado como nosotros. Porque, aunque ya desde hace tiempo el cine se ocupó de estas minucias informáticas, nosotros parecemos anclados en los tiempos de aquel Tienes un e-mail que hoy parece totalmente superado.

Se ha criticado mucho que el contenido de nuestras oposiciones sea totalmente memorístico. Y por supuesto, algo de cierto hay. Pero lo que no nos dijeron era lo útil que nos iba a resultar esa memoria que desarrollamos a fuerza de codos para el día de mañana. Y no para recordar artículos de uno u otro Código, sino para conseguir acceder a la pantalla de nuestro ordenador a través de un viaje que podría haber dado para una serie de ésas de Erase una vez.

Y es que una se sienta ante el ordenador de su despacho y, tras encenderlo y prepararse un café –o una tila- esperando que dé señales de vida, ha de empezar un maratón mental para lograr el objetivo: hacer un dictamen de cualquier tipo. Primero, la clave del ordenador, luego la de la red propia y la tarjeta criptográfica. Mientras se memoriza, la del correo corporativo que en nuestro caso nos facilitó la Comunidad Autónoma, y la del correo particular que la mayoría tenemos abierto porque el anterior tiene la capacidad de un bolsito de noche, de ésos en los que no cabe ni el DNI. Ahora, a añadir la nueva, la de ese otro correo que nos han facilitado para unificarnos. Pero tranquilos. Hasta aquí, prueba superada.

Y una continúa su periplo. Y cuando acaba el informito de marras, tiene que introducirlo en el sistema que, por supuesto, te pide otra clave distinta. Cruzas los dedos porque la empanada mental ya empieza a ser importante. Pero continúas, con esa masa gris que nos dieron de serie con la toga, faltaría más. Mientras por tu cabeza empieza a desfilar el número de la tarjeta del banco, de la alarma o de otras cosas más, y ya empiezas a desvariar. Pero se logra. Ya está el informito metido en su casillerito, tras darle a una serie de pantallas y subpantallas propias del mejor de los viajes astrales.

Y te dices a ti misma: ya está. Pero entonces llega un correo, al que has de acceder volviendo a poner la clave porque tu tiempo de espera ha caducado, donde te recuerdan amablemente que has de hacer la estadística para ayer. Y hala, una nueva clave a teclear, cruzando los dedos para que no se te haya olvidado. Un par de tentativas y, tras superar el pánico de esa amenaza de que es el tercer intento, con miedo a autodestruirnos o poco menos, sigues adelante. Allá vamos.

Pero claro, de repente recordamos que teníamos pendiente algo de un curso de formación, y otra vez a hacer memoria, que ni el nombre usuario ni la contraseña pueden ser las mismas. Y vuelta a empezar.

Pero como somos unos titanes, pues día a día nos comportamos como Cristóbal Colón y descubrimos América. Que ríase cualquiera de Magallanes, de Elcano, y de cualquier explorador… Pero, al final, nuestros Hermanos Pinzón particulares nos avisan de aquello de “Tierra a la vista” y llegamos a puerto. Y así un día tras otro. Que ya me gustaría a mí saber que hubiera dicho Colón si hubiera tenido que descubrir América un día tras otro. Pero claro, él no tenía claves que memorizar, y así cualquiera.

Y aunque nos sintamos como Indiana Jones en busca de la pantalla perdida, lo bien cierto es que si se sumara la cantidad de tiempo que perdemos con todas estas operaciones, nos llevaríamos una buena sorpresa, o un buen disgusto, según se mire.

Por eso, hoy el aplauso queda en suspenso. Esperando a ese día en que alguien descubra una llave maestra, como esas que tenía el gerente de Hotel, que abra todas las habitaciones. ¿Llegará ese día? Como decían las series de antaño, “Continuará…”

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3 pensamientos en “Claves: sin llave maestra

  1. Pingback: Recesos: tiempo muerto | Con mi toga y mis tacones

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