Desahucios: adios al hogar


              Tener un techo ha marcado siempre el límite entre vivir y sobrevivir. Por eso, el hecho de quedarse sin él a la fuerza ha dado y dará para mucha literatura. Y para cine, por supuesto. En los márgenes, Techo y comida son filmes que tratan el tema, que abordan también documentales como Desahuciados o Mujeres contra el desahucio. Y es que es un tema que no se puede soslayar.

              En nuestro teatro, somos protagonistas de muchos desahucios, aun a nuestro pesar. Y no es por otra razón que e principio de legalidad, que nos obliga a aplicar la ley con toda su crudeza, nos guste o no. Así que, al menos en estos casos, la culpa no es de la autoridad judicial que lo acuerda como tampoco sería de la policía que los ejecuta.

              Por desgracia, un tema candente y doloroso ha traído el tema de los desahucios a la primera plana informativa. Pero, partiendo de la tremenda injusticia legal y social de lo que ha ocurrido en Madrid con Maricarmen, procede explicar qué es en realidad un desahucio y en qué consiste. Porque conocer las cosas es el primer paso para encontrarles solución.

              Desahuciar, gramaticalmente, es la acción y efecto de desahuciar, es decir, el acto de despedir o desalojar a un inquilino o arrendatario de una finca mediante una acción legal, tal como lo define nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua. En realidad, el significado jurídico tampoco difiere en esencia de ello, aunque la visión popular ha añadido una connotación negativa que no siempre tiene por qué existir. Es tan evidente esta connotación negativa, que en sentido figurado se entiende que una persona está desahuciada cuando su muerte es inevitable.

              Pero desahuciar no siempre es injusto. De hecho, es lo que hay que hacer en un caso de usurpación de inmuebles, especialmente si son violentas. Ya hablamos de ello cuando dedicamos un estreno a la okupación. Y también en los casos en que, aun pudiendo no se paga una renta debida. No obstante, hay que tener mucho cuidado en no mezclar los conceptos con la mal llamada inquiokupación, que también tuvo su propia función en este teatro.

              Cuando llega el momento del lanzamiento, que es como se llama el acto de echar al inquilino del inmueble -pocas palabras ta expresivas como esta- es la ley la que ha puesto las premisas, y la autoridad judicial tiene la obligación de aplicarla, le guste o no. Lo injusto, en su caso, es la ley y la culpa de la situación injusta sería, en todo caso, de quienes han aprobado esa ley o de quienes no han sabido o podido reformarla. Es lo que tiene la separación de poderes y los avatares de la política.

              Pero ¿Cuál es el marco legal que debería instarnos a impedir situaciones injustas, como las de personas vulnerables que echan de su casa porque no han podido pagar una renta a todas luces excesiva o porque quieren vender esa vivienda para obtener una ganancia a toda costa? Pues, obviamente, el derecho a una vivienda digna que consagra nuestra Constitución.

              Obviamente, el derecho a una vivienda no implica que el estado tenga que comprársela a toda el mundo sin más, del mismo modo qe el derecho al matrimonio o a la familia no le obliga a proporcionar un cónyuge a todo el mundo. Pero a lo que sí que obliga es  a tener una legislación que haga posible que cualquier persona, especialmente si es vulnerable, pueda acceder a una vivienda en condiciones en relación con sus circunstancias.

No obstante a veces hay que buscar un resquicio. En el caso de Maricarmen, tal vez la perspectiva de género a la hora de interpretar la norma hubiera podido cambiar las cosas. Porque si se hubiera tenido en cuenta que cuando se alquiló por primera vez la viviendo por el padre de Maricarmen hubiera podido contratar también su madre -la ley imponía qu fuera el varón- ella hubiera sido la primera cesionaria y no hubieran podido echarla ahora.

              Pero las cosas son como son y nunca como deberían ser. Y hasta que la realidad nos pega una bofetada no podemos o no queremos verlo.  Y lo pagan quienes menos habrían de pagarlo. Por eso hoy no hay aplauso. Lo habrá cuando deje de haber casos como el de Maricarmen.

              Eso sí, la ovación extra para @madebycarol por esta preciosa ilustración no la puedo dejar en el tintero. Eso también es de justicia.

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