
Dicen que el numero 13 da mala suerte. En nuestra cultura, es el martes 13 quien carga con la mala fama, y el refranero dice que ni nos casemos ni nos embarquemos, por si las moscas, y ese es, precisamente, el título de una película española de 1961, Martes y trece, aunque también de un trío primero y pareja después de humoristas que todo el mundo conoce y qué, como no también hicieron sus pinitos en el cine. En Estados Unidos, sin embargo, es el Viernes 13 quien carga el sambenito, y así se llama una conocida saga del cine de terror.
En nuestro teatro no tengo conocimiento de que haya días especialmente aciagos, que cada uno ve el baile como le viene. Supongo que dependerá de lo que pase cada día y de la supersticioso o que sea cada cual.
Pero hoy no voy a hablar de días sino del número 13. Porque es ese el ordinal que luce mi nueva criatura, que el 9 de marzo estrenamos con todos los honores en el Colegio de la abogacía de Valencia, al que aprovecho para mostrar todo mi agradecimiento por ser anfitriones y acogernos siempre a mis criaturas y a mí con tanto cariño.
Mi criatura número 13 (si fuera Ángel Nieto diría 12+1) se llama Exercir la justicia amb perspectiva de gènere y acaba de nacer. Es un ensayo divulgativo editado por la institució Alfons el Magnànim y he contado como cómplices, además de la editorial, con Loreto Ochando, como prologuista, y con @madebycarol como ilustradora, ambas repetidoras, que lo que sale bien no hay que cambiarlo. De nuevo mi agradecimiento eterno para ambas.
Se trata de un ensayo en valenciano, lengua en la que debuto como ensayista, aunque ya la había utilizado en varias de mis novelas, como Carattrista , Els cabells molt rulls , Em deien Caratrista y Bessones . Hasta ahora había escrito ensayo solo en castellano, pero ¿Quién dijo miedo? Y, aunque mi formación educativa y jurídica ha sido siempre en la lengua de Cervantes, esta vez he arriesgado con la de Ausias March o Joanot de Martorell. Veremos como resulta.
No obstante, que nadie se eche para atrás. Y no lo digo por la lengua en este caso, sino por género, y no el de la perspectiva que da título al libro, sino el literario. Tanto la Institución Alfons el Magnànim, que me lanzó el guante, como yo, que lo recogí enseguida, pretendemos que se trate de una obra divulgativa y accesible al público en general, sea o no jurista. Es decir, que no hay análisis sesudos de jurisprudencia, ni latinajos ni teorías jurídicas sino una estructura y un lenguaje fácil para todo el mundo. O eso es, al menos, nuestro propósito.
La obra pretende contar algo tan sencillo y tan complicado a la vez como es aplicar la perspectiva de género en la Justica. Esto es, abunda en la necesidad de que los operadores y operadoras jurídicas nos pongamos las gafas violetas y, además, nos las ajustemos bien. Porque, como se dijo en la presentación y hay que insistir, la aplicación de la perspectiva de género no es un consejo ni una herramienta para facilitar nuestra labor, sino que, además de eso, es mucho más: es una obligación legal. Así lo dice el Convenido de Estambul, nada más y nada menos, suscrito por España en 2011 y de que tanto hemos hablado en otras ocasiones.
Y, como el movimiento se demuestra andando, nada mejor que poner ejemplos de casos que son conocidos por prácticamente cualquier persona medianamente informada. Incluidos todólogos y opinologos profesionales. Son casos como el de Jennifer Hermoso, La manada, Dani Alves o Giselle Pellicot. Y sentencias antiguas como la del alfiler o la minifalda, entre otros casos menos conocidos.
Con esos cimientos, se construye el edificio que es el libro, en el que se hace un repaso de la legislación y de cómo hemos evolucionado para terminar aventurando qué nos espera en un futuro y, sobre todo, qué debemos hacer para que ese futuro sea lo más igualitario posible. Que, de un tiempo a esta parte, no nos lo ponen fácil.
Como dije en la presentación, lo ideal sería un mundo donde libros como este no sean necesarios, pero, mientras lo sean, hay que trabajar en ello. Yo ya he cumplido mi parte, escribiendo. Ojalá los eventuales lectores y lectoras hagan otro tanto.
Y hablando de presentación, no puedo dejar de contar lo bien que lo pasamos, lo a gusto que estuvimos y lo corto que se nos hizo. El Icav nos cedió su precioso salón de la muralla y ahí estuvimos compartiendo mesa la presi8dentaz de la Sección de violencia sobre la mujer, Rosa Roig por parte del Magnánim, también cómplice, y mi prologuista de lujo. Alrededor, amigos y amigas de los que visten toga y de los que no que es, al fin y al cabo, lo que pretendíamos. Incluidos, por descontado el anfitrión, Decano del ICAV y mi fiscal jefa, compañera y amiga. Unos padrinos de lujo que dieron lustre al acto.
Y eso es lo que hoy venía a contar. Que no es poco. Por eso no me puedo olvidar del aplauso, que dividiré en dos. Un, para quienes me acompañasteis; el otro, para quienes vais a acoger a la criatura en vuestro seno. Mil gracias
