
Desde que los teléfonos se incorporaron al mundo moderno, las vidas de las personas cambiaron. Y más cambiaron aún cuando pasaron de ser fijos a móviles. Por eso, los teléfonos forman parte de muchas películas como Teléfono rojo, volamos hacia Moscú o Pijama para dos en su versión de teléfono fijo, o Perfectos desconocidos o La otra Missy
En nuestro teatro, los teléfonos cumplen una función tan importante como en cualquier otro aspecto de la vida, como no podía ser de otro modo. Pero hoy no vamos a hablar de los terminales, a los que ya dedicamos un estreno al analizar la evolución del fijo al móvil, sino de los números de teléfono y su importancia, especialmente en la instrucción.
Conocer el número de teléfono de una persona es fundamental cuando es parte o interviene en un proceso. De un lado, para localizarlo, sin duda. Pero, además de ello, el número de móvil puede ser la prueba fundamental en delitos que se cometen a través de aplicaciones de mensajería como Whatsapp. Y ojo, no basta con que sea el número que el investigado ha reconocido como propio en su declaración ante el juzgado, sino que hay que acreditarlo. Porque, como he dicho y repetido, el acusado no tiene obligación de decir verdad y puede mentir como un bellaco. ¿Y qué pasa si n tenemos acreditada de otra manera la titularidad del número de móvil del acusado y este el juicio oral niega que eso número sea el suyo? Pues eso.
La otra cuestión importante es la de los teléfonos de emergencias, que mucho tienen que ver con la comisión de algunos delitos. En su día, fue muy popular el teléfono de la esperanza, donde voluntarios atendían al otro lado del auricular personas desesperadas hasta el punto de evitar suicidios. Y, aunque hoy sigue existiendo y estoy segura de que se hace un buen trabajo, su popularidad no es la misma.
Hoy en día todo el mundo conoce servicios telefónico de ayuda. El 112 quizás sea la más popular, que remite a emergencias, y que en ocasiones, como está ocurriendo en estos momentos el proceso abierto por la Dana de Valencia, puede tener una incidencia esencial en la investigación.
Otro tanto sucede con otro de los teléfonos más conocidos, el 016, de ayuda a víctimas de violencia de género. Su existencia puede abortar más de una tragedia, y en más de un caso, las llamadas a este número pueden constituir un indicio importante de la comisión de este delito. Porque que no deje huella en la factura no significa que no se registren las llamadas y puedan conocerse de ser necesario.
Ahora ha surgido otro número, que está llamado a constituir otro instrumento importante, el 017, referente a la violencia digital, que apenas ha empezado sus pasos. Y contamos con otros números de ayuda a menores o los de ONG dedicadas a la asistencia general o a sus diferentes ámbitos de actuación.
Y, por supuesto, no podemos olvidar los números de atención de la policía, sobre todo los archiconocidos 091 y 092.
El problema de todos estos números de emergencia es el colapso, del que sin duda, ya he citado el ejemplo más claro, el que se produjo en la Dana de Valencia, pero que también ocurre con cualquier catástrofe natural o accidentes. Los ejemplos son muchos y variados. Aunque también se puede encontrar una sin cobertura y pasar una peripecia como la que contaba en otro estreno, sobre salvamentos
Así que, sálvese quien pueda. Y no olvidemos llamar a uno de estos teléfonos cuando haga falta, y hacerlo armados de paciencia, por si acaso. Y no nos confundamos con el famoso estribillo de Rafaella Carra. Aunque el aplauso no se lo daré a ella son a quienes atienden todos estos teléfonos. Porque lo merecen