
El lenguaje es el instrumento por el que nos comunicamos las personas, y aunque no todo el lenguaje es hablado y cada día tiene más importancia lo audiovisual, podemos seguir defendiendo eso de que por la boca muere el pez. El pez, y el racismo, la xenofobia y la intolerancia de cualquier clase, esa que ha dado lugar a tantas películas, de Criadas y señoras a El color púrpura, de Arde Mississipi a Matar a un ruiseñor, de Invictus a Adivina quién viene a cenar. Y muchas más que podríamos citar
En nuestro teatro, el racismo y la xenofobia y sus primos hermanos la islamofobia, el antisemitismo o el antigitanismo están tan proscriptos que la comisión de acciones que humillen por estos motivos o la difusión de mensajes de este tipo que inciten al odio no solo es que está rematadamente, sino que constituye un delito. El delito de odio, al que ya hemos dedicado más de un estreno. Y lo que nos queda, porque esto no parece que no para. Por desgracia.
Pero hoy no voy a hablar de los delitos de odio, sino de esas conductas y frases hechas que perpetúan los estereotipos, aunque ni siquiera nos demos cuenta. Pero ya es hora de que lo hagamos.
Seguro que todo el mundo ha dicho -o por menor oído- de otra persona que ha trabajado como un negro, que ha hecho un trabajo de chinos o que ha pagado menos que un judío. O que determinada reunión era una merienda de negros. Y seguro, también, que ha escuchado alguna frase del tipo “ten cuidado, que por aquí hay muchos gitanos” o que se han referido a ellos como paradigma de atributos negativos como la falta de higiene. O que se le ha reprochado a alguien enfermizamente celoso por ser un moro Algo que es injusto y que deberíamos hacernos mirar, pero que ahí sigue
Y es que hasta el propio refranero está salpicado de estos prejuicios, y muchos de ellos de todo menos subliminales. Claros y bien claros, dicen cosas tan humillantes como “si quieres ver a un gitano trabajar, mételo en un pajar” “el cariño como hermanos y el dinero como gitanos”, respecto al pueblo gitano. Otros, se refieren a las personas judías con frases tan poco delicadas como “el gato y el judío de cuanto ven dicen mío”. Y algunos hacen un pastiche de racismo, machismo, xenofobia con sentencias como “el judío y la mujer vengativos suelen ser” o “judíos y gitanos no son para el trabajo”. Y es que el refranero será sabiduría popular pero, cuando dice estas cosas, es muestra no de sabiduría sino de torpeza popular. Una torpeza que a veces reproducimos sin darnos cuenta. Y solo son algunos pocos de los muchos ejemplos que he encontrado
Es muy conocida en Toguilandia la referencia a algo que se conoce como la “maldición de la gitana”: “pleitos tengas y los ganes”. Esto, que puede parecer gracioso, y una muestra de una realidad casi incontestable -más vale un mal acuerdo que un buen juicio- no lo es tanto si nos fijamos en lo que estamos dejando caer: que son las gitanas las que maldicen, en vez de dedicarse a otros menesteres, y que el pueblo gitano es especialista en juicios, y no precisamente desde la parte togada de estrados. Algo que, hoy en día, está absolutamente fuera de la realidad. No hay más que venir un día a la guardia y comprobarlo.
También son muy manidas frases como la ya citada de que determinada cosa se convirtió en una merienda de negros, aquella otra no se la salta un gitano u otras más imperceptibles, como la referencia al dinero negro o irregular, por contraposición al blanco, que es fetén, o la insistencia en que las cosas se blanquean cuando se les quiere dar una apariencia buena -blanca- a cosas que son negativas.
Así que, acabo con un consejito. Igual que Antonio Machín le pedía al pintor que pinta con amor que pintara angelitos negros, yo lo que pide es que abramos nuestras mentes y nos dejemos de estereotipos caducos e injustos. Y que nos pongamos en la piel de quienes se vean afectados, que a lo mejor sí dan importancia a aquello que nos parece que no la tiene. Tampoco pido tanto. ¿No?
Por eso, precisamente, mi aplauso de hoy es para quienes ya se fijaban en estas cosas y evitaban caer en el prejuicio. Y, por supuesto, el de mañana será para quine lo haga a partir de ahora. Que no se diga.