Salomonismo: el difícil punto medio


              Todo el mundo ha oído alguna vez eso de que “en el punto medio está la virtud”. El problema es cómo encontrar ese dichoso punto medio. Según la tradición, o la leyenda urbana, o lo que sea, Salomón con sus decisiones, era un hacha en eso de hallar el punto medio. Y en muchas otras cosas, si nos fijamos en la cantidad de películas que se la han dedicada a lo largo de la historia del cine: Salomón y la reina de Saba, Las minas del Rey Salomón, El rey Salomón o, simplemente, Salomón.

              En nuestro teatro hay que encontrar muchas veces ese punto medio donde está la virtud, aunque no siempre es fácil de hallar. Y no siempre tirar por la vía de en medio es hacer justicia, aunque pueda parecerlo.

              Como sabemos, la Justicia suele representarse gráficamente con una balanza. Y esa balanza se supone que tiene que inclinarse hacia el lado correcto que, no es, necesariamente, mantenerse en un punto de equidistancia. De hecho, como esto no es un partido de fútbol, el empate es muchas veces imposible. El problema es quién mete gol, si lo hace en fuera de juego, y quién comete un penalti, dicho sea en términos futbolísticos ahora que la Eurocopa nos tiene con el balompié presente a toda hora.

              En la jurisdicción penal, el salomonismo es difícil de encontrar. En la inmensa mayoría de los casos, nos encontramos con unas acusaciones que piden una condena y una defensa, que pide la absolución, y encontrar una postura intermedia es casi imposible. Porque o se condena o se absuelve, no queda otra. Otra cosa es que se condene a mucho menos de lo que se pedía, y que eso se quiera “vender” como un punto intermedio. Precisamente, en eso se fundamenta, entre otras cosas el instituto de la conformidad . Bueno, en eso, y en el dicho popular de que más vale un mal acuerdo que un buen juicio, que suele ser una verdad como la copa de un pino.

              No obstante, hay veces que por más que nos empeñemos, ese punto de salomonismo es imposible.  Cuando de situación personal se trata, o se acuerda la prisión o la libertad, y no hay más vuelta de hoja. Y, aunque la libertad sea con medidas que la limitan o restringen, como la fianza , la obligación de comparecer apud acta, la retención del pasaporte, el alejamiento, o la colocación de un dispositivo telemático de control, o se está en la cárcel o no, y no hay más.

              En otras materias, es más sencillo eso del salomonismo. Si de dinero se trata, especialmente. Nada más fácil que calcular si uno pide 4 y otro ofreces 2, que el punto medio sea el 3. Es de cajón. Aunque no siempre sea lo más justo. Al fin y al cabo, tampoco lo era partir al bebé que reclaman dos madres como acordó el Rey Salomón, y ha pasado a la historia por esa decisión.

              Además, cuando hablamos de otras cuestiones especialmente delicadas, no nos podemos quedar en el simplismo de ir al “ni pa ti ni pa mí”. Porque podríamos acabar cometiendo una injusticia de graves consecuencias. Cuando se trata, sin ir más lejos, en decidir sobre una guarda y custodia, cuando ambos progenitores la reclaman, la decisión más salomónica sería la e acordar la custodia compartida. Y esta es una solución no cada día más frecuente sino amparada por la ley. Pero hay excepciones, como es el caso de la violencia de género o de caso de maltrato al menor. En estos casos, acordar una custodia compartida sería tan injusto como perjudicial para el menor. Y las consecuencias podrían ser devastadoras.

              Por último, hay ocasiones en las que, no siendo posible encontrar ese punto medio, si es que, al menos, compensar el hecho de que no se encuentre, esto es, que no se haga justicia. Y en eso consiste la fijación de una indemnización. Como las cosas no se pueden reponer al estado que tenían antes de que el hecho dañoso rompiera el equilibrio, la única manera de compensar se cifra en dinero. Y así, se indemniza a quine ha sufrido lesiones en un accidente, o a quien ha sido despedido injustamente o se le ha despojado de algún bien.

              Y con esto se baja el telón por hoy. Y se baja por completo, que para eso nada de medias tintas. Como tampoco debe haber medias tintas a la hora del aplauso. Y este corresponde hoy, a todas y cada una de las personas que en su trabajo logran encontrar ese punto medio donde está la virtud. Con todo lo difícil que resulta

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