
Vaya por delante que el término sabelotodismo no es mío. Ya me gustaría. Se lo leí el otro día en un artículo a Irene Vallejo y decidí adoptarlo, porque no puede ser más expresivo. Al César lo que es del César. Dicho esto, he de recordar que, hasta este momento, poco sabíamos de las cárceles de Tailandia más allá de lo que la saga de Bridget Jones quiso enseñarnos en el cine en Bridget Jones: Sobreviviré, una película que trataba, como s frecuente n el cine, de exprimir el éxito del Diario de Bridget Jones y que hoy, visto lo visto, me ha vuelto a la cabeza.
En nuestro teatro y, a pesar de lo que parezca si vemos la tele estos días, no hay mucha gente que sepa de Derecho tailandés. Ni de Sri Lanka, Burkhina Faso, Uzbekistán, Mali o Belice, por poner algún ejemplo. Al contrario, en Toguilandia cada día se valora más la especialización porque, como dice el refranero, quien mucho abarca poco aprieta. Por más que lo intente.
Pero, si salimos del imperio de las togas y nos trasladamos al imperio de las pantallas, florece el sabelotodismo con toda la fuerza del mundo. Ha ocurrido con el asesinato cometido en Tailandia presuntamente por el hijo -y nieto- de un famoso actor, pero no es la primera vez. Ni será la última, me temo. Las tertulias de magazines y programas varios se llenan de supuestos especialistas en Derecho tailandés y, lo que es casi peor, de esos sabelotodistas que igual hablan de esto, como de física nuclear, cambio climático, filosofía pura y hasta, si surge, de la cría del calamar salvaje. Nada se les resiste.
Llevamos todo el verano con este asunto, con corresponsales de todas las teles y periódicos enviados a Tailandia para seguir minuto-resultado hasta la más mínima noticia de ello, sea la comida que ha hecho el reo, las visitas que recibe o el corte de pelo que le han hecho. Incluso la casualidad – o no- ha hecho coincidir en las emisiones veraniegas de TVE dos reposiciones de series del padre del interfecto -el Ministerio del tiempo y La señora- y otras de su abuelo, la antológica Curro Jiménez. Así que no han hecho falta serpientes de verano. La realidad siempre supera a la ficción.
Sin embargo, no es el primer, ni el único caso, de las mismas características, pero, como el protagonista no tenía un árbol genealógico tan florido, otros pasan casi desapercibidos. O sin casi. En 2016 otro español fue condenado a pena de muerte en Tailandia por el asesinato de un empresario, aunque luego fue conmutada la pena, algo similar a lo que le ocurrió a otra mujer, condenada a muerte por tráfico de drogas, aunque ella acabó cumpliendo en España la pena de prisión tras serle también conmutada. Igualmente, hay otro español condenado por asesinato en Tailandia, cometido, por cierto, en la misma isla donde presuntamente se cometió el crimen de marras.
Por su parte, cerca de mil españoles cumplen condenas en cárceles extranjeras, una lista encabezada por Francia, Alemania y Marruecos, y donde el delito estrella es el de tráfico de drogas. Aunque tal vez los casos más conocidos, y no tanto por la fama de nadie sino por el empeño de su familia en demostrar su inocencia, sea el de Pablo Ibar, que finalmente esquivó la pena de muerte, pero sigue cumpliendo condena de cadena perpetua por unos hechos que siempre ha negado. Mejor suerte corrió, también en Estados Unidos, Joaquín José Martínez, quien ostenta el nada envidiable récord de ser el primer español que salió del corredor de la muerte y que, al final, obtuvo una sentencia de no culpabilidad.
Pero, con alguna excepción, poco se sabe de estas historias. No sé dónde estarían los especialistas en Derecho Tailandés que ahora afloran como hongos. Seguramente, se hallaban ocupados en otras especialidades a cuyo carro se subieron por mor de la actualidad informativa.
Eso era lo que ocurría no hace mucho, con la gestación subrogada, la adopción internacional y hasta el testamento ológrafo, a raíz del nacimiento de una criatura, presunta nieta de una famosa por la conjunción del semen de su difunto hijo y un vientre de alquiler. Por supuesto, es bastante conocido el hecho de que esta práctica -sea de quien sea el material genético- está prohibida en nuestro Derecho, pero la caterva de conocedores de la legislación estadounidense y de cómo aplicarla al caso aparecieron por doquier. Aunque lo mejor de ese caso fue la definición que la famosa en cuestión hizo del testamento ológrafo confundiéndolo con una manifestación de voluntad hecha de viva voz. Para quien no transite nuestro mundo, aclaro que el testamento ológrafo es algo que vemos en muchas películas: un escrito, generalmente a mano, donde el testador dispone, sin necesidad de formalidades, el destino de sus bienes. Quienes estudiamos la oposición lo conocemos por el testamento de Pacicos de mi vida, por referencia a una sentencia de 1918 donde la amada transmitía a su amado su fortuna con un “todo para ti, todo, para que me quieras siempre y nunca te olvides del cariño de tu Matilde”.
También surgen sabelotodistas a cada paso cuando de okupas se trata. Porque, sin empacho ninguno, confunden okupación con otras cosas como imago de rentas. Pero, sobre todo, porque han inventado una ley inexistente, que no se cortan en alegar, que se supone que dice algo así como que no podemos echar al okupa, que le debemos pagar los suministros durante 3 años y no sé que más. Seguramente tendremos que pagarle la fiesta de cumpleaños sin que siquiera nos deje un trocito de tarta. Vaya usted a saber cómo surgió esta manifestación de bulolegalismo,
Otro asunto que hizo correr ríos de tinta que, a su vez, regaron el florecimiento de sabelotodistas fue el de Juana Rivas, de la que pocos se acuerdan ahora, pero que ocupó horas y horas de programación de todo un verano. De pronto, todo el mundo conocía al dedillo el derecho italiano y, como no, los convenios internacionales que regulaban la sustracción de menores. A lo que añadían todo lo que su imaginación tuviera a bien.
Por último, contaré una anécdota, que deja bien a las claras que el sabelotodismo tiene el futuro asegurado. Estaba yo dando una charla a todo el alumnado de un pueblo, acerca de mis libros, de la violencia de género, y de lo que surgiera. Un muchachito de no más de 17 años, muy envalentonado, me dijo que lo que yo les estaba exponiendo acerca de la ley no era cierto. Traté de rebatirle, citándole el contenido de la ley, y él, ni corto ni perezoso, me dijo que yo no conocía la ley, pero que, si le proporcionaba mi dirección de correo electrónico, él me la enviaría para que la supiera. Tal cual lo cuento
Nada nuevo bajo el sol. En su día, ya hablamos de la todología , prima hermana del sabelotodismo. Y mucho me temo que seguiremos viendo ejemplos, incluso cuando todo el mundo haya olvidado el desgraciado asunto del crimen de Tailandia. Por eso el aplauso de hoy no puede ser otro que el que dedico a quienes no se dejan llevar por ese bulolegalismo -este palabro si es mío- del que hablaba antes Y de nuevo una mención a Irene Vallejo por ese término tan inspirador con el que he titulado este estreno, y, por supuesto, a @madebycarol, por prestarme una vez más su ilustración para este estreno