De cine: del celuloide a Toguilandia


              Hay frases de películas que han pasado a formar parte del imaginario colectivo. Desde El padrino a Toy Story, de La guerra de las galaxias a Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Lo que el viento se llevó a El exorcista, son muchas las películas cuyo legado, además de audiovisual, es una frase que se incorpora a nuestras vidas y pasa a formar parte de ellas para siempre.

              En nuestro teatro no podíamos ser menos e incorporamos estas frases rápidamente, incluso sin darnos cuenta de ello. Porque no puede ser de otro modo.

              En algunos casos, ya el propio contenido de la frase nos conecta directamente con Toguilandia sin ningún género de dudas. ¿Quién no ha caído alguna vez en la tentación de llamar a un letrado “Abogadoooo” con la entonación característica del pavoroso protagonista de El cabo del miedo? ¿Quién no ha emulado a Groucho ante un documento indescifrable y ha aludido a la parte contratante de la primera parte? ¿Quién no ha dicho con voz de ultratumba, que en ocasiones veo muertos, en sentido literal, como el niño de El sexto sentido, o en sentido figurado?

              Aunque quizás una de nuestras figuras más característica, los testigos, ha dado lugar a los momentos más hilarantes o al menos, curiosos. Más allá de emplear una y otra vez el tan socorrido A dios pongo por testigo de Escarlata O’Hara, yo soy más de Chus Lampreave que, en un momento inolvidable de la no menos inolvidable Mujeres al borde de un ataque de nervios, afirmaba que ella era testiga de Jehová y que no podía mentir, añadiendo que eso es lo malo de las testigas, que no pueden mentir. Todavía me dan ataques de risa cuando una amiga, que sabía que iba a ser llamada a testificar en una causa bastante mediática, hizo su propio homenaje a la actriz refiriéndose a sí misma como “testiga” y diciendo que por eso no podía mentir. Algún día lo contaré con detalle en mis memorias, si ella no se adelanta con las suyas. Y, por supuesto, no me refiero a las Memorias de la fiscalía, por si alguien se equivoca.

              De todos modos, no hace falta que las frases tengan relación directa con Toguilandia. Todo puede trasladarse a nuestro mundo, y así, nos hemos sentido ante la estrechez de algunos espacios como en el camarote de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera, y nos ha costado no sucumbir a la tentación de añadir “y dos huevos duros”. También hemos sentido ante algunas de las cosas que pasan en los juicios que nos giraba la cabeza como a la niña del exorcista y si no preguntamos eso de ¿“has visto lo que ha hecho la guarra de tu hija? No es por falta de ganas. Y, por supuesto, cuando un juicio se repito una y otra vez, hemos afirmado encontrarnos ante el día de la marmota de Atrapados en el tiempo.

              Y no olvidemos un clásico. Cuando, inasequibles al desaliento, nos sentimos con fuerzas para presentar los recursos que hagan falta ante todas las instancias habidas y por haber, decimos que iremos Hasta el infinito y mal allá, como el Bud Lightyear de Toy Story. Y, si en algún momento del periplo no podemos con nuestras vidas, exclamamos que no siento las piernas como Rambo. Y, por supuesto, cuando recobramos las fuerzas, pedimos Más madera, de nuevo con Groucho.

              Confieso que yo, que además de toguitaconada tengo querencia a los tutús y las zapatillas de punta, me animo a mí misma cuando las cosas no van demasiado bien recordando a la profe de Fama repitiendo con su bastón eso de que La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagarlo, con sudor. Si las cosas siguen cuesta arriba, me repito eso de Houston, tenemos un problema como si estuviera en Apolo XIII y hasta aviso con un Teléfono rojo. Y si, finalmente, la cosa no sale como una esperaba, bien muy bien tirar de Casablanca y repetir que siempre nos quedará París.

              En otras ocasiones, las lecciones de filosofía de la madre de Forrest Gump son muy útiles, tanto casi como un informe forense para determinar la imputabilidad, al decir que Tonto es el que dice tonterías. Y hablando de informes periciales, un buen resumen de las pruebas de ADN es la frase antológica de la saga de las galaxias, Yo soy tu padre. A lo que siempre cabría contestar, con Clark Gable, que francamente, querido, me importa un bledo. Y es que Nadie es perfecto, una de mis frases favoritas, de esa escena memorable de Con faldas y a lo loco, aunque en nuestro caso sería Con togas y a lo loco.

              No acabaré este estreno sin pediros que vengáis a la luz, como la Carolyn de Poltergeist, para dar el aplauso merecido a quienes, inasequibles al desaliento, no se desaniman ante el fracaso y, con Escarlata de nuevo, repiten lo de mañana será otro día. Y, además, nos invitan a seguir con un Ven a jugar con nosotras, como las gemelas de El Resplandor. ¿Vamos?

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