#ArtistaInvitado: Joan Comorera


Hoy tengo la fortuna de que mi querido amigo Joan Comorera, ex senador, abogado y persona cabal donde las haya, se mi invitado especial

Pero, sobre todo, quienes tienen la suerte son las personas que me leen, que pueden disfrutar de su opinión en un tema de hoy y de siempre: las prisas.

Para saborear despacio

LAS PRISAS SON …

Las prisas son malas consejeras, las prisas no son buenas, las prisas son malas compañeras, …, cuantas veces habremos oído estas expresiones. Aprovecho que Susana me invita a escribir en su exquisito blog para reflexionar sobre las prisas.

En un mundo donde el tiempo cada día es más precioso y en particular para los que nos dedicamos al mundo de Toguilandia un bien escaso, hay que saber conjugarlo con hacer las cosas bien o, por lo menos, lo mejor posible.

Me explico.

En una de las últimas guardias del turno de oficio me tocó un asunto de amenazas con instrumento peligroso entre personas que compartían piso.

Se tramitó como juicio rápido. El Fiscal solicitó en su escrito de acusación como medida cautelar una orden de alejamiento del detenido hasta la celebración del juicio oral. 

Por parte del juzgado de guardia se preparó toda la documentación para hacer de una tirada antes de subir al detenido de los calabozos de la sede judicial. Algo habitual para agilizar y más cuando ya llevas casi cuatro horas de espera en el juzgado de guardia para que le toque a tu detenido.

Pues bien, entre toda la documentación ya preparada estaba la orden de alejamiento en base al artículo 544 bis LECr.

Todo eso cuando ni siquiera había declarado el detenido. La justicia ha de ser justa, pero además debe parecerlo. Los tiempos deberían respetarse. Imagínense la cara del detenido cuando acaba de declarar dando su versión de los hechos y acto seguido le entregan la orden de alejamiento. O la mía cuando ya sabes que digas lo que digas en defensa de tu representado la decisión ya está tomada de antemano.

Pobre derecho a la tutela judicial efectiva enfrentado a las prisas.

Podemos entender la dinámica de trabajo en el juzgado de guardia, pero ello, no debe ser óbice para respetar un mínimo el derecho de tutela judicial, del que también goza cualquier detenido.

Así lo expuse en el recurso de reforma y en el de apelación contra la orden de alejamiento y tanto Juzgado de Instrucción como Audiencia Provincial no dedicaron ni una frase al tema en sus resoluciones.

Creo que al menos hay que dar la apariencia que se respeta el procedimiento y los derechos del justiciable, por mucha prisa que tengamos para acabar. Es difícil que la persona afectada confíe en la justicia cuando ve que todo está decidido antes que ni siquiera haya podido abrir la boca. Y difícil me resulta a mí convencerle de lo contario ante hechos como el relatado.

Otro ejemplo que me explicaba el otro día un compañero en esas eternas esperas en los juzgados a que nos toque el turno. A él le pasó algo similar, pero en este caso con una vista de prisión provisional para el detenido.

El funcionario entra en el despacho antes de la vistilla con la carpeta de las Diligencias Previas y la etiqueta de “Causa con preso”.

Realmente no anima mucho a presentar tus argumentos para fundamentar la libertad provisional de tu defendido.

Luego llegó el Auto de prisión provisional.

Deberíamos seguir los tiempos y no adelantarnos a los procesos con las prisas por acabar, la confianza del ciudadano en la Justicia lo agradecería.

Pero las prisas no son patrimonio de Toguilandia y de sus operadores.

Como algunos saben hice un inciso en mi vida de abogado para pasarme algo más de tres años en el Senado en un regalo de vivencia personal que me hicieron los ciudadanos con su voto.

En el mundo de la política también vi que las prisas no son buenas, por ejemplo, en la tramitación de leyes. Como saben cuando una ley es aprobada en el Congreso pasa a la cámara de segunda lectura que es el Senado. Ello debería servir para introducir mejoras, si es el caso, o modificar errores que puedan haberse advertido en el redactado de la misma.

Pues en más de una ocasión observé que se aprobaron leyes a sabiendas que había algunos errores gramaticales o artículos que podían ser contradictorios con otros. Especialmente en el caso que fueran leyes que se debían transponer de una Directiva comunitaria y se iba con retraso en su tramitación y, claro, con la amenaza de multa sobre España.

Si en el Senado movías una coma del texto la ley no quedaba aprobada automáticamente, sino que debía volver al Congreso para una nueva votación y eso significaba más retraso (y la espada de Damocles de la multa encima). Conclusión, se aprueba como está y si más adelante hay que modificar los errores ya se hará.

Las prisas (bien sea por falta de tiempo o por no hacer las cosas cuando toca) traen en muchas ocasiones chapuzas. Tenemos que esforzarnos todos un poquito más para conjugar prisas y trabajo bien hecho, porque las prisas como dice el dicho son malas consejeras.

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