#DonesEsmorzadores: igualdad a la mesa


                Cuando yo era pequeña, alguna vez escuché decir a personas mayores que a los hombres se les conquista por el estómago. Y, aunque siempre he pensado que a hombres, y a mujeres, y a hasta a animalicos si me apuran, se les llega muy bien por esa vía, además de por otras, era un dicho que confirmaba un reparto de roles que todavía perdura aunque no lo creamos.  Y, además, no olvidemos que una buena comida siempre es un buena excusa para todo, incluida una buena película, como El festín de Babette, Ratatouille, Comer, beber, amar o Bon Appetit, entre otras muchas.

Hoy en nuestro teatro me voy a salir, aparentemente, de los márgenes de Toguilandia para contar cómo cualquier excusa es buena para perpetuar la igualdad entre hombres y mujeres. Y pocas excusas como un buen festín gastronómico.

En mi tierra, Valencia, existe la buena, magnifica costumbre de almorzar –esmorzar- No me refiero a hacer un tentempié, ni un brunch o como quiera que se diga, ni a hacer un kit kat para tomarse cualquier cosa para aguantar en pie y seguir adelante. Hablo de palabras mayores, de almorzar como está mandado. O como decimos por estos lares, esmorzar, que nunca esmorzaret. Ni esmorzaret ni caloret, por cierto, que ya tenemos bastante cruz con que nos recuerden de vez en cuando ese episodio de lo más bochornoso.

Para almorzar no basta con tomarse un bocadillito. Hay que hacer toda una liturgia, que empieza por la arrancaora y acaba con el cremaet, ambos con el carácter espirituoso que cualquiera puede imaginar a poco que se ponga, y tiene por protagonista un bocadillo que es mucho más que eso. En el ínterin, como si del plazo para recurrir se tratara, es absolutamente necesario el plato de cacahuetes con su cáscara -cacau amb corfa-, las olivitas, los altramuces, y todo lo demás que tenga a bien disponer el hostelero-anfitrión de que se trate. En medio, un bocadillo a elegir que suele ser de todo menos ligero –ni falta que le hace-, y con más fundamento que las sentencias mejor motivadas. Y, por supuesto, no hay «visto para sentencia» sin el cremaet correspondiente, una suerte de café que no solo es un café.

Pensará alguien, y con razón, que lo que cuento tampoco es tan raro, y que en todas partes cuecen habas o almuerzan de uno u otro modo. Y también pensará, y sin razón, que a ver que tiene que ver este romance con la igualdad, que ya se me ha ido la pinza y que cualquier excusa es buena para soltar mi matraca. Y eso si que no.

Y es que, si miramos bien, en cualquiera de las mesas de bares donde se almuerza, encontramos una mayoría arrolladora de hombres. Hombres que, según la tradición, almorzaban y arreglaban el mundo mientras sus señoras cocinaban y arreglaban la casa , como fiel reflejo de una época en que las mujeres ni siquiera podían abrir una cuenta corriente sin el permiso de su señor esposo.

Pero hete tú aquí que los tiempos han cambiado, que las mujeres tenemos igualdad formal en nuestro país, pero que la sociedad a veces no acaba de creérselo. Y eso del almuerzo pude ser una buena muestra.

Así fu como mi ya buena amiga Coca de panses –su nombre de guerra que, traducido es algo así como Torta de pasas- me metió en este maravilloso berenjenal de les dones esmorzadores, mujeres que nos introducimos en esta cultura del almuerzo que aparecía como tan masculina, para formar parte de ella. Y ojo, no solo con el consentimiento, sino con el beneplácito y aplauso de los señores, con Paco Alonso a la cabeza, periodista y alma máter de esta historia.

Y así, a lo tonto a lo tonto, os he contado como de algo aparentemente poco relacionado con el derecho, se puede sacar jugo jurídico, y de los buenos, ese que emana de la Constitución y que consagra nuestros derechos, la igualdad entre ellos.

Para acabarlo de rematar, este año nos sacaron en una falla, a la cultura del almuerzo en particular y a les dones esmorzadores en particular. ¿Se puede pedir más? Pues eso

Así que aquí lo dejo por hoy, con la sonrisa puesta y la digestión hecha, aunque no me olvide del aplauso. Y ese va destinado, sin duda alguna, a quienes han hecho posible esta iniciativa, y demuestran que la igualdad no solo se hace efectiva a través de textos legales.

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