Credibilidad: la línea invisible


A veces, más de las que una quisiera, es difícil hacerse creer. A las dificultades de las víctimas, especialment4e de determinados delitos, se han dedicado varias películas y series de televisión, entre las que ahora me viene a la cabeza una peli que ya tiene tiempo, Acusados, y una serie de hace poco, Creedme

En nuestro teatro, la credibilidad de las víctimas es algo que se cuestiona más veces de las que debería. Por más que profesionales de la medicina forense nos repitan que el dictamen sobre credibilidad de una persona adulta en plenas facultades es inútil, porque pude fabular o decir la verdad como cualquier persona, seguimos encontrándonos de vez en cuando con ese tipo de peticiones.

Pero no se trata de ningún dictamen pericial. El testimonio de la víctima es en muchos casos, la única prueba para enervar la presunción de inocencia y aunque el Tribunal Supremo tiene dicho desde hace mucho tiempo -mucho antes de la ley integral contra la violencia de género- que ese testimonio puede ser suficiente para enervar la presunción de inocencia, el requisito de verosimilitud sigue planeando sobre las víctimas junto con el miedo a no ser creídas

Hoy nuestra función trae consigo un relato sobre eso, un relato que fue seleccionado para su publicación en la Antología del I Certamen de relato corto Acen.

LA MALA MEMORIA´-

Entonces, ¿quién le hizo eso es su novio?

-Era mi novio. Pero…

-Venga, no se ponga así. Todo el mundo sabe que las mujeres a veces exageran

´-Pero él me violó

Vamos, vamos. Váyase a casa y seguro que hacen las paces y el día de mañana me lo agradece

A pesar de su mala memoria, el agente de policía A-27 nunca olvidaría la última frase que escuchó de la mujer aquella noche. Sobre todo, porque la siguiente vez que vio aquellos labios estaban tan amoratados como sus ojos, y fríos como el resto de su cuerpo.

Hacía ya diez años de aquello, pero el agente de policía A-27 todavía lo recordaba. A pesar de que en sanatorio donde le trataban se quejaban de su mala memoria.

Le costaba recordar su nombre, pero nunca olvidó el de aquella mujer que, noche tras noche, se le aparecía en sus pesadillas para recordarle que no la había creído.

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