Vacuna: la gran esperada


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Hoy nuestro escenario abre el telón para una función especial. Un relato relacionado con la pandemia, la igualdad, y lo que podía haber sido y no fue

Una vez más, la ilustración de @madebycarol pone el mejor marco posible a la historia

¿Apetece?

Pues aquí está. Luces, cámara, ¡acción!

 

Ucronía

-Doctora Albors ¿Cómo ha recibido este premio?

-Con alegría, claro. Aunque el premio a este descubrimiento ya lo había recibido antes.

-¿Qué quiere decir?

-El premio para una científica son los resultados que salvan la vida de las personas o la mejoran. Y, en este caso, saber que la vacuna ha evitado lo que hubiera llegado a ser una pandemia mundial, como dijo el director de la Organización Mundial de la Salud, es la mejor recompensa posible.

El año 2020 amenazaba con ser el peor que había vivido la humanidad desde hacía mucho tiempo. Una enfermedad desconocida había empezado a causar estragos en China y se temía que se extendiera hasta hacerse incontrolable.

Por fortuna, alguien se había adelantado a los tiempos y dio con algo que podía atajar lo que habían anunciado como una posible pandemia. Una científica española, que estaba trabajando en una vacuna contra la gripe, se percató de que su trabajo podía ser útil para esa neumonía extraña y enormemente virulenta.

No se equivocó, y consiguió una vacuna eficaz en un alto porcentaje de casos. Tanto, que hacía apenas unos días que se había anunciado que el riesgo de pandemia había sido abortado, por más que hubiera que ser prudentes.

Mientras se preparaba para la ceremonia, Amparo echó la vista atrás y recordó cómo empezó todo, casi por casualidad.

Ella siempre había tenido a su madre como modelo a seguir. Fue una científica muy importante en España e hizo descubrimientos relacionados con las enfermedades epidémicas de enorme importancia. Muy sonado fue en su día un estudio que partía del virus de la mal llamada gripe española de 1918, aunque al final no se le encontró aplicación práctica y acabó siendo abandonado

Muchos años después, su hija Amparo dio con aquello y decidió continuar con tan apasionante línea de investigación. La fortuna, la anticipación o el rigor científico hicieron que sus resultados fueran determinantes para combatir aquella epidemia de coronavirus que venía de China y que amenazaba en convertirse en algo terrible…

En esos momentos recordaba muy bien una conversación con su madre cuando todavía no había decidido hacia dónde dirigir sus pasos profesionales

-¿Sabes? –decía su madre- Casi no lo consigo

-¿Qué quieres decir?

-Mi padre se oponía a que estudiara una carrera. Y, según la ley, los padres decidían sobre sus hijas, tuvieran la edad que tuvieran. Salvo, claro está, que estuvieran casadas, en cuyo caso era el marido quien tomaba las decisiones

-Pero ¿podía impedir que estudiaras?

-Por supuesto. Podía hacerlo porque eran los hombres quienes manejaban por ley todo el dinero, aunque las mujeres lo hubieran heredado o ganado con su trabajo. Mi madre tenía unos ahorros, pero él no le iba a permitir usarlos para eso

-¿Y una beca?

-Hubiera pasado lo mismo a la hora de administrarla. Aunque, en ese tiempo, nadie le hubiera dado una beca a una mujer para estudios superiores

-¿Y entonces?

-Yo estaba casi resignada a mi suerte, aunque daba vueltas a como rebelarme contra ella. Pero alguien lo hizo antes que yo

-¿Quién?

-Lo has estudiado en Historia. ¿Recuerdas las Revueltas de la Libertad?

-Sí, claro. Fue el movimiento ciudadano que surgió en los años 50, que acabó con la dictadura de Franco, impuesta tras la Guerra Civil

-Con el triunfo de las Revueltas, se restableció la democracia y se derogaron todas esas leyes que impedían a las mujeres cosas como administrar sus bienes o viajar sin permiso de un hombre. Y también se acabaron las barreras para nuestro progreso académico. Así que logré mi beca y me matriculé. Ahí empezó todo.

Cuando Amparo recogió su premio en el escenario, se acordaba de aquella conversación con su madre, a quien dedicó el premio.

Ella, emocionada, la aplaudía desde el patio de butacas con todas sus fuerzas. A ella, y a quienes habían conseguido acabar con unas leyes injustas sin cuya derogación aquello ni hubiera sido posible.

Mereció la pena

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