Lecturas: del papel a la toga


libros

Todas las películas, sean buenas, malas o regulares, responden a un guion. Y el guion, como sabemos, puede ser original o adaptado. Son miles los libros que han sido llevados al cine, con éxito mayor o menor aunque, por regla general, todo el mundo dice que era mejor el libro que la película. No siempre es cierto, pero lo que sí que es verdad es que un libro permite imaginar los personajes cuando la película impone los que ha imaginado el director. Por supuesto, en el otro lado están todas esas personas que no saben lo que se pierden al no leer y dicen aquello de “yo mejor me espero a que hagan la peli”. De aficionados -y sobre todo aficionadas- a los libros está llena la historia del cine en cintas como La ladrona de libros o La librería, entre otras muchas, y hasta la protagonista de la película de amor por excelencia, Love Story, era bibliotecaria. Y es que sin libros el mundo no sería lo mismo

En nuestro teatro leemos, sin duda, al menos jurisprudencia y libros jurídicos. Incluso los aprendemos de memoria, como hacemos con los Códigos y los apuntes durante la carrera y especialmente al preparar oposiciones. Pero de ese otro tipo de libros habrá, como en todas partes, quien lea más y menos, y también quien los devore, me consta. Por eso hoy, a modo de divertimento -¿y algo más?- y sin ánimo de exhaustividad, vamos a intentar llevarnos algunos del papel a Toguilandia. Veremos como es más fácil de lo que parece.

Lo primero que se me viene a la cabeza al respecto es La odisea por la que pasan muchas personas que deciden denunciar o reclamar sus derechos de otro modo ante los tribunales, sea por medio de una Acción civil o exigiendo la correspondencia entre Crimen y castigo. Hay que reconocer que a veces los procesos ante El juez que corresponda se hacen más largos y más complejos que Guerra y paz o Los pilares de la tierra. Y tardan más en construirse que La catedral del mar

                Por supuesto, la investigación da mucho de sí, ya seas un profesional como Sherlock Holmes o una aficionada como Miss Marple, e incluso si eres un héroe infantil como Gerónimo Stilton. Todos tienen sus Angeles y demonios

                No es extraño que haya quien se cree que revive la historia de Romeo y Julieta, que de eso en los juzgados de violencia sobre la mujer sabemos un rato, y confunden amor con posesión como el mismísimo Otelo y alguna vez con los mismos terribles resultados. Se podría escribir toda una tesis, como La tesis de Nancy, con las cosas que se escuchan y se viven en estos juzgados. Y es que el príncipe azul no existe, ni debe existir, por más que Cenicienta o Blancanieves sigan defendiendo lo contrario

Y es que si hay un materia que no podemos pasar por alto es la relativa a las mujeres, la desigualdad y la violencia que se comete contra nosotras. Nombres como los de La Regenta, Fortunata y Jacinta, Anna Karenina o La dama de las camelias llenaban nuestra literatura de frases que las mujeres, en su propia Casa de Muñecas, no podían decir fuera de ellas, porque las Mujercitas no pueden decir siempre lo que piensan. Para muchas mujeres siempre es Tiempo de silencio, como para todas las que vivían en La casa de Bernarda Alba.

En otras ocasiones, sin embargo, lo que vemos es Mucho ruido y pocas nueces, que cosa que parecían tan complicadas de instruir como si de los Episodios Nacionales se tratara se quedan en Nada.

                Cualquier cosa puede recordar un título de libro. Ahora mismo me venía a la cabeza uno que se vendió mucho en la época en que murió Franco, Al tercer año resucitó aunque haya quien pensando en lo sufrido en aquel pasado evoque ser La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, después de tanto vivir De todo lo visible y lo invisible. También en estos tiempos una se acuerda de las referencias a la Patria y siente frío, que es un concepto en el que más de uno se ha escudado para cometer barbaridades. No hay más que desempolvar algún Retrato en sepia para recordarlo

Y es que cualquier jurisdicción, especialidad o ámbito del Derecho puede traer a la cabeza títulos de libros, por más que piense que una es La loca de la casa con tanto libro a cuestas. Si pensamos en la materia de menores, yo me acuerdo de Smokers, una novela sobre reformatorios americanos tremendo. Pero también pienso en la edad como concepto y me acuerdo de títulos como Las edades de Lulú o Edad prohibida, de uno a otro hemisferio, como si viajáramos del Trópico de cáncer al Trópico de Capricornio.

Si pensamos en racismo, xenofobia o cualquier otro tipo de discriminación, cómo no acordarse de El diario de Ana Frank o El niño con el pijama de rayas, que nos envían a una Europa, Europa que daba escalofríos. Pero otro tanto pasa si pensamos en Raíces o Criadas y señoras al otro lado del mar o, sin ir tan lejos, en El romancero gitano.

Y es que, como decía una canción, todo está en los libros. No sé si La vida es sueño, pero todos los sueños caben en los libros, se trate de Mi verdadera historia o de la cualquier otro que pueda relatar La vida a ratos. Tal vez por eso todas las personas tenemos a un Don Quijote dentro, que fue quien se cree que dijo eso de “Cambiar el mundo amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia” aunque en realidad no lo dijera nunca.

Así que ahí lo dejo. El aplauso hoy es, como dice cada semana mi amiga -y prologuista- @fanigrande para quienes leen. Y más fuerte aún si lo que leen es algo más que jurisprudencia. Porque no hacerlo es De juzgado de guardia, aunque no esté en La lista de Los siete pecados capitales

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