Clientes: ¿siempre tienen razón?


pendrive-abogada
Ningún negocio podría funcionar sin clientela. Tampoco el negocio del
espectáculo, sin duda, que tiene su sentido en el público que acude a comprar su
entrada y aplaude –o abuchea- la función. Sin público, no siquiera El mayor
espectáculo del mundo funciona. Pero, aunque hay un dicho según el cual El cliente
siempre tiene razón, a veces es difícil aplicarlo a pìes juntillas. Por eso, hay quien
acaba el dicho añadiendo que, si no es así, hay que estar a lo primeramente
enunciado, esto es, que tiene razón.
En nuestro teatro, es el justiciable quien con carácter general constituye esa
clientela que nos da sentido. Pero hoy vamos a dar un pasito más y profundizar en
una visión de los clientes que solo pueden tener algunos intérpretes, las Letradas y
Letrados. A una de ellas, Patricia, abogada y buena amiga, debo esta recopilación de
respuestas y frases que ponen muy en duda eso de que el cliente tenga siempre razón.
Empezaremos esta antología tomando fuerzas con algo que valga la pena.
Para comer, un picoslabis o hasta un psicoslabis, una mezcla ente merienda y
psicología que no sé yo qué resultados puede arrojar si se toma una cantidad
indigente de comida. Aunque siempre mejor si va acompañado de un buen vino que,
como todo el mundo sabe, es un vino de domiciliación bancaria. Olvídense los
señores que se encargan de las denominaciones de origen, que se ha acabado su
monopolio. Ahora los vinos van al banco, igual que las mamotrecas -¿una extraña
mezcla entre mamotreto e hipoteca?- Que ya se sabe que igual valen para un roto
que para un cosío, como dijo de si mismo un cliente de mi amiga, no sé si
refiriéndose a un remiendo o a un tomo de la enciclopedia de los toros. Temo que me
quedaré con las ganas de saberlo
Y es que no solo de Derecho vive el jurista, aunque las mejores aportaciones
vienen del campo jurídico por parte de quienes no están demasiado acostumbrados a
moverse en él. Así, una abogada se quedó de piedra pómez al oír a su cliente
explicar que no le habían restringido el contrato. No supo si se refería a que no se lo
habían rescindido, pero todavía lo supo menos al decirle que no había reanudado el
trato restringido, según le explicó su cuñado. Un crac, como cualquier cuñado que se
precie.
Pero ahí no acaba todo, que mi amiga abogada se quedó superfacta cuando le
dijeron que, o le arreglaba lo de la célula de habitación –mucho más que de
habitabilidad, dónde va a parar- o le ponía una denuncia por rectificadora.
Acabáramos. Y eso sí, como debe de ser, le pedía que le pasara luego la diminuta
que, por supuesto, habrá de ser ajustada a ese libro que tienen los abogados con el
barómetro de lo que cobran, según los remedios económicos que tenga cada cual. Y
ojo con no llevarse el dinero a las islas Catamarán, que todo se acaba sabiendo y
pude acabar metido en San Tintín.
En cualquier caso, hay clientes muy sabihondos que quieren examinar hasta el
encabezonamiento del escrito, ese que lo manda pal Juzgado. De ahí se manda a
reparto al Desacato de los Juzgados, y el juez que toque se estudia el asunto hasta

que lo deja listo para sentencia. Y, si no sale bien la cosa, pues a repelar la
sentencia y Sanseacabó, que más vale prevenir que jurar y es público y notorio que
del derecho al hecho hay un estrecho. Tanto, que algunos e encuentran entre la pata
y la pared.
Así que, dicho y no hecho. Acudamos a un profesional del Derecho cuando
corresponda, que para eso han estudiado, y dejémonos de cuñadismos, todógos,
sabihondos y marisabidillas, que sus lubrucaciones no llevan a ningún sitio. Y, si nos
queda lejos, tomemos nuestro vehículo de motor y, después de varias redondas, nos
involucramos en la autopista, sin olvidar usar el elevaduras eléctrico, no vayamos a
asfixiarnos.
Ahí lo dejo por hoy, prometiendo, eso sí, una segunda parte si el aplauso es
suficientemente fuerte. Yo, por mi parte, se lo dedico a Patricia, mi amiga abogada, y a
todas mis amigas y amigos que ejercen la profesión y tienen que bregar día a día con
clientes de todas clases y variedades. Un mérito enorme el suyo.

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2 pensamientos en “Clientes: ¿siempre tienen razón?

  1. Pingback: Más clientes: ¿siguen sin tener razón? | Con mi toga y mis tacones

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