Agendas: nuestra cartelera


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Una buena organización siempre es esencial, incluso entre los artistas, por más que tengan fama de bohemios y anárquicos. Y no hay organización que se precie sin una buena agenda, sea cual sea su soporte físico. Sin ella, no sabrían cuándo tienen bolos, o se les solaparían unos con otros sin remedio. Y, al fin y al cabo, ¿qué es una cartelera de cine sino una agenda? Así que, sea La agenda oculta, o sea bien visible, no podemos prescindir de ellas.

En nuestro teatro, las agendas tienen un lugar preferente. Sean las del juzgado, la personal o la de los profesionales, sea manual o digital, es uno de nuestros imprescindibles. Hasta el punto de que perderla puede convertirse en una auténtica tragedia. Con llanto, rechinar de dientes y todo.

Cuando empecé mi andadura en Toguilandia, siendo todavía una fiscalita en prácticas, mi tutor me dijo algo que se me quedó grabado. El juez tiene en sus manos el arma más poderosa: el libro de señalamientos. Pronto pude comprobar que tenía, como siempre, más razón que un santo y que aun con todo el tiempo que ha pasado y todo lo que hemos cambiado, sigue siendo una verdad irrefutable. Sin olvidar, claro, la intervención de los LAJs en esta tarea

Es cierto que ha llovido mucho desde entonces a acá. Y aunque en nuestro escenario las cosas suelen ir más despacio que en el resto del mundo, también se ha dejado sentir el avance tecnológico y el cambio -o parcheo- de algunas leyes. Ahora hay una agenda electrónica monísima, que facilita ese sudoku que hay que hacer para encajar declaraciones, juicios y guardias. Pero, se crea o no, no han dejado de existir esas agendas de cuero -o símil, claro está- de toda la vida donde se anotan las cosas. Cuántas fotocopias de sus páginas nos han pasado directamente, con la dificultad añadida en muchos casos de interpretar la letra de quien hizo las anotaciones. Hay cosas que no cambian.

También los y las fiscales tenemos nuestra propia agenda. Que, además de la propia de cada cual, viene traducida en un instrumento del demonio: las planillas. Para quien no lo sepa, se trata de un papel -o su trasunto virtual- tipo sábana que reparte los juicios entre los fiscales de la fiscalía correspondiente. Y lo de sábana no es baladí, es el perfecto revestimiento del peor de los fantasmas, porque son como un huevo Kinder pero la sorpresa nunca hace sonreír como a las criaturas del anuncio. Y si alguien cree que exagero, que se lo pregunte a cualquier miembro de la carrera fiscal, que seguro que le confirma este extremo. Porque aunque haya quien lo ignora, los fiscales no pertenecemos a un juzgado -por eso no podemos acudir a todas las declaraciones a lo que, además, no nos obliga la ley- sino que además del juzgado o los juzgados  a los que estamos adscritos, tenemos que cubrir los señalamientos de los órganos de enjuiciamiento -Juzgados de lo Penal y Audiencias-, las bajas o ausencias de compañeros y mil incidencias más, de las que las más de las veces tenemos noticia por esa agenda global que son las planillas.

Pero si hay agendas que realmente dan más terror que el mismísimo Fredy Kruger, son las de las Letradas y Letrados -o procuradores y procuradoras-. Cuando les veo sacar esa libreta manoseada, mirar el móvil o la Tablet o -versión de toda la vida- llamar a su despacho me pongo a temblar. Especialmente si se trata de poner fecha a una continuación de juicio con múltiples investigados, múltiples acusaciones, o las dos cosas a un tiempo. Yo ese día tengo guardia, yo un señalamiento a 500 km, yo un recurso en la Audiencia Nacional, yo una declaración o una vista en el Tribunal Supremo o, lo que es más gordo, yo ese día tengo programada una cesárea o me operan de menisco. Y he visto más de diez propuestas sin éxito, y eso que nadie cuenta con que el fiscal tenga algo que, salvo honrosas excepciones, ya vendrá otro que para eso la Fiscalía es única, como si nos transmitiéramos los conocimientos por telequinesia. Y ojo, que tampoco me parece de recibo lo que he oído alguna vez respecto de los letrados: “pues avise a un compañero”. Tampoco hay telequinesia abogadoril.

En cualquier caso, mientras las cosas sigan como están, no nos queda otra que hacer malabarismos para encajar todas las piezas del puzle. Por más que en muchos casos hubiera que plantearse una reforma a fondo que evitara el presencialismo a machamartillo y optara por optimizar las vistas a los casos en que son realmente necesarias. Y no lo son todos esos supuestos en que simplemente se hacen alegaciones iguales a las hechas por escrito sin práctica de prueba alguna, y se celebra vista únicamente porque la ley lo prevé.

Y ya que estamos, aprovecharé para dar unos consejitos. Las agendas, además de tenerlas, hay que ponerlas al día y anotar bien las cosas. No hagáis como yo, que alguna vez me he confundido de mes y me he plantado un mes antes en un evento extrañada de estar sola allí. También lo he hecho alguna vez porque me equivocado al mirar en el día que estamos. Aunque, por suerte, siempre me he adelantado y no he dejado de aparecer porque me haya pasado lo contrario. También conviene comprobar todas las características de las cosas, que confieso que una vez me encontré en una mesa redonda teniendo que improvisar porque no había leído el correo completo y había obviado la segunda parte -por suerte, creo que no se notó, aunque a mí casi me da un patatús-. Y, para quienes no sean de la secta del despiste, disculpad este momento del Libro gordo de Taconete.

Pero, por muy despistada que esté, delo que no me olvido es del aplauso. Hoy es para todos los operadores jurídicos que consiguen dar volteretas para atender a todo. Que a veces, es Pura magia,aunque nos volvamos Del revés, como la ilustración que tan generosamente me deja una vez más, @madebycarol2 Por supuesto, una ovación extra para ella

 

 

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