Escalofríos: palabra de víctima


victimas

Contar vivencias en primera persona es un modo frecuente de expresarse en el mundo del espectáculo. Y no solo eso. Es un modo en el que lo que sucede en el escenario llegue de un modo mucho más directo al espectador, removiéndole las entrañas, sobre todo cuando lo que se cuenta responde a hechos reales. Incluso hay casos donde vemos a alguno de los protagonistas sosteniendo la cámara –son las llamadas películas en primera persona-, como ocurre en las terroríficas Rec o El proyecto de la bruja de Blair.

Nuestro teatro tiene mucho de relato en primera persona. Y, desde luego, mucho de terrorífico o escalofriante cuando eso sucede. Y es que pocas cosas hay tan impresionantes como oir a una víctima en vivo y en directo revivir una experiencia traumática. Y a ello vamos a dedicar este estreno

En mi vida profesional, dos de las frases de víctimas que más me han impactado tuvieron lugar a propósito de delitos sexuales, uno los hechos más desgarradores que puede vivir una persona. Nunca olvidaré lo que dijo una madre que, ante la reiterada violación de sus hijas por su marido, explicaba que podía llegar a asumir que el padre quisiera “estrenar” a las niñas, pero que más de eso no le aguantaba. No entraré a juzgar la actitud de esa madre, pero todavía se me ponen los pelos como escarpias de pensar todo el mundo de machismo, estereotipos y tradiciones terribles con que hemos tenido que bregar las mujeres.

La otra frase fue la de una mujer extranjera que, mientras declaraba la violación a la que había sido sometida por su marido, nos decía que ella ya le advirtió que eso en su país no sería nada, pero que en España se llamaba violación y era delito. Espeluznante.

En la misma línea me cuenta una compañera de otra mujer que, violada de modo reiterado por su pareja, llegó a decir en el día del juicio que “ahora ya no le molestaba tanto, porque ya no era tan seguido”. Igualmente tremendo.

Y es que algunas mujeres tienen asumidas cosas inasumibles hasta el punto de que, según me relatan, hubo una mujer, víctima de maltrato, que decía solicitar una orden de acercamiento. Preguntada por la asombrada fiscal a qué se refería, dijo que le dijeran al esposo, que le era infiel, que hiciera lo que quisiera y con quien quisiera pero que luego volviera a casa, que es lo que tenía que hacer. Por supuesto, hubo que explicarle en qué consistía, precisamente, la violencia de género.

Porque, aunque cueste creerlo, todavía hay mujeres que asumen y normalizan la violencia de género que padecen. Como una de la que me cuenta otra compañera, una mujer mayor que pedía encarecidamente que “quitaran del vino” a su cónyuge porque cuando bebía la molía a palos, aunque ella decía que cuando no bebía era un hombre excelente. Por supuesto, le preguntaron acerca de la frecuencia con que bebía y le pegaba. Y la señora, en una frase que esa fiscal todavía recuerda con honda tristeza, le dijo “lo normal”. Lamentablemente, no es la única que ha oído semejante frase.

A veces, la propia espontaneidad de quien declara nos deja desarmadas. Así le sucedió a otra compañera cuando una mujer mayor, víctima de una violación por un hombre joven, explicaba que ella ya le dijo que con lo joven que era, por qué no se buscaba a una de su edad. También fue espontánea la frase de una testigo de un asesinato por violencia de género que, interrogada acerca del modo en que el autor mató a la víctima, respondió “le disparó como si fuese un conejo”, aludiendo a que él era cazador.

Por supuesto, no todo es tan triste. Así que acabaré con dos casos de los que a una se le pone una sonrisa de ternura en la cara. Uno es relativo a la madre de un acusado por impago de pensiones que, tras declarar que su hijo estaba en las últimas, y una vez apercibida por la juez de que podía quedarse en la sala si quería, se paró y mirando al fiscal, le dijo: ” ¿Qué? ¿He estado bien?”. Y tanto que debió estarlo, porque a su hijo lo absolvieron.

Y, para genialidades, la de una víctima de supuestas amenazas que decía “no puedo más, no hace más que amenazarme con volver a suicidarse”. Y conste que lo realmente insuperable fue la reacción del letrado del investigado, que dijo que estas amenazas no había que tomarlas muy en serio. Acabáramos.

Así que ahí queda eso. Es solo una pequeña muestra de lo que vivimos cada día en Toguilandia a veces con el corazón hecho un gurruño a base de encogerse. Por eso el aplauso de hoy será, además de para mis compis que con su generosidad me proporcionan material para contar, para quienes cada día bregan con estos difíciles asuntos. Gracias mil de nuevo.

 

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