Sucedáneos: lo que parece y no es


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Ya lo hemos dicho más de una vez. La realidad supera la ficción y a veces confundimos ambas. O confundimos la realidad con lo que creemos que es tal, dando lugar a situaciones hilarantes. Nada es lo que parece y, aunque en muchos casos cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia en otras Los Parecidos nos acaban proporcionando Algo parecido a la felicidad, al menos en ese efímero momento en que nos echamos unas risas.

En nuestro teatro, la afición a representaciones rimbombantes y a un lenguaje más rimbombante aún, da lugar a muchos equívocos. Y con esos equívocos vienen, en más de una ocasión, una ración extra de risas que no son fáciles de disimular. Son los sucedáneos de situaciones reales, que van mucho más allá de meras anécdotas. O no.

Uno de los mejores ejemplos nos lo da el procedimiento de habeas corpus, destinado, si prospera, a la puesta a disposición judicial de personas que han sido ilegalmente detenidas. A lo largo de mi vida toguitaconada he asistido a muchos, gran parte de ellos a horas intempestivas, pero no recuerdo ninguno que culminara con éxito. No obstante, es un proceso con mucho predicamento entre nuestra clientela, aunque hacen su propia interpretación de él. Tal vez la más conocida sea la de llamarle “corpus christi”, acompañado, según el caso, de imprecaciones marianas, genuflexiones o hasta exhortaciones a Santa Rita o a San Judas Tadeo como abogado de los imposibles. Pero una de las más memorables es la que ilustra este estreno, facilitada por un compañero, y que no tiene desperdicio. El angelito solicita, nada más y nada menos, que “bia escor Pus por falso testimonio”. Temblad de miedo, procesalistas de pro, que os ha salido una dura competencia con este jurista amateur.

Por supuesto, este no es el único sucedáneo de proceso. Otro de los mejores fue el que me contaba el otro día una abogada. La pobre se quedo ojiplática al recibir una llamada de uno de sus defendidos, habitual de la casa. El muchacho le llamó muy contento explicándole que le habían llamado del juzgado diciéndole que le había tocado un coche, como si se tratara de un premio a la fidelidad al juzgado de guardia. Obviamente, no se trataba de otra cosa que una llamada del juzgado para que fuera a recoger un auto, así que su gozo en un pozo. Pero bueno, al menos se llevó la alegría por un rato, y proporcionó un ataque de hilaridad a más de una. Y es que, como decía mi preparador, una de las primeras cosas que hay que aprender en Toguilandia es que “auto” es algo más que un vehículo automóvil.

También se quedó de pasta de boniato una víctima en el juzgado al comprobar que lo que había ideado no era más que un sucedáneo de la realidad. La mujer esperaba pacientemente en la puerta del Juzgado de guardia, a pesar de que ya hacía horas que se había resuelto su solicitud, una orden de protección que instó y fue concedida. Preguntada por la funcionaria acerca de por qué seguía allí, la mujer dijo muy convencida que estaba esperando que le dieran su móvil. Y menuda decepción que se llevó cuando le aclararon que la frase referente a que “le proporcionarían un teléfono para contactar con la policía” se refería a un número, y no un terminal. Aunque, si la pobre supiera de los modelos prehistóricos que se usan en algunas guardias, quizás se habría ahorrado la espera aunque creyera que le iban a dar el teléfono en cuestión.

Otro de los momentazos, con sucedáneo incluido, es uno que me cuenta otra Letrada y que confieso que me provocó un ataque de risa. Me decía que una de sus clientes, cuando le presentaba toda la documentación que le requería, le dijo muy seria que le faltaba el “certificado del himen”, que no lo había conseguido. Ni que decir tiene que el que necesitaba era el del INEM, pero no quiero ni pensar la de vueltas que daría para conseguir el que ella creía necesario. Aunque habría que verlo.

También recuerdo algo que me pasó hace apenas unos días. Una testigo nos dijo que ella se acogía al artículo 24 de la Constitución. Por supuesto, le dije que en eso estábamos, y que a él nos acogíamos todos. Fue entonces cuando me explicó lo que pretendía, que no era otra cosa que “acogerse a la enmienda esa por la que no declaraba si no quería”. Un curioso batiburrillo entre lo que ven en teleseries yanquis, lo que oyen en tertulias, y lo que se imaginan. Ay, si los americanos supieran la de gente que en nuestro país nos dice eso de acogerse a la Quinta Enmienda como si el Derecho Penal se estudiara a base de ver películas…

Por último –de momento- recordaré otro sucedáneo la mar de pintoresco a la par que habitual, en sus múltiples versiones. En un caso, un señor nos decía muy convencido en juicio que él estaba exento de pagar porque era insolente, que se lo habían dicho en el Juzgado. Otro, todavía más inspirado, afirmó muy serio que no pagaba porque era impotente. Digo yo que pensaría que era una desgracia bonificada.

Y ahora, cómo no, ahí va el aplauso. Que hoy dedico a todas las personas que con sus vivencias me facilitan material para estrenos como éste, y, en este caso, muy especialmente, a los abogados y abogadas de la Sección de Violencia de Género del ICAV que, en una cena de esas de hermanamiento que tanto disfrutamos, me regalaron estas anécdotas y el permiso para compartirlas. Gracias otra vez.

PD .El batín negro, la levita del especialista en enfiteusis y Fofó serán objeto de un nuevo estreno. Permanezcan atentos a sus pantallas

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