Correo: de la carta al mail


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No hace tanto tiempo, los buzones servían para algo más que para llenarlos de propaganda y de cartas del banco. Parece un universo muy lejano, pero si echamos la vista atrás tampoco hace tanto.

En la literatura, el género epistolar ha dado mucho de sí. Y en el teatro y en el cine, también. La mala de la película que ocultaba las cartas del chico al que no querían para su niñita en La casa de la Troya, las misivas romántico nostálgicas en busca de un nuevo amor de Cartas a Julieta o lo que parecía en su momento la cúspide de la modernidad tecnológica en comunicación de Tienes un email, pasando por El cartero y Pablo Neruda, son algunas muestras de lo que el correo da de sí en el cine. Y hay muchos más, algunas tan temibles como El cartero siempre llama dos veces.

En nuestro teatro, el correo postal, el de toda la vida, tiene mucha más incidencia que lo que el correr de los tiempos haría suponer. Claro que en nuestro teatro siempre vivimos un siglo menos que el resto del mundo. No íbamos a ser menos que los canarios que viven una hora menos. En Justicia, a lo grande, que no se diga. Por eso aún podemos ver en los expedientes esos papelitos rosa del acuse de recibo, y aún se utiliza el correo certificado y hasta el telegrama. Aunque parezca mentira. Que para algunas cosas, el correo electrónico y el fax todavía son tecnología punta.

Es curioso que en un tiempo en que ya casi nadie emplea el correo postal, más allá de las odiosas notificaciones de Hacienda, o de multas, las cartas del banco o la propaganda, nosotros sigamos en nuestro mundo. Hace unos ocho años, en una ocasión en que le dije a mi hija que teníamos que ir al buzón para enviar unas postales de felicitación, le pedí que me acompañara antes al estanco a comprar sellos. La criatura no sabía qué eran, y traté de explicarle. Cuando los vió, me dijo muy seria: “habérmelo dicho, yo tenía unas pegatinas  mucho más bonitas”. Y es que ya no conocen en qué consiste eso del correo no-electrónico. Sin embargo, casi una década después, en Toguilandia se sigue viendo como habitual.

Tan habitual es que en todos los Juzgados, Fiscalías y similares, existe una bandeja del correo. Una bandeja en sentido literal, de plástico, con sus bordecitos y todo. Nada de un icono en la pantalla del ordenador. Y también hay funcionarios encargados de repartir el correo. Y ojo que no se lleve al día, que tan pronto puede haber una bomba de relojería en forma de carta que cuenta cualquier cosa, que la notificación de un trámite procesal o señalamiento con su temporizador de plazos adosado.

Recuerdo que no hace mucho que nos dijeron que a partir de ese momento nos iban a mandar las Instrucciones, notas de servicio y demás por correo electrónico en lugar del papel. Como si fuera la pera limonera. Y aún hubo quien se quejaba, no creamos. Pero eso sí, las cosas como las notificaciones de trienios, las concesiones de comisiones de servicio para asistir a un curso y cosas similares siguen llegando en su cartita, con sobre y todo. Y también llegan por correo los tarjetones rimbombantes con invitaciones a actos protocolarios –cuando llegan, claro- y las felicitaciones de Navidad de todas las instancias posibles.

Pero donde más se ve el correo postal es en los expedientes. Certificado, por acuse de recibo, por valija… Una viva muestra de que lo del Papel 0 es un cuento chino. Porque si el papel fuera realmente 0, no habría nada que meter en los sobres, digo yo. Pero igual son cosas mías.

Lo que sí tenemos a la orden del día es el correo electrónico. El famoso mail. Pero a la orden del día de ayer. Porque, como siempre, parece que en Justicia se descubren las cosas cuando en otros sitios ya se van dejando atrás por obsoletas. Debe ser nuestro sino.

No obstante, reconozco que me causan cierta ternura las cartas de toda la vida, los buzones, y los sellos. Aunque, eso sí, agradezco sobremanera no tener que lamer el reverso para que se pegue. Al menos ahí algo sí que hemos avanzado, que recuerdo de pequeña el sabor amargo y dejarme la lengua como un esparto. Y también recuerdo  de una compañera de colegio que, cuando nos dijeron que las notas las mandarían en una circular, preguntó si había sobres redondos

Así que hoy el aplauso no sé si dárselo a los carteros y carteras o a quienes reciben las misivas. Esto es, a todos los habitantes y usuarios de Toguilandia. Porque tenemos cartas para rato.

 

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