#historiasporlaigualdad


cuchilla

Por este 8 de marzo, desde el escenario de Con Mi Toga y Mis Tacones nos sumamos a a reividicación con una de esas #historiasporlaiguadad que ojala nunca hubiera de ser contada

 

CUCHILLAS

– Mamá, ¿Qué son cuchillas?

Con esa sencilla pregunta, mi hija abrió la caja de los truenos. Ya no hubo manera de cerrarla.

Traté de explicarle lo obvio. Que son unos instrumentos afilados que sirven para cortar, con los que, además, tenían que tener mucho cuidado las niñas pequeñas como ella. Pero no le convencieron mis explicaciones. Siguió preguntando para qué servían, y cómo se usaban. Y, aunque me extrañó la pregunta, seguí explicando con paciencia que las usaban los hombres para afeitarse, y también las mujeres y algunos hombres para depilarse y, a veces, para cortar papel u otras cosas. Pero insistí en que ella no debía usarlas. A no ser que  la supervisaran en el colegio.

Como me llamó la atención tanta curiosidad por algo tan nimio, quise seguir preguntándole. Y entonces me contó una historia que jamás una niña de nueve años debería saber. Y menos, vivir.

Al parecer, ese día en el colegio la profesora les había encargado un trabajo manual algo complicado. Las criaturas estaban emocionadas con aquella tarea, un pequeño monumento que deberían construir entre todos. Y les había dicho que, entre el material necesario, podrían traer cuchillas, siempre que las utilizaran con una persona adulta delante.

Según me contó la niña, de pronto, una de sus compañeras, Amina, rompió a llorar desconsoladamente. Repetía una y otra vez que las cuchillas eran malas, que ella no quería saber nada de eso, y que tampoco quería que nadie las usara. Y lloraba y lloraba sin parar.

La maestra se acercó a ella y trató de consolarla sin mucho éxito. La niña no paraba de llorar. Así que les dijo que cambiarían aquel trabajo hasta nueva orden. Que no harían el monumento cortando maderitas y que lo convertirían en un concurso de dibujo. Y entonces, aunque Amina pareció calmarse, el resto de la clase se enfurruñó. Les habían estropeado la diversión sin siquiera explicar por qué. Así que se enfadaron con Amina, a la que culpaban de haberles fastidiado la fiesta.

Amina era buena amiga de mi hija, aunque, según contaba, era demasiado tímida. No se relacionaba mucho con la gente y tenía siempre una expresión de temor pintada en sus grandes ojos oscuros.

Pero mi hija no se conformaba con dejar así las cosas, de modo que siguió insistiendo.Y, aunque Amina se resistía a contárselo, acabó sabiéndolo.

La niña vivía en casa de unos tíos suyos, que llegaron a España desde su tierra varios años antes. Había conseguido llegar tras una odisea tremenda. Y todavía tenía pesadillas al recordarlo. Por eso jamás hablaba de ello.

Hasta poco tiempo antes, había vivido en su país, rodeada de una madre que la adoraba pero que vivía supeditada al hombre que le asignaron por marido, el padre de Amina y de sus tres hermanas. La mayor de ellas despareció un día de la mano de su padre y de una mujer mayor a la que nunca habían visto y jamás volvió. En su casa nunca volvieron a hablar de ella. Era como si la tierra se la hubiera tragado. Al cabo de un tiempo, aquella mujer volvió a aparecer por su casa. Se llevó a Amina y a sus dos hermanas, dos mellizas un año menor que ella. Y, antes de que se dieran cuenta, estaban en una habitación donde solo había un camastro y una vieja cuchilla oxidada. De pronto, Amina recordó las historias que contaban otras niñas de viejas que les cortaban “ahí abajo” con un instrumento como aquel y les hacían mucho, mucho daño. Tanto, que algunas nunca volvían. Como su hermana mayor. Y, llevada de un impulso irrefrenable, quiso coger a sus hermanas y salir corriendo en cuanto se descuidaran. Ella logró huir, pero las mellizas no pudieron huir. Y ella escapó prometiéndoles que volvería a por ellas.

Amina tuvo suerte, si es que se podía llamar así. Una pariente la vio escondida entre unos árboles y comprendió lo que pasaba. Se hizo cargo de ella hasta ponerla en contacto con alguien que la llevaría a un sitio muy lejano, allá donde no cortaban a las niñas con cuchillas. Y le hizo ver que era imposible llevara a sus hermanas, como ella quería

Los siguientes días fueron una vorágine de preparativos, mientras Amina permanecía oculta  Antes de que se pudiera dar cuenta, estaba en una barca de goma, sin más equipaje que un chaleco salvavidas que su tía pagó a precio de oro. Amina recordaba aquella travesía como una pesadilla, aunque según dijeron luego, también tuvo mucha suerte. Habían conseguido llegar a tierra firme sin demasiados contratiempos, aparte de un frío atroz, una sed horrible y un miedo que se le quedó impregnado en la mirada para siempre. Cuando creían que estaban a salvo, una enorme valla les separaba de la tierra prometida. Otra vez cuchillas. Las que coronaban esa valla.

A partir de ahí, la memoria de Amina se borraba. Hasta el momento en que fue rescatada no sabía por quién. Alguien se encargó de buscar a esos tíos con los que vivía actualmente, cuyos datos había aprendido de memoria obligada por aquella pariente de su madre que la escondió cuando salió huyendo de aquella habitación con una cuchilla oxidada.

Esta es la historia que me refirió la maestra de mi hija, la  historia que le tuve que contar. La historia que una niña de nueve años no tendría que conocer nunca.

 

Llegó el día de la fiesta del colegio. La clase de mi hija exponían lo que parecían simples dibujos.

Pero quienes asistimos a aquella celebración escolar nunca la olvidaremos.Debajo de una pancarta de colores, se apilaban un montón de cartas de organismos nacionales e internacionales. Habían logrado dar a conocer la historia de Amina.

Cuando volvimos la cabeza, no podíamos creer lo que vimos. Dos niñas idénticas, algo más pequeñas que Amina, la abrazaban sin parar de llorar. Encima de ellas, lucía, más hermosa que ningún monumento la pancarta: “Que ninguna cuchilla corte nuestro derecho a vivir en igualdad”. 

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7 pensamientos en “#historiasporlaigualdad

  1. Desgarradora historia. Es una mezcla de tristeza, impotencia, rabia y tambien, afortunadamente, de esperanza. Pobres criaturas que se ven sometidas a tradiciones crueles e inhumanas que buscan la anulacion de las mujeres. Menos mal que esta niña pudo escapar de ese infierno. Enhorabuena por la narracion. Fluida, dinamica, concisa, atractiva y llena de sentimiento. Un placer leerte!

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  2. Me ha dolido tanto que a pesar de ser invisible, nohe podido resistir a comentar. Es una historia horrorosa, pero con un final “ameno y cálido”, ya que imagino, esas niñas estaran sufriendo esa barbarie de por vida, borrandola de sus mentes a veces, pero nunca olvidando.

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