Cansancio: enemigo a la vista


cansancio

Todos nos hemos sentido cansados alguna vez. Qué digo alguna vez, hay días que nos sentimos cansados en todo momento, incluido el tiempo que dedicamos a dormir. Y no el Sueño Eterno, precisamente, que con 5 o 6 horitas tenemos que tirar para adelante. En el teatro y en la vida.

En el teatro no tiene nada de raro que los artistas lleguen a sentirse cansados. Por más que desde fuera veamos un mundo de glamour, debe de ser agotador repetir un día tras otro la misma función, en ocasiones con las dos funciones diarias. Debe ser agotador trabajar cuando todos se divierten y salir de gira y pasar meses sin ver a los seres queridos. Aunque compense. Pero hay un cansancio peor que el físico. El del hastío. Cuando ya no hay mariposas en el estómago y la ilusión se toma unas vacaciones. Interpretar papeles que no gustan, acudir a saraos que no apetecen solo por ser vistos, y hasta hacer algún que otro montaje en pro de una promoción que venden como necesaria. Cosas que se ven menos desde fuera, pero que deben hacer mella. Recordemos si no aquellas escena de un Fernando Fernán Gómez espetándole improperios a un admirador. O ya ex admirador, visto lo visto.

También en nuestro teatro tenemos un poco de ambos. Del físico y del anímico, que es peor. Y es un enemigo a batir. Porque si quienes participamos en la función no damos todo lo que podemos, o nos dejamos llevar por la apatía, corremos el riesgo de convertir la Justicia en mera burocracia y quien pierde es nuestro público, el ciudadano.

Claro está que el cansancio físico es inevitable. En un mundo donde en muchos casos los horarios son una quimera, las horas robadas al sueño, al solaz o a la familia pueden acabar pasando factura. Recuerdo a nuestros estimados espectadores que hasta hace nada jueces, fiscales y LAJs ni siquiera teníamos reconocido el derecho al descanso tras una guardia de 24 horas, de una semana o de un fin de semana entero. Y que aún teniéndolo ya reconocido, al menos en parte, muchos no hacemos uso porque los medios personales no lo permiten. Y aún hay más: estamos a vueltas de si nos reconocen algún derecho derivado de la sentencia que reconoció una compensación económica por no haber tenido ese descanso al que teníamos derecho al juez que tuvo arrestos y ganas para pleitear sobre ello.

Y los abogados, aun lo tiene peor, o al menos igual aunque sea de otro modo. Como son sus amos y señores, si no trabajan no solo no cobran, sino que se les pueden marchar los clientes, con los que no es extraño ver a alguna letrada dando el pecho a su bebé en los tiempos muertos de la guardia. Porque, recuerdo a algunos que, aunque hay guarderías, allí no amamantan. Y porque hay que trabajar, so pena de verse sin Nada en la Nevera.

Pero como decía, ese no es el peor cansancio. El peor cansancio es el que viene de la mano de la desilusión y la abulia. Y lo malo son quienes contribuyen a ello dándonos unos medios tan penosos que nos hacen sentirnos como Don Quijote ante los molinos de viento. Esos molinos llamados plazos de instrucción, lexnet, sistema informático, reformas sin presupuesto, penuria de medios, falta de personal y mil cosas más. Y aquí no hay Dulcinea que valga, que no me imagino yo a un ministro viniendo a conquistarnos vestido de posadera con corpiño y enagua. Ni aunque fuera ministra, vaya. Aunque si nos trajera ordenadores, plazas, sedes dignas, sistemas informáticos en condiciones y a los sustitutos que eliminaron, bien podría venir vestido –o vestida- de lagarterana que a buen seguro le haríamos la ola.

Aunque a veces hay que reconocer que hay cosas que te reconcilian con el mundo y te dan más energía que una tonelada de complejos vitamínicos. Esa víctima que te da las gracias por haberle ayudado a salir del pozo del maltrato, esa persona que ha recuperado un dinero que veía perdido gracias a la acción eficaz de su abogado, esos perjudicados que ven por fin reconocido su derecho por una sentencia judicial, el menor que se ha reintegrado a la sociedad, los que ven que quien les destrozó la vida debe pagar por ello…Y entonces, el cansancio se diluye y la satisfacción te pinta una sonrisa profiden en la boca para poder seguir tirando hacia adelante.

Pero señores, tampoco hace falta que nos lo pongan tan difícil, que todo tien un límite, y los Cuatro fantásticos andan ocupados salvando el mundo para podernos echar una mano en todo momento.

Así que hoy el aplauso es para todos los que a base de ilusión, ganas y esfuerzo, ponen al mal tiempo buena cara y vencen al cansancio, físico o anímico. Para los que se levantan cada mañana diciéndose a si mismos “a por ellos, que son pocos y cobardes” ¿Quién se apunta?

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3 pensamientos en “Cansancio: enemigo a la vista

  1. Una duda que me ha surgido al leerte. La desilusión, desapego y cansancio tanto físico como psíquico puede llevar en ocasiones a algunas enfermedades mentales o burn out. ¿Si a un fiscal, que ya ha superado la oposición, como consecuencia del estrés/predisposición genética de la responsabilidad que ostenta llega a sufrir una enfermedad mental (bipolaridad, esquizofrenia) se le podría apartar de la carrera fiscal?

    Porque es imprescindible que se cuide el bienestar físico y psíquico de los fiscales.

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