Secreto: shhhhs


SCRETO

Por contradictorio que parezca, no todo es público ante el público. Hay cosas que se guardan más sigilosamente que el Tercer misterio de Fátima. La última entrega de Harry Potter, por ejemplo. O, hace nada, la nueva entrega de la saga Milennium, para cuya escritura han sometido al autor a condiciones, cuanto menos, pintorescas, como escribirlo en un lugar desconocido a todo el mundo y sin acceso a internet. ¿Y qué decir de romances secretos, tanto en la ficción como en la vida real?. Un filón para cualquier paparazzi conseguir que dejen de ser secretos que supone a veces cantidades astronómicas.

El secreto es también el leit motiv de muchas obras, desde Top Secret a la Flor de mi Secreto, desde Secretos y Mentiras hasta Anacleto, agente no tan secreto. Y desvelar el secreto siempre acaba haciendo más atractiva la película.

En nuestro escenario, también tenemos nuestros secretos. Grandes y pequeños, oficiales y extraoficiales. Y el secreto de sumario, esa invocación casi mágica que a todos pone nerviosos y hace salivar a más de un periodista.

Pero vayamos por partes. Y empecemos por los pequeños secretos, esas cosillas que todos sabemos pero nadie reconoce. Entre ellos, aparte de los cotilleos acerca de los protagonistas que, como en todos los ámbitos, corren por los pasillos y cambian de versión conforme van yendo de boca en boca, los secretillos profesionales. Prácticas o costumbres que a veces usamos y que, generalmente, están encaminadas a suplir con ingenio lo que es un secreto a voces: que es un milagro que con los medios que tenemos podamos sacar las cosas adelante. Pero como quiera que salen, no desvelaré nada más, no se me vaya a echar encima nadie. No querría que los secretos dejen de serlo.

Y luego está el secreto oficial. El externo y el interno, el extrínseco y el intrínseco, como se dice de modo rimbombante. Algo así como el de primera y de segunda división. Importantes ambos, faltaría más. Que menudos sustos ha dado más de una vez un equipo de segunda a los galácticos equipos de primera división. El secreto interno sería el de siempre, el común y corriente, equivalente a la reserva o sigilo que todos debemos guardar respecto a los procedimientos en los que somos parte o en los que actuamos como profesionales. El que tiene sus límites en los derechos de los que intervienen, esencialmente la intimidad o el honor, y la necesidad de que la investigación no se vaya al garete. Y que hoy en día es tan difícil de guardar a rajatabla, que los móviles son una tentación muy grande y permiten grabar juicios, declaraciones y cualquier cosa. Y luego vemos lo que vemos en la prensa.

Pero el gran secreto de nuestro teatro es el secreto de sumario. Algo de lo que todo el mundo habla y de lo que no todo el mundo sabe. Y es que no es otra cosa que una declaración del juez por la que establece que ese procedimiento tiene un secreto reforzado sobre cualquier otro, que concierne a todo lo que se refiere a la investigación y que tiene, además, un plazo de tiempo limitado –un mes, prorrogable- Aunque que nadie crea que eso implica que no se pueda decir nada de nada. Determinadas circunstancias, como la situación de prisión o libertad en que queda el imputado, pueden contarse y de hecho así lo dice la propia Fiscalía General del Estado. Como he dicho alguna vez ante un compañero asustado porque le preguntaban al respecto, es secreto de sumario, no secreto de confesión. Acabáramos. Que somos profesionales de la justicia, no Montgomery Clift en Yo Confieso.

Y ahí está parte del intríngulis de la cosa. Ese supersecreto nos afecta a los que intervenimos, no a terceros. De modo que si un periodista se entera de algo comprendido en este secreto y lo publica, no está vulnerando nada. Lo vulnerará, en su caso, quien se lo haya hecho llegar si era de los obligados a guardar sigilo. Otra cosa es su sensatez o su buen criterio a la hora de desvelar datos que puedan perjudicar a la investigación, pero ésa es otra historia. Y si el periodista desvelara quien fue su fuente, incurriría en la revelación de otro tipo de secreto: el secreto profesional. Nada menos

Eso sí, a partir del momento del juicio oral, las actuaciones serán públicas. No vamos a hacer una representación sin espectadores, claro. Aunque con una excepción, los juicios a puerta cerrada, que es como se hacen algunos procesos cuando entran en juego los derechos de personas especialmente vulnerables, como los menores. En ese caso, la representación está restringida a un pequeño grupo de público, el que está relacionado con ella. Porque siempre hay que proteger a quien más necesitado está de protección.

No obstante, llevar la obligación del sigilo hasta sus últimas consecuencias ha supuesto en ocasiones circunstancias cuanto menos pintorescas. Como lo que me ocurrió una vez que, preguntado un asustado policía en prácticas por el juez y la fiscal sobre un detalle del atestado, nos dijo que no nos lo podía decir porque era secreto. Y como de ahí no lo sacábamos, le dijo al final el juez que levantaba el secreto –que él mismo había decretado- por un tiempo y así podía contárnoslo todo. Y se quedó más tranquilo, vaya que sí. Por supuesto, terminada su declaración, le dijimos que volvía a existir el secreto que jamás se alzó. Pero eso sí, guardadme el secreto.

Así que vaya hoy el aplauso para todos los que, con su profesionalidad, impiden que se vaya al traste la investigación y el trabajo. Porque a veces el trabajo secreto merece un reconocimiento público

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