MODERNIZACIÓN: HORIZONTES LEJANOS


FISCALES 3.0

Modernización. Palabreja poco moderna donde las haya porque, allá donde se use, presupone la existencia de algo viejuno, algo que hay que airear a cualquier precio. Pero claro, bien pensado que en Historia la Edad Moderna ya acabó hace algún que otro siglo, dando paso a la Edad Contemporánea, tal vez habría que comprender que por lo que tenemos que apostar es por la contemporaneización. O todavía mejor, por la futurización. Cuán largo me lo fiais…

Y todos, todos, necesitamos modernizarnos –o futurizarnos- Es evidente que el espectáculo así lo hace día a día, a pasos agigantados. Del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color y de ahí a las tres dimensiones. Hasta el infinito y más allá.

Y en nuestro teatro también queremos, vaya que sí. Pero es difícil ofrecer un espectáculo en tres dimensiones y con todo lujo de efectos especiales cuando muchas de las normas que rigen el procedimiento datan de muchos años antes de El cantor de jazz, película que determinó el paso del cine mudo al sonoro. Por poner solo un ejemplo, cuando entró en vigor la Ley de Enjuiciamiento Criminal, aun faltaban unos añitos para que Charles Chaplin naciera. Con eso lo digo todo.

Pero nada es imposible. Así que los protagonistas de esta función debemos esforzarnos hoy más que nunca a acoplarnos a los tiempos. Es más, deberíamos adelantarnos a ellos, porque sólo de este modo podemos servir de un modo efectivo y eficiente al ciudadano. Aunque nos lo pongan difícil.

Pero no podemos poner excusas para intentarlo. Y deberíamos empezar por preguntarnos si realmente hacemos este esfuerzo por ofrecer un espectáculo acorde con los tiempos. Aunque quizás no nos agrade del todo la respuesta. O tal vez sí.

Por empezar por lo más visible, la puesta en escena, no podemos negar que a ojos de muchos resulta caduca, y, sobre todo lejana. Togas, placas, medallas, cortinajes y discursos no casan del todo bien con el paso de los tiempos. La tradición está bien, pero no le vendría mal una pátina de modernidad o al menos una pasada por chapa y pintura. Y al lenguaje también le haría falta un buen repaso, para que lo entendieran aquellos a quienes va destinado, y no fuera una jerga ininteligible que necesite de un jurista como traductor. Habría que recordar que no es más listo quien más palabrejas utiliza, sino aquél que hace fácil lo difícil. Así de simple.

Y en este repaso, también tendríamos que examinarnos los protagonistas. Más allá de que los medios que pongan a nuestra disposición hagan juego con la vetustez de algunas leyes, sería preciso plantearnos si de verdad queremos ingresar en el presente. Entender que la tecnología es una aliado, no un enemigo, que las redes sociales no atrapan a nadie si se saben usar y que tienen un poderoso poder de transmisión, que los medios de comunicación no son el diablo reencarnado sino el vehículo por el que nuestro trabajo viaja hasta el ciudadano. Y por supuesto, que TIC es algo más que un movimiento involuntario de un músculo del cuerpo.

Solo si así lo planteamos, conseguiremos llegar del Fiscal, o el Juez, o el Letrado 1.0 al Fiscal, juez o Letrado 3.0, ese ser que toma los medios a su disposición y los usa en beneficio del servicio público al que se debe. Ni más ni menos.

Así que, aunque el telón se nos raje, los focos se fundan o las tablas del escenario crujan, esforcémonos en dar al público una representación digna del siglo XXI. Hagamos un esfuerzo por futurizarnos y tal vez aquellos a quien corresponda se vean obligados a hacer un esfuerzo parejo por futurizar nuestro entorno.

No es fácil, pero nada es imposible, como decía. Y nuestro público se lo merece todo. O seguiremos ofreciéndoles una y otra vez El día de la Marmota. No olvidemos que ya estamos en el año que Regreso al futuro databa como futuro. Aunque más bien sea un futuro imperfecto.

¿Podremos conseguir que esos Horizontes lejanos de modernización se tornen Horizontes de grandeza? Parte de ello está en nuestra mano. Más allá de lo que nos permitan las Candilejas. Así que vamos a ello. Nos jugamos la ovación, el aplauso, y el Óscar.

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