PERITOS: CUÉNTAME…


peritos 3

Fiel a su cita, se abre el telón de nuevo en nuestro escenario. Y hace su entrada un nuevo personaje, otro de esos actores de reparto cuya labor convierte en protagonistas cuando entran en acción. Acuden a la llamada de las musas cuando el “Houston, tenemos un problema…” se hace evidente en la representación y, responde como solo ellos saben al “Cuéntame lo que pasó” con el que formulamos nuestra llamada de auxilio, desde estrados, en el propio escenario de la sala de vista, o mucho antes, cuando desde el juzgado de guardia empezábamos a vislumbrar el argumento de nuestra obra.

Los peritos son como esos científicos sabihondos que salen en muchas películas, y en un pis pas, nos explican lo que llevamos intentando comprender desde el principio de la representación. Como Sherlock Holmes, o esa Señorita Marple –o Hércules Poirot- de las obras de Agatha Christie, o la Jessica Fletcher de Se ha escrito un crimen y hasta la reciente y patria protagonista de Los Misterios de Laura, pasando por cualquier otro detective resolvedor de enigmas. Personajes capaces, con sus palabras de dar explicación a lo inexplicable. Como si todo fuera fácil. Como si fueran MacGyver construyendo un avión con una caja de cereales, un chicle y una goma de pelo.

Bajo el amplio paraguas del término “peritos” tenemos una gran variedad de especialistas de todas las materias imaginables. Peritos médicos en todas sus especialidades, genetistas, biólogos, balísticos, calígrafos, químicos, psicólogos, tasadores, informáticos, económicos, Inspectores de Hacienda o de Trabajo, trabajadores sociales, arquitectos o ingenieros, técnicos en medio ambiente… Cualquier profesión imaginable puede ser traída a nuestro espectáculo para prestarnos los conocimientos que nos faltan sobre una materia determinada. Análisis toxicológicos o de drogas, informes psiquiátricos, dictámenes sobre lesiones y sus secuelas físicas o psíquicas, tasaciones periciales, análisis de ADN, estudios sobre autoría de las firmas, sobre contaminación, sobre defraudaciones fiscales y sobre cualquier cosa. Un perito es determinante para cosas tan nimias como determinar el valor de la botella de colonia hurtada en un supermercado o tan trascendentes como determinar la paternidad de alguien, la autoría de una agresión sexual o la causa del derrumbe de un edificio o de un accidente laboral. Son solo algunos ejemplos, que podríamos citar “hasta el infinito, y más allá”.

Los peritos, como sabemos, pueden ser de parte o de oficio. Esto es, pueden ser llamados por el propio director de la función, o ser traídos por uno de los que en ella intervienen, para dar explicación a lo que sea preciso. Entre los primeros, los hay que forman parte del reparto fijo de nuestra compañía teatral, como los médicos forenses, o que están esperando la llamada de su representante para acudir a hacer su papel en la función. Pero como los médicos forenses, y también los miembros de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ya tuvieron su debut hace un tiempo en nuestro escenario, vamos a centrar el protagonismo en los otros, los que sólo vienen de vez en cuando, llamados por el director o por cualquier otro, nombrados de oficio o aportados por la parte.

En cualquier caso, un perito es un perito, y está obligado a cumplir bien y fielmente con su pericia tal conforme al juramento que presta en cuanto pone su pie en el escenario. Lo aporte quien lo aporte. Evidentemente, es difícil que una parte aporte una pericia de algo que le pueda resultar perjudicial, pero ello no puede significar nunca que el perito vaya a mentir para favorecer a quien le contrató. Ni puede, ni debe hacerlo, so pena de cometer un delito.

Los peritos vienen a suplir nuestra ignorancia en muchos temas –por desgracia, no podemos saberlo todo- y lo hacen de todas las formas imaginables. Unos, con un lenguaje tan técnico que se hace difícil entenderlos, otros, a la pata la llana, y, los más de ellos, en ese justo término en que está la virtud. Con el poder en sus manos de poder cambiar el final de la película, que no es poca cosa.

Acuden a la llamada de la selva, ese “Rupert, te necesito”, que hace que aparezcan en la guardia, en el curso del proceso, en el Juzgado o en la sala de vistas, a compartir con nosotros su sapiencia. Y a dar explicación a lo que parece inexplicable y hacer fácil lo que parece difícil. Pero, ojo, que si importante es lo que ellos saben, más aún es saber preguntárselo. Y no siempre somos conscientes de eso: hay que saber preguntar para que ellos sepan qué responder. No lo olvidemos.

Por último, antes de darles la ovación merecida, recordemos que perito se escribe tal cual. Como una pera pequeñita, pero en masculino. Sin tilde. Y una vez aclarado este detalle, aplaudamos. Porque con la llave maestra de su ciencia, ayudan a que el espectáculo tenga ese final feliz que todos deseamos.

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2 pensamientos en “PERITOS: CUÉNTAME…

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