
Quienes ya tenemos una edad, seguro que recordamos un spot de televisión en que se instaba a la gente a pagar al fisco, concienciando de la necesidad de pagar impuestos en beneficio de toda la sociedad. La frase “Hacienda somos todos” pasó a formar parte de nuestro lenguaje coloquial hasta nuestros días. Y, aunque pueda parecer un tema poco proclive a manifestaciones artísticas, lo es si se rasca un poco. Recordemos que a Al Capone se le condenó por evasión de impuestos, como vemos en películas como Los intocables. Y que Judas Iscariote, el discípulo traidor que dio El beso de Judas que cambió la historia, era recaudador de impuestos antes de enrolarse a las filas cristianas. Otras películas que abordan el tema son Todo a la vez en todas partes o El contable, por poner solo dos ejemplos más.
En nuestro teatro los impuestos o tributos juegan, sin duda alguna, un papel importante. Y no solo porque dejar de pagarlos pueda constituir delito, sino porque, como ciudadanos y ciudadanas nos interesa sobremanera que se paguen impuestos para mantener y mejorar los servicios públicos, entre los cuales la Justicia es, como sabemos, la hermanita pobre.
Así que empecemos con lo más evidente, la evasión de impuestos, que no se llama exactamente de ese modo pero que, así denominada, suena mucho más contunden. No en balde fue el delito por el que condenaron a Al Capone, al que, paradójicamente, no pudieron pillar por sus muchos crímenes de sangre.
Aunque mucha gente crea que no pagar a Hacienda es delictivo, esto no es del todo cierto. En primer término, porque hay personas que no tienen obligación de pagar IRPF ni ningún otro impuesto por sus circunstancias económicas. Pero, sobre todo, porque para ser encausado por delito fiscal se ha de superar determinada cuantía -bastante elevada, por cierto- en la defraudación del IRPF o de cualquier otro impuesto estatal, autonómico o local, y si no se supera no hay delito. Lo cual, por cierto, no quiere decir que quine no paga a Hacienda se salga de rositas, sino que comete una infracción administrativa y de la multa no le libra nadie. Si le pillan, claro está.
El delito fiscal no siempre ha sido un delito tan moralmente reprochable. De hecho, cierta picaresca de eludir impuestos o pagar menos de lo que se debería pagar era socialmente admitido e incluso quienes lo cometían se jactaban de ello en algunos ámbitos.
Además de todo esto, es un delito especialmente ligado a personas famosas, sobre todo a personas famosas que cobran cantidades de dinero considerables, por no llamarlas indecentes. La primera defraudadora famosa que recuerdo fue Lola Flores, hace tantos años que yo ni siquiera había acabado la carrera de Derecho. Su petición a la ciudadanía para que todo el mundo pagara una peseta para librar a La Faraona tuvo mucha repercusión, y eso que entonces no había redes sociales. Pero del juicio no la libró nadie, y fue condenada a multa y pena de prisión, que nunca cumpliría porque era delincuente primaria y cumplía los r4equiitos para suspender la pena. Pero los efectos fueron muchos y muy variados, incluso un cambio de legislación y el aplazamiento del período para hacer la declaración de la renta ese año, lo que afectó a quienes estábamos en la Facultad hasta el punto de no tener ley concreta y vigente que estudiar.
Otros famosos más actuales que se han visto sentados en el banquillo por defraudar a Hacienda han sido, con diversos resultados, futbolistas como Messi, o actores como Imanol Arias o Ana Duato, o cantantes como Shakira que incluso le dedicó una despechada canción a su ex donde le reprochaba que le hubiera dejado la deuda con Hacienda. A buen seguro que sus derechos de autora cubrieron la cuantía, que, como ella misma decía, las mujeres no lloran, las mujeres facturan. Y encima, fue finalmente absuelta, aunque, como apuntaba antes, eso no significa que no tuviera que pagar una ingente cantidad a nuestro fisco.
En el caso de los futbolistas fueron varios los que se vieron envueltos en semejante circunstancias, y también han sido diversos los resultados. En cualquier caso, lo que me llamó la atención, y muy negativamente, del caso de Messi, era la gente que se concentraba en la puerta de los juzgados apoyándole sin tener en cuenta que no se trataba de un héroe sino, en todo caso, de un villano que nos había defraudado a todos, por más que le diera al balón como los mismísimos ángeles, si es que hay ángeles balompédicos.
Para acabar con estas pinceladas, y por arrimar el ascua a mi sardina, recordaré la gran labor que hace la fiscalía de delitos económicos p para perseguir estos delitos. Un trabajo difícil y no siempre agradecido. Al césar, lo que es del César.
Al hilo de esto, una curiosidad. ¿Sabíais que la figura de los fiscales nació como recaudación de impuestos y fue evolucionando hasta su configuración actual, que nada tiene que ver? De ahí el uso de la palabra “fiscal” que etimológicamente viene de “fisco”, que es la Hacienda pública. Y de ahí también las confusiones que de vez en cuando encontramos con personas que piensan que nos dedicamos a los impuestos y nos piden consejos para su declaración de la Renta
Y hasta aquí, estas reflexiones sobre algo que nos afecta mucho más de lo que pensamos. Por eso hoy el aplauso va contra esos adalides de la persecución del fraude fiscal, que bien lo merecen