Victimización secundaria: últimas consecuencias


Todo el mundo conoce personas que no superan o superan difícilmente un acontecimiento traumático, aunque el procedimiento judicial haya terminado incluso de forma satisfactoria. En el cine, encontramos ejemplos en películas como Sin miedo a la vida, respecto de un accidente de avión, o La furia, en cuanto a una violación. Y es que el Derecho Penal no tiene todas las respuestas.

En nuestro teatro, la denominada victimización secundaria es algo así como el pan nuestro de cada día. Consiste en el sufrimiento adicional de las víctimas más allá del dolor en sí mismo por lo sucedido, y está muchas veces relacionada con los que las víctimas de cualquier delito tienen que pasar a lo largo del proceso.

Me explico mejor. Como sabemos nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal estaba ideada para otra realidad, la de hace dos siglos y que, por más que se haya reformado, su esquema va resultando obsoleto y difícilmente soportable. Eso hace que la víctima de una vivencia traumática que da lugar a un procedimiento judicial se vea sometida continuamente a la obligación de revivir lo sucedido a través de las diferentes declaraciones que a lo largo del proceso debe prestar.

Veamos cómo sucede en la práctica con una mujer víctima de una violación. Esta mujer ha de decidir, en primer término, si interpone o no denuncia , porque de ella depende que, salvo excepciones, el procedimiento siga adelante o no, como vimos en el correspondiente estreno. No obstante, mientras no ha tomado la decisión, la investigación continúa adelante, y tiene que someterse a un examen médico donde habrá de contar o sucedió, con todo lo que representa. Además, habrá de interponer la denuncia, en su caso, y declarar en el juzgado, y una vez hecha esta declaración, volver a declarar en el juzgado de guardia para adoptar las medidas que procedan, como libertad o prisión del acusado o alejamiento respecto de ella, y en el juzgado correspondiente, una vez repartido, si es necesario o se solicita por alguna de las partes. También tendrá que ser examinada por el médico forense, una o varias veces, ya que, si tiene lesiones, hay varios partes hasta la curación, son o sin secuelas. Puede tenerse que someter, también, a algún examen psicológico o psiquiátrico para valorar su afectación y sus secuelas y, en cualquier caso, habrá de declarar en el juicio. Todo esto supone un vía crucis para la víctima que ve como, cada vez que intenta seguir adelante y pasar página, se ve obligada a volver al juzgado y revivir los hechos. Algo difícil de sobrellevar.

Es cierto que cada vez más se intenta evitar todo este rosario de declaraciones, sobre todo cando de menores se trata, con instrumentos como la prueba preconstituida o la declaración en cámara Gessel, pero están lejos de generalizarse. A modo de resumen recordatorio, aclararé que la prueba preconstituida es aquella que se celebra antes del proceso, pero con todas las garantís de modo que no es preciso con volver al a realizar en el juicio oral, sino simplemente aportar la grabación a la vista. Respecto a la cámara Gessel es un tipo de prueba preconstituida que se practica especialmente con menores, donde las preguntas se hacen a través de un profesional de la psicología en un ambiente amable para el menor, lejos de togas y estrados.

Pero, además de lo que ocurre en el proceso, la victimización secundaria puede tener lugar más allá de Toguilandia, por ejemplo, con lo que se lee contantemente en medios de comunicación y redes sociales. Es difícil retomar una vida lejos del trauma si constantemente se emiten programas que lo recuerdan y que, además, opinan sin ninguna consideración.

Incluso en el propio entorno se puede encontrar la víctima con consecuencias. Bulliyng en el colegio o comportamientos hostiles por parte del vecindario serían una muestra. Hay un caso especialmente sangrante en lo que ocurrió en un pueblo de Alicante en los años 70, donde una niña que fue violada fue además rechazada por el pueblo, hasta el punto de que la madre acabó prendiendo fuego al violador y acabando con su vida. El libro Fuego de Gema Peñalosa lo refleja muy bien.

Así que, en la medida de lo que nos concierna, tratemos de no hacer más daño a quien tanto ha sufrido con un trato humano y respetuoso. Mi aplauso es, desde luego, para quien así lo hace, aunque a veces las prisas de la guardia y la sobrecarga de trabajo no nos lo ponga fácil. Lo aseguro.

Deja una respuesta