Eslogan: porque yo lo valgo


              La publicidad es una constante en nuestras vidas. Y, por supuesto, en el cine, tanto fuera como dentro de las películas. Algunas, parafrasean algún conocido eslogan, como El amor perjudica seriamente la salud, en otras son los propios protagonistas quienes se dedican a la publicidad, como ocurría en Kramer contra Kramer o en la serie Embrujada, otras viven dentro de la propia ficción como El show de Truman y hay hasta las que te aconsejan Como triunfar en publicidad. Y es que los anuncios forman parte de la memoria colectiva.

              En nuestro teatro no es fácil encontrar publicidad, al menos en lo que a la Administración de Justicia se refiere. La abogacía, sin embargo, desde hace algún tiempo se ha incorporado al mundo de la publicidad, eso sí, con algunos resquemores.

              De la publicidad ya hablamos en su día en otro estreno, y también de los anuncios, pero de lo que se trata en este es de hacer un pequeño juego. ¿Cómo aplicaríamos los más conocidos eslóganes a nuestro teatro? Vamos a ello.

              Sin duda alguna, uno de los eslóganes comodín sería el “porque yo lo valgo” que da título a este estreno. Cualquier cosa que hagamos, sobre todo cuando no tenemos mucha fe en el resultado, puede venir reforzada por esta frase. Y, eso sí, si la coa no sale bien podemos acudir a la niña del anuncia cuyo papá lo arregla todo, todo y todo. Aunque también se lo podríamos pedir al primo de Zumosol, que no sé si será un magistrado del Supremo o algún fiscal de sala.

              En cualquiera de los casos, podríamos adoptar como lema aquella frase que popularizó un anuncio de detergente “una solución quiero”. Aunque mejor si hemos podido descansar, que si he dormido Flex todo sale mejor. Y si la cosa no sale bien, pues una sonrisa Profiden y andando, que no hay que tomarse las cosas demasiado a pecho, como el que decía A mi plim, yo duermo en Pikolín.

              Si necesitamos un extra de energía, podemos acudir a la chispa de la vida, o al famoso Red bull, que nos da alas. O tomarnos el café de los muy cafeteros o el Cola cao que nos traía el negrito del África tropical. E igual hasta se nos aparece George Clooney diciendo eso de What else?

              Pero ¿cómo afrontar un caso cuando se nos pone cuesta arriba? Pues con un Impossible es nothing, que ya se sabe que el algodón no engaña. Y, aunque a veces se nos olviden la cartera y los donuts como el niño de aquel anuncio, nos podemos encontrar con el extraño que regalaba flores porque tenía un impulso. No obstante, mejor que flores, diamantes, que un diamante es para siempre.

              ¿Y qué ocurre cuando no encontramos a un investigado o a un testigo? Pues podemos ponerlo en busca y captura, en averiguación de domicilio, o decir, como la chica de la cazadora de cuero, que busco a Jackes. La verdad es no sé si todavía lo ha encontrado.

              Lo que no pasaría ningún filtro hoy en día es aquello de que Soberano fuera cosa de hombres, y menos aún si iba seguido de un “Qué bien, hoy comemos con Isabel” Ahora comeremos con Isabel o con Pepe, y Soberano será cosa de todo el mundo si no quiere incurrir en un supuesto de publicidad sexista.

              El eslogan que no ha pasado de moda, aunque ya no salga en televisión, es aquel de “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo” Aunque ahora es mucho mejor acudir a ese “para todo lo demás, Master Card” que es como un comodín del público para cualquier cosa.

              Y no quiero acabar este pequeño juego sin referirme a una frase que todavía emplean algunas personas por lo popular que se hizo en su tiempo, y que consiste en que, para cualquier cosa que se pregunta su precio, acudir al “son 10.000” que usaba el taxista del anuncio. Y tampoco a lo que decía el niño del Petit Suisse, que le daban dos, y tanto vale para cuando recibimos una sentencia condenatoria como absolutoria, cuando nos dan la razón o cuando nos la quitan.

              Así que yo, una semana más, vuelvo a este teatro como El Almendro vuelve a casa por Navidad. Así que espero oír, alto y claro como el Whisper XL, el aplauso que hoy dedico a todas estas frases que han marcado nuestras vidas. Porque yo lo valgo

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