Prolongación: el tiempo que necesitamos


              Hay quien sostiene que las cosas duran los que tienen que durar, pero no siempre es así. Hay veces que se pasan y veces que no llegan, como ocurre también con el cine y el teatro. Hay películas que se hacen eternas, aunque no duren más de una hora, y otras que no se hacen largas en absoluto. Entre ellas, siempre recuerdo las grandes producciones clásicas como Lo que el tiempo se llevó o Ben Hur, pero también hay películas actuales que se encuentran en el mismo caso, como The Brutalist.

              En nuestro teatro, el tiempo es un factor importante. Tanto, que hay un dicho que reza que “la justicia lenta no es justicia”, y tiene toda la razón. Porque esos procesos que se demoran en el tiempo hasta la extenuación difícilmente suponen una reparación, aunque sean conforme a las pretensiones de la parte.

              En otro estreno hablábamos de la duración de los informes, haciendo referencia a la vertiente temporal consistente en el tiempo que empleamos para hacer un informe o un dictamen oral, y recalcando que hay de todo, como en botica. Hay quine se pasa y quine no llega, y también como siempre, en el punto medio está la virtud. Lo difícil es, claro está, encontrarlo.

              Pero de lo que iba a hablar hoy en nuestra función era del tiempo que transcurre desde que se inicia una causa hasta que se termina y también de la duración de las vistas en sí mismas.

              Si de juicios hablamos, encontramos de todo. Ya conté en el estreno dedicado a nuestros propios récords, que el juicio más corto que he celebrado duró exactamente 33 segundos, aunque hubo quine entonces me dijo que los había visto incluso más breves. Y es que nada es imposible.

              También citaba entonces algunos de los más largos de los que guardo memoria en mi tierra, como l de “las niñas de Alcácer” o el asunto del accidente del metro, que, entre archivos y reaperturas, se resolvió tras la friolera de 13 años tras los hechos. Saliéndome de mi universo patrio, puedo aludir a lo que tarda muchos casos el Tribunal Constitucional en resolver hasta el punto de que, como ocurrió con el aborto, cuando se iba a decidir sobre su constitucionalidad, ya había sido sustituida esa ley por otra. Y es que en casos como esos ni siquiera se puede aplicar el dicho de “más vale tarde que nunca”.

              La cuestión es que, lo queramos o no, nuestra justicia tiene fama de lenta. La lentitud de la justicia es el lugar común que todo el mundo le atribuye, sobre todo quienes viven fuera de Toguilandia. En ocasiones, esta afirmación no es del todo justa, porque en los juicios rápidos que se celebran en las guardias, por ejemplo, los asuntos se resuelven el mismo día o el siguiente en el que se producen o, como mucho, en una semana, cuando se trata de partidos judiciales más pequeños que celebran el denominado “octavo día”. Y, dicho sea de paso, a veces es incluso mejor, especialmente cuando se trata de delitos contra la seguridad vial por ingesta de bebidas alcohólicas, ya que algunos de nuestros angelitos llevan una melopea tal que en un día no es fácil que se les haya pasado. Aunque, bromas aparte, los juicios rápidos han sido un gran avance.

              Lo que ya no es de recibo es que cuando en estos juicios no hay conformidad, se acaben señalando a muchos meses vista, porque la ley prevé que deberían hacerlo en menos de un mes. Pero ya sabemos, los medios -o, mejor dicho, la falta de ellos- son los que son.

              Con mucha más frecuencia de lo que sería deseable, leemos quejas de profesionales que ven cómo sus asuntos se señalan a varios años vista por problemas de colapso de agenda. Y es algo tan penosamente habitual, que a día de hoy la atenuante de dilaciones indebidas es una de las que más se utilizan. Hasta el punto de que empezó considerándose una atenuante analógica y pasó a tener su formulación específica entre las atenuantes.

No obstante, no se puede generalizar. Hay órganos jurisdiccionales que no tiene n retraso alguno -juro que existen- y hasta pudo ciar un ejemplo de una sala a la que, en la última inspección, les dijeron, medio en broma medio en serio, que si corrían tanto el resto de compañeros le cogerían manía. Y es que hay que reconocer también que hay tan buenos profesionales que, con tener unos medios medianamente razonables, hacen maravillas. Verdad verdadera.

Y ahora, la que no se va a exceder de duración voy a ser yo, no vaya a ser que en ve de aplauso me caigan tomates. Y eso sí que no, que esas manchas no se van fácilmente de la toga.

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