Jóvenes 25 N: hay esperanza


              Hay veces en que la realidad te regala porciones importantes de esperanza. Como en el cine, la Esperanza está ahí, no es la Esperanza perdida que algunos creen. Siempre hay un Valle de la esperanza al que acudir. En el cine y en la vida

              En nuestro teatro hay ocasiones en que perdemos la esperanza. O casi. Pero a veces la vida nos regala momentos que nos la devuelve. Y eso sin salir de nuestros temas, aunque sí salgamos de nuestro terreno y nuestra zona de confort

              Me explico. Esta semana, en el marco de los actos celebrados por todo nuestro territorio para conmemorar el día contra la Violencia de Género, el 25 de noviembre, tuve una de esas experiencias. Me fui a un pueblo de Valencia, Montserrat, para encontrarme con el alumnado de tercer y cuarto de la ESO a propósito de la lectura de una de mis criaturas, Caratrista.

              Habían leído mi libro como una de las lecturas de este curso, y, aunque podrían haberlo hecho como una obligación más, el editor y yo nos quedamos boquiabiertos con la manera en que lo habían trabajado, tanto en el fondo como en la forma.

              Quizás quienes tienen hijos en edad escolar sepan perfectamente de que hablo cuando me refiero a una caja de lectura, pero yo lo desconocía por completo. Y la sorpresa no pudo ser mas agradable. En estas cajas que, además, tienen un aspecto muy atractivo, se analizan todos los aspectos del libro en cuestión, desde la autora hasta los personajes, desde el mensaje hasta los sentimientos. Una verdadera maravilla.

              No sé si alguien que no ha escrito libros puede imaginar lo que siente una autora cuando se encuentra ante adolescentes que saben casi más de mi criatura que yo misma, que le han dado tantas vueltas que no ha dejado un detalle por analizar. Pero puedo asegurar que es fantástico. Además del subidón de ego que supone oír mi propia biografía de unos labios tan jóvenes, comprobar que les ha llegado el mensaje que pretendía transmitir es emocionante. Y da sentido a mi obra por pedante que suene.

              Cuando yo ideé Caratrista, mi primera novela juvenil, tenía un propósito muy concreto. Además de entretener, que es un fin ineludible de cualquier cuento, lo que yo pretendía era llegar a personitas de una edad complicada, la infancia y la adolescencia. Quería que supieran lo que supone ser víctima de violencia de género -o de bullyng -, que se pusieran en la piel de la protagonista, que comprobaran que no es algo que pasa a otras personas, sino que le puede pasar a cualquiera. Quería que supieran qué hacer si se encontraban con una víctima, y como poderla ayudar.

              En definitiva, quería que supieran muchas cosas que hay adultos que aun no han asumido. Y, en este caso, pasaron el examen con nota, porque no solo habían hecho el trabajo, sino que todavía tuvieron ganas de preguntar sobre violencia de género, sobre libros, sobre justicia y sobre literatura, en un coloquio que resultó de los más apasionantes que he tenido. Verdad verdadera.

              Cuando veo esta juventud, me doy cuenta de que todavía hay esperanza, que no está todo perdido, que hay una generación con ganas de hacer cosa, sobre todo si tiene unas maestras y maestros que les guían en este terreno a veces tan resbaladizo.

              No son los únicos, por suerte. Esta misma semana también estuve en otro centro escolar donde pude compartir mi experiencia con el alumnado de Bachiller. Y también encontré mucho trabajo del profesorado y mucha semilla de esperanza por allí

              Cuando terminaron sus exposiciones sobre Caratrista, me regalaron las cajas, esas cajas de lectura que me dejaron asombrada, y las he fotografiado para compartirlas. Por supuesto, con su permiso. Pero no podía quedármelas para mí sola.

              Así es que este 25 N en vez de contar una historia de una víctima o explicar todas las cosas que hacemos y, sobre todo, que faltan por hacer, traigo un grito de esperanza. Y por supuesto, de agradecimiento. Así que el aplauso hoy es evidente. Va dedicado a todo ese profesorado que sabe que enseñar es más que dar los temas de las asignaturas de los programas y, sobre todo, al alumnado de ese instituto de Montserrat que confieso que me han conquistado.

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